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Ferrari traslada su Atelier a Santiago y abre su proceso de personalización a clientes locales

Un encuentro privado permitió a clientes locales acercarse al universo Atelier de la marca italiana, donde cada decisión define el carácter final del vehículo.

MATIAS GALVEZ ATENAS

Sin vitrinas ni lanzamientos de por medio, el espacio de Ferrari en Santiago cambió de lógica por algunas horas: mesas con muestras de cuero, paneles de pintura de gran formato y piezas en fibra de carbono reemplazaron la exhibición tradicional de modelos, dando paso a una experiencia centrada en el proceso más que en el producto terminado.

La jornada avanzó como un recorrido por materiales, decisiones y detalles. Se convirtió en un espacio donde el auto, antes de existir, se define en capas sucesivas, entre muestras, conversaciones y elecciones que no siempre son evidentes a simple vista. Puertas adentro, lejos del ritmo habitual de un concesionario,

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La instancia, denominada Atelier Trunk Show, replicó el formato que la marca desarrolla en ciudades como Nueva York, acercando a un grupo reducido de clientes en Chile a una etapa poco visible de la industria: la configuración personalizada de un vehículo. No se trató de elegir entre versiones predefinidas, sino de construir desde cero una propuesta estética y material, guiada por especialistas de la firma.

Durante la jornada, cada participante avanzó en su propio proyecto, explorando combinaciones de colores exteriores, texturas interiores y terminaciones que habitualmente no están disponibles en configuradores convencionales. En paralelo, el equipo técnico explicó cómo estas decisiones dialogan con aspectos funcionales del auto, desde el uso de materiales hasta la integración de elementos específicos en la cabina.

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El ejercicio no fue inmediato. Requirió tiempo, prueba y ajuste. La elección de un tono para la carrocería podía extenderse en distintas variantes bajo diferentes condiciones de luz, mientras que la selección de tapicerías abría una discusión sobre durabilidad, tacto y coherencia visual. En ese cruce, el diseño dejaba de ser un catálogo para transformarse en una conversación.

Parte de esa lógica se reflejó en la exhibición de un Ferrari Purosangue desarrollado bajo el programa Tailor Made para un cliente chileno. Más que un modelo en sí, funcionó como referencia concreta del nivel de intervención posible, donde cada elemento, desde costuras hasta inserciones, responde a una decisión previa.

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La actividad también evidenció el interés de la marca por reforzar este tipo de experiencias fuera de Europa, en mercados donde la personalización comienza a tener un rol más relevante dentro del proceso de compra. En ese escenario, el concesionario local operó como un puente entre la manufactura italiana y las preferencias específicas de sus clientes.

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