Atria al banquillo tras justificar que la izquierda recurra al TC pese a largo historial de críticas contra dicho tribunal
El académico, que sostiene que el organismo que resguarda la Constitución es una "tercera cámara", dice que hay que separar los planos. Ante la pregunta de si el órgano debería existir, dice que no, pero dado que sí existe, no ve problemas en invocarlo. "Todos los que creen que la democracia sería mejor si no existiera este tribunal, ¿no pueden usar esta herramienta?", se pregunta el abogado.
El triunfo que tuvo la oposición en el Tribunal Constitucional (TC) con la declaración de inconstitucionalidad de cuatro normas del proyecto Escuelas Protegidas, uno de los más emblemáticos del gobierno, abrió un debate sobre la coherencia de la izquierda al utilizar la vía del TC para impugnar proyectos de ley.
Uno de los rostros más vívidos de los dardos de la oposición al TC, al menos en la última década, es el del académico constitucionalista Fernando Atria (FA).
El reproche de Atria, haciendo una paráfrasis, apunta a que el TC más que ser un tribunal, es una extensión del Congreso, pero una extensión contramayoritaria y no democrática, que disfraza sus decisiones con argumentos jurídicos o supuestamente técnicos cuando en realidad resuelve según la posición política de sus integrantes. Es decir, si el pleno tiene mayoría de ministros afines a la derecha, resolverá a la derecha, y si la mayoría la tienen los ministros cercanos a la izquierda, fallará hacia la izquierda.
Todo eso, sin embargo, parece ser cosa del pasado. Desde el gobierno del expresidente Gabriel Boric el pleno del TC logró dar vuelta su correlación de fuerzas y ahora hay una supuesta mayoría más afín al progresismo.
Por eso la izquierda se ha visto en una nueva disyuntiva. Ahora que es minoría en el Congreso, con un gobierno de derecha al mando del Presidente José Antonio Kast, han tenido que empezar a reconciliarse con la idea de recurrir ante el TC.
El pragmatismo
Ese punto fue justamente el que salió a responder Atria. Su intervención se dio en la red social X, luego de una consulta que le hizo el exconcejal DC Pablo Jaeger.
Ante eso, vino la confesión de Atria. “Desde luego que cuando se trata de una cámara (1a., 2a. o 3a.), si tiene la composición que uno prefiere decidirá como a uno le parece correcto. Que cambie su ‘jurisprudencia’ porque cambió su composición no niega, sino ratifica que es una cámara. Con una correlación de fuerzas que a mí me parece adecuada, claro, lo que permite anticipar que su ‘jurisprudencia’ será en general más acertada que la anterior. Y dado que existe, si este es el caso, no veo por qué no usarla. Todo esto parece bastante obvio”, dijo el exconvencional.
Luego, Atria remató de la siguiente manera: “Claro que el TC es una ‘mala institución’, precisamente porque no es un tribunal, es una cámara cuyas decisiones dependen del tamaño de sus bancadas”.
Luego añadió lo que, según él, es el punto central del debate: ”Hay dos preguntas diferenciables, aunque parece que el nivel cognitivo de Twitter no alcanza para distinguirlas: una es si conviene tener tres cámaras; otra, qué debe hacer uno dado que ellas existen y tienen las competencias que fija la ley“.
Luego, en conversación con La Tercera, Atria profundizó en lo que, desde la derecha, han