Melena de león y otros hongos: por qué están ganando terreno en la salud de los chilenos
Ayudar a disminuir el estrés, el déficit atencional o la depresión: estos y otros beneficios se han atribuido al consumo de estos productos,y sus ventas han pasado de ser materia de tiendas naturistas a ofrecidos por farmacias “tradicionales”. ¿Cumplen lo que prometen? Aquí, la visión de distintos especialistas.

Carina di Nesta terminó de estudiar Enfermería en el verano de 2022, pero sentía que la práctica clínica tradicional dejaba poco espacio para sus verdaderos intereses. Buscando especializarse en hábitos saludables, el mundo de los hongos llegó a ella de forma casi casual.
Una entrevista de Giuliana Furci, líder de Fundación Fungi y pionera en el estudio de sus propiedades más allá del ámbito medicinal, le hizo encontrar un camino. “Fue una sensación inexplicable; sentí una emoción muy fuerte al darme cuenta de que este campo unía la salud con el mundo natural, dos áreas que siempre me han apasionado”, recuerda.
Al conocer las propiedades medicinales de los hongos adaptógenos –es decir, que ayudan a equilibrar distintas funciones del cuerpo humano– Di Nesta sintió que se “iluminó el panorama”. Así comenzó una investigación autodidacta que la llevó a leer papers, libros y referencias internacionales, hasta instalar @biobotica.cl, tienda web donde comercializa extractos en gotarios de una amplia variedad de especies: reishi, melena de león, shiitake, maitake, cordyceps, cola de pavo y también ashwagandha, que no es hongo, sino planta, pero también se ha vuelto muy popular entre quienes consumen este tipo de productos.
Muchos de sus clientes, comenta, llegan impulsados por la curiosidad. Los hongos adaptógenos ya hacen eco entre los chilenos, e incluso farmacias como Salcobrand y Cruz Verde han incorporado sus productos. La mayoría de quienes los consumen tiene síntomas claros: mala calidad de sueño, estrés crónico, baja energía y falta de concentración, y buscan una alternativa complementaria a los tratamientos convencionales.
Hasta ahora se conocen más de 144.000 especies de hongos en todo el mundo. Por eso, detrás de esta expansión comercial aparece una primera pregunta: ¿qué hacen exactamente y qué lugar ocupan dentro de la salud?

Fernando Torres, director de la Escuela de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB) describe a los hongos adaptógenos como aquellos empleados con fines terapéuticos o como suplementos alimentarios “que pueden coadyuvar en el tratamiento de ciertas condiciones o en la mejora del bienestar general”.
El doctor Fernando C. Ortiz, director de Investigación Científica y Tecnológica en la Universidad de Santiago, complementa que sus efectos permiten “adaptarse” o aumentar la resistencia del organismo a diferentes estresores. “Poseen sustancias que favorecen la adaptación fisiológica cuando el organismo se expone a estrés”, argumenta.
En Chile se comercializan bajo la categoría suplementos alimenticios. ¿La razón? El académico UNAB Fernando Torres explica que aún no existe suficiente “evidencia clínica robusta” que asegure que estos extractos puedan ser utilizados formalmente para tratar o curar una enfermedad en reemplazo de un medicamento tradicional.

La palabra “adaptógeno” no corresponde a ninguna categoría ni taxonómica ni clínica, sino que hace referencia a la acción que tendría el hongo al promover la “adaptación” del organismo frente a malestares. Sin embargo, su consumo “no está libre de efectos secundarios... Decir que son ‘medicinales’ es una manera vaga de indicar que se poseen algunos compuestos bioactivos, pero tampoco corresponde a una categoría clínica”, añade Fernando Ortiz. “La falta de ensayos clínicos masivos es lo que impide, por ahora, su clasificación directa como fármacos”.
El tipo de registro sanitario que obtiene cada hongo, explica Fernando Torres, depende de la especie, de la forma farmacéutica con la que se comercialicen (comprimidos, cápsulas, polvos), de las concentraciones por porción y de la información obligatoria que debe incorporar su rotulado tanto en el envase primario como secundario.
Avances prometedores
Con una variada oferta por internet y precios que parten desde los $15 mil por tratamiento, los resultados de las investigaciones actuales sobre los hongos disponibles son calificadas como “muy prometedoras”, según el académico de la USACH Fernando Ortiz. Eso sí, los hallazgos de efectividad entre los distintos hongos son desiguales entre las especies.
“La evidencia no es igual de sólida para todos los hongos adaptógenos. Los estudios en reishi y cordyceps son, por lejos, los más numerosos”, aclara, mientras que en el caso de la melena de león hay varias investigaciones relacionadas con el sistema nervioso.
Cada elemento de la naturaleza –ya sean plantas, minerales o, en este caso, los hongos– posee una composición química distinta. Así como una planta puede tener cientos de principios activos, un hongo cuenta con múltiples compuestos que pueden aislarse en laboratorios y llevarse a escala industrial en formato de extractos o polvos.
Cuando los especialistas en farmacognosia, la rama de la farmacia dedicada al estudio de productos naturales, identifican un principio activo, realizan ensayos in vitro en células y modelos animales para explorar posibles usos terapéuticos. En paralelo, la ciencia se nutre de la etnobotánica y la medicina herbolaria ancestral, rescatando el conocimiento acumulado por pueblos originarios y comunidades rurales.

