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Por qué Trump ordenó que los portaaviones de la Armada vuelvan a usar catapultas de vapor

El presidente estadounidense lleva años declarando que la actual tecnología, un sistema electromagnético de lanzamiento de aviones, es pésima y merece ser cambiada por la anterior. La reinstalación de las catapultas a vapor costará miles de millones de dólares.

Un caza F/A-18E Super Hornet despega del portaaviones USS Gerald R. Ford en la ofensiva lanzada por Washington contra Irán. Foto: Europa Press

Al menos en los portaaviones estadounidenses, la tendencia será volver al vapor. Luego de casi una década quejándose sobre la tecnología electromagnética en los sistemas de lanzamiento de aviones, el.presidente Donald Trump mandó al Pentágono la orden de rediseñar estos buques, en miras a reponer catapultas de vapor y reemplazar los modernos.

Esta directiva, firmada en un memorando de seguridad nacional, ordena al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y al subsecretario de la Marina, Hung Cao, a poner en marcha un cambio que podría implicar millones y millones de dólares. La primera vez que Trump se refirió a esta intención fue en 2017, en una entrevista con la revista Time. Desde entonces, ha expresado su intención de sacar las plataformas electromagnéticas de los portaaviones en reiteradas ocasiones.

Marine dado indicaciones durante el despegue de un avión desde un portaaviones.

El memorando otorga a los líderes del Pentágono un plazo de 60 días para elaborar “un plan sobre las medidas necesarias para sustituir el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves y los Elevadores Avanzados de Armamento por sistemas de vapor e hidráulicos para la construcción del USS Doris Miller”. Este portaaviones de la clase Ford ya acumula un retraso de dos años en su ensamblaje.

El nuevo mandato podría costar miles de millones de dólares. Esto afecta a los buques más avanzados de la Armada, y a la larga significará que más marineros tengan que operar el sistema de lanzamiento de aviones, además de ser más difícil de mantener. Esto, precisamente en un momento en que la Marina encuentra dificultades para poner suficientes marineros en los buques.

El memorando de Trump establece que el cuarto portaaviones de la clase Ford, el USS Doris Miller, sea el primer buque en incorporar estos cambios, mientras de momento queda sin modificar el USS Gerald R. Ford, así como a los futuros USS John F. Kennedy y USS Enterprise.

Este regreso al vapor, que puede resultar contraintuitivo, implica una profunda reingeniería de las naves, ya que los portaaviones clase Ford están diseñados desde sus cimientos para funcionar con energía eléctrica. No cuentan, en un principio, con espacio para la compleja red de tuberías de alta presión que en los modelos anteriores transportaba el vapor desde los reactores nucleares a las catapultas.

El vapor, al menos en los modelos anteriores, también era utilizado en las cocinas, sistemas de calefacción y plantas desalinizadoras. Esto implicará que la restitución de estas tuberías requerirá reconstruir secciones enteras de los buques, además de hacer renacer industrias que hasta ahora estaban inactivas.

Cubierta dl portaaviones John F. Kennedy.

La primera vez que Trump habló sobre volver al vapor en los portaaviones fue en 2017, en una entrevista con Time. “Sabes, la catapulta es bastante importante”, señaló en esa oportunidad antes de relatar una conversación que, según afirmó, mantuvo con un oficial de la Marina.

“Así que pregunté: ¿Qué es esto?. ‘Señor, es nuestro sistema de catapulta digital’. Me sonó mal. Digital. Tienen algo digital. ¿Qué es lo digital? Además, es muy complicado; hay que ser Albert Einstein para entenderlo. Y consulté: ¿Qué sistema van a usar?. ‘Señor, nos quedaremos con el digital’. Y dije: ‘No, no lo harán. Van a usar el maldito sistema de vapor; el digital cuesta cientos de millones de dólares más y no sirve para nada’”, relató entonces Trump, en una secuencia que repetiría todos los años que vendrían en entrevistas periodísticas y mítines políticos.

Tras retornar a la Casa Blanca en 2025, Trump mencionó las catapultas de vapor durante la toma de posesión de Tulsi Gabbard como directora de Inteligencia Nacional, y volvió a hacerlo al dirigirse a la tripulación del USS George Washington, un portaaviones con base en Japón.

“Construimos un portaaviones por 19 mil millones de dólares, lo cual es una locura. El precio es una locura”, recordó Trump el mes pasado en el Army War College de Pennsylvania. “Tenía todo tipo de elementos modernos; en lugar de usar vapor para las catapultas, utilizaban sistemas eléctricos”, comentó.

“Así que, cuando visité el buque, dije: Quiero conocer al encargado de las catapultas. Se acercó un hombre acompañado por cuatro de sus ayudantes. Y pregunté: ¿Qué es mejor: la catapulta eléctrica o la de vapor? Él llevaba allí 25 años. Me dijo: ‘El vapor es mejor, señor. Podemos arreglarlo con un martillo y un soplete. Cuando falla el sistema eléctrico, tengo que llamar al MIT para que traigan a genios aquí’. Yo insistí: ‘¿El vapor es mejor?’. ‘Sí, señor, es mejor’”.

El conflicto entre vapor y sistema electromagnético viene de hace años, en un contexto en que la Armada ha defendido que la transición eléctrica reduce el estrés estructural de los aviones de combate durante el despegue, y agiliza las misiones de vuelo. En tanto, Trump sostiene que prefiere el mecanismo “ya probado” y fácil de reparar de la catapulta a vapor.

El portaaviones USS Nimitz en una imagen de archivo. Foto: Europa Press Europa Press/Contacto/Denis Thau

Según el Wall Street Journal, que fue el primero en informar sobre la directiva, altos mandos de la Marina de EE.UU. y líderes del sector industrial “se han resistido a la medida debido al enorme costo que supondría retirar un sistema tan complejo, el cual era parte integral del diseño” de los portaaviones más modernos.

General Atomics, la empresa que fabrica el sistema electromagnético de lanzamiento de aeronaves para los portaaviones de la clase Ford, declaró que la decisión de Trump de volver al sistema de vapor “merece una reconsideración detenida”. La compañía comunicó al periódico que los trabajos en el nuevo buque están completados en casi un 50% y que “cambiar de rumbo ahora conllevaría riesgos significativos en cuanto a costos, plazos e integración”.

El senador Mark Kelly, demócrata por Arizona y exastronauta, se mostró más tajante en su reacción a la noticia. “He despegado desde la proa de portaaviones cientos de veces, tengo un máster en ingeniería aeronáutica y soy piloto de pruebas; aun así, ni siquiera yo le sugeriría a la Marina cómo diseñar sistemas específicos para sus buques”, escribió Kelly en las redes sociales. “Donald Trump debería ceñirse a lo que mejor conoce: salones de baile, bancarrotas y palabrería barata”, comentó.

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