Por Cristina Cifuentes“Escudo penal”: Muerte de marroquí durante una detención policial abre el debate sobre la ley de seguridad italiana
Abderrahim Fakir murió el 19 de julio pasado sin que haya esclarecido las razones de su deceso. La investigación sobre este caso será el primero que se lleve a cabo en virtud del nuevo procedimiento del artículo 45-bis de Italia, introducido por el Decreto de Seguridad, en el que los agentes de policía no se inscriben inmediatamente en el registro de sospechosos cuando se cometen presuntos delitos en el ejercicio de sus funciones.

La tensión política y social ha ido escalando en Italia producto de la muerte de un marroquí, el 19 de julio pasado, durante una operación policial en Bolonia, lo que desató protestas y abrió el debate sobre la ley de seguridad del país. La fiscalía investiga la conducta de los agentes de policía y del personal de emergencias de la Cruz Roja que se encontraba cerca el día del incidente.
Se trata de Abderrahim Fakir, un hombre de 42 años nacido en Marruecos, que falleció en el barrio obrero de Pilastro, el domingo 19 de julio. Según el recuento hecho por The New York Times, basado en un testigo y un video, el hombre tropezó al bajar unas escaleras, permaneció tendido en el suelo y pidió ayuda repetidamente.
Al llegar, los agentes hablaron con él y luego lo acompañaron por un callejón, donde, tras un aparente forcejeo con otro civil, fue esposado y lo inmovilizaron en el suelo, mientras los paramédicos observaban sin intervenir, indicó el diario Le Monde. En menos de una hora falleció por razones que aún no se han esclarecido.
El diario francés indicó que la policía fue alertada por un residente local que, por teléfono, describió a Fakir como un “extracomunitario”, un eufemismo italiano que se usa a menudo para referirse a personas no blancas. El marroquí, que se encontraba en un estado mental alterado en ese momento, dijo que temía por su vida y que estaba pateando las puertas de los garajes. Fue detenido, inmovilizado, rociado con gas lacrimógeno y empujado al suelo boca abajo, donde suplicó durante varios minutos antes de quedar en silencio. Un vecino filmó su agonía, y las imágenes inundaron las pantallas de todo el país durante las siguientes 24 horas.
Durante más de cuatro minutos, Fakir gritó, indicó el portal de Al Jazeera. Luego, guarda silencio. Le sujetan los tobillos con una brida de plástico negra. Solo cuando terminan de inmovilizarlo, los paramédicos se dan cuenta de que Fakir ha perdido el conocimiento.

No está claro qué ocurrió en las horas previas a su muerte. The Guardian indicó que la policía informó que respondió a las quejas de los vecinos sobre un hombre que se comportaba de forma errática y agresiva. Llamaron a los servicios de salud e informaron al personal que estaba sufriendo un episodio psiquiátrico. Otros videos grabados por los vecinos antes de la intervención policial mostraban a Fakir en un estado de extrema agitación y confusión. Posteriormente se supo que había sido derivado a tratamiento psiquiátrico en junio.
En medio de la conmoción, algunos italianos han presentado a Fakir, propietario de una empresa de logística y construcción, como víctima de un sistema que discrimina a los inmigrantes. Otros destacan sus condenas por narcotráfico de la década de 2000, así como sus violaciones de la libertad condicional.
La indignación por la muerte de Fakir trascendió y se realizaron protestas no solo en Bolonia, sino también en Roma, avivando un tenso debate nacional sobre la gestión policial y la inmigración por parte del gobierno de extrema derecha. Asimismo, puso bajo la lupa un amplio proyecto de ley de seguridad promulgado por la coalición gobernante de la primera ministra Giorgia Meloni.
El caso de Fakir es el primero en el que se ha invocado lo que se conoce como un nuevo “escudo legal”, el artículo 45-bis de Italia, introducido por el Decreto de Seguridad, que entró en vigor en febrero de 2026, que otorga a los funcionarios públicos mayor protección contra el enjuiciamiento si se puede demostrar que actuaron en legítima defensa o en el cumplimiento de su deber.
Así, indicó The Guardian, aunque la fiscalía de Bolonia está investigando a los dos agentes y a los cuatro trabajadores de la salud en relación con una investigación por homicidio involuntario, no serán registrados formalmente como sospechosos a menos que las autoridades determinen que el uso de la fuerza fue injustificado.