Entre los casos más conocidos tenemos:
Reishi: Sus polisacáridos y triterpenos se han investigado por sus posibles efectos sobre el sistema inmunológico y mecanismos relacionados con el cáncer. Hay estudios tanto preclínicos como en seres humanos, pero los resultados no permiten considerarlo un tratamiento efectivo.
Melena de león: Sus compuestos, entre ellos las erinacinas y hericenonas, han despertado interés por sus posibles efectos sobre el sistema nervioso. Algunos ensayos clínicos pequeños han observado cambios ante determinadas medidas cognitivas, aunque estudios más recientes también han encontrado resultados nulos en algunas pruebas, por lo que todavía no es posible extrapolar estos hallazgos a un efecto general sobre la memoria o la prevención de enfermedades neurodegenerativas.
Cordyceps: Uno de los compuestos que concentra el interés científico es la cordicepina, estudiada por sus posibles efectos sobre distintos procesos celulares. El doctor Fernando Ortiz destaca que actualmente existen investigaciones que exploran su potencial en tratar el cáncer. Sin embargo, buena parte de esta evidencia continúa siendo preclínica.
El salto entre ambos escenarios es precisamente uno de los principales desafíos para la investigación.
Mientras tanto, el interés sigue incrementándose por estos productos. Según la experiencia de la enfermera Carina di Nesta con Biobotica, quienes llegan no necesariamente conocen el detalle de los estudios científicos, pero sí han oído hablar de determinados hongos y llegan buscando una respuesta para un problema concreto. Otros, agrega, llegan con enfermedades diagnosticadas y buscan incorporar los hongos como complemento de sus tratamientos.
“Hay que tener mucho cuidado con cómo se interpretan los resultados del consumo de hongos”, advierte el doctor Fernando Ortiz. Quien quiera utilizarlos, debe entender que un compuesto no tendrá los mismos efectos en todos los organismos, o incluso puede metabolizarse antes de producir el efecto observado. La calidad de la materia prima, el método de extracción, la concentración de los compuestos y la estabilidad del producto también pueden modificar su comportamiento.
Un mercado en crecimiento
Bonie Amaro, directora clínica de Clínica FC, explica que un mismo hongo puede encontrarse bajo categorías regulatorias diferentes dependiendo de cómo se formule y de lo que se diga sobre él.
Este punto es muy importante, ya que la legislación sanitaria chilena establece diferencias entre un producto que se ofrece como complemento alimentario y otro al que se atribuye la capacidad de tratar o prevenir una enfermedad.
Según Amaro, expresiones como “cura el insomnio”, “trata la depresión”, “mejora el déficit atenional” o “previene el Alzheimer” no corresponden a afirmaciones permitidas para un alimento o suplemento y no debieran incluirse en ninguna publicidad de estos productos.
Esta es una frontera que puede volverse difusa en internet, donde conviven productos de distinta naturaleza y donde el consumidor puede encontrarse con información comercial, divulgación científica y testimonios personales en un mismo espacio.
Antes de adquirir uno de estos productos, aconseja Bonie Amaro, es importante identificar quién lo comercializa, revisar su composición y conocer bajo qué categoría sanitaria se ofrece. Lo importante es entender que este tipo de alternativas no son para todos.
Fernando Torres, de la UNAB, plantea además que se debe especial precaución sobre su uso en niños y en personas con enfermedades crónicas. En estos casos, señala, es importante consultar con profesionales de la salud antes de incorporar estos productos y evitar adquirirlos a través de canales informales donde no sea posible conocer con claridad su composición o procedencia.
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