El equipo legal de los dos agentes, que se reincorporaron al trabajo el lunes, niega rotundamente que se haya utilizado fuerza excesiva, afirmando que cumplieron íntegramente con el protocolo oficial. Por su parte, los abogados del personal de salud declararon que actuaron en estricta conformidad con las directrices médicas de emergencia.
Los críticos de esta protección legal han condenado la medida por otorgar demasiado poder a la policía, lo que dificulta exigirle responsabilidades.
Fabio Anselmo, abogado de la familia Fakir, afirmó que esto podría poner en riesgo la investigación. “En este caso, se trata de una norma que podría generar impunidad”, declaró.
En un sentido más amplio, indicó The New York Times, “el debate se ha convertido en un enfrentamiento generalizado sobre el trato policial y el papel de los extranjeros en Italia, un país con altas tasas de inmigración que depende de la mano de obra migrante, pero cuyo gobierno ha tomado medidas para expulsar a solicitantes de asilo y trabajadores indocumentados”.
Italianos de facciones políticas opuestas han aprovechado la muerte de Fakir y los disturbios que le siguieron, para debatir sobre inmigración y racismo, brutalidad policial y violencia colectiva, sostuvo el diario.
Giorgia Meloni, líder del partido de extrema derecha Hermanos de Italia, condenó la violencia, calificando los enfrentamientos de “inaceptables”. Afirmó que la muerte de Fakir “debe esclarecerse por completo, sin prejuicios ni concesiones a nadie”, y añadió que “nada puede justificar la violencia contra los agentes del orden”.
Barrio obrero
En Pilastro, un barrio obrero con una población de aproximadamente 7.000 habitantes, de los cuales el 25% son inmigrantes, los familiares y amigos de Fakir también están preocupados de que la política interfiera con la justicia, sostuvo The Guardian.
Una pancarta atada a la barandilla en la esquina de Via Italo Svevo, la calle donde murió, dice: “Verdad y justicia para Fakir: el Estado mata”. Mensajes similares aparecen garabateados en los paraderos de buses.
The Guardian señaló que Fakir vivía en otra zona de Bolonia, pero volvía a menudo a Pilastro para ver a su hermano, Mohamed, y a amigos de su infancia, entre ellos su compatriota marroquí Mike El Canas.
“Era una buena persona, muy amable y llena de vida”, dijo El Canas al periódico británico. “Tenía muchos amigos en la comunidad marroquí, pero también entre los italianos”.
En una carta publicada por el diario italiano La Repubblica, Barbara Spinelli, una abogada que ayudaba a Fakir a renovar su permiso de residencia, escribió que él temía ser deportado debido al pacto migratorio de la unión Europea sobre los “centros de retorno”, a pesar de las garantías que ella le había dado, y que lamentaba tener que despedir a gente debido a la desaceleración de la actividad económica.
No es la primera vez que Pilastro acapara la atención, recordó The Guardian. En 2020, estuvo en el centro de la noticia durante la campaña electoral regional, cuando Matteo Salvini, líder de la Liga, partido de extrema derecha, y actual viceprimer ministro, tocó el timbre de la casa de una familia tunecina para preguntarles por el citófono si eran narcotraficantes. Salvini, quien en el pasado se ha hecho pasar por policía con uniforme, defendió a la policía tras la muerte de Fakir.

El barrio también ha sufrido las consecuencias de una medida del proyecto de ley de seguridad que reprime la disidencia pacífica, después de que 33 personas acumularan miles de euros en multas durante una protesta a principios de este año contra la construcción de un museo que ocuparía una parte importante del único parque de la zona. Una persona fue detenida durante un par de días por trepar a un árbol.
Sin embargo, muchos tienen demasiado miedo para hablar, aun más después de la muerte de Fakir. “La policía tiene el poder, un uniforme que los protege, y nosotros no somos nadie”, dijo El Canas. “Pero debemos alzar la voz, porque si no, ¿qué será de nosotros, los ciudadanos de a pie?”.
“Con Meloni esforzándose por conseguir un segundo mandato en las elecciones generales del próximo año, mientras se defiende de un nuevo rival de extrema derecha, Roberto Vannacci, se espera que el clima se vuelva aún más polarizado a medida que promueve sus principales propuestas políticas: seguridad e inmigración, esta última evidente en su respuesta al cruce masivo de migrantes desde Marruecos hacia el enclave español de Ceuta”, indicó The Guardian.
“La historia del Fakir ilustra cómo las palabras y este tipo de leyes se traducen en la práctica”, comentó a ese medio Cecilia Sottilotta, profesora asociada de ciencias políticas en la Universidad para Extranjeros de Perugia. “Pero estas medidas de seguridad llevan tiempo en los planes de la extrema derecha italiana, que siempre ha insistido en que la policía debe actuar con total impunidad. Ahora, la perspectiva general es crucial. La migración se ha instrumentalizado. Si bien esto no es nuevo, veremos más ejemplos de ello con las próximas elecciones”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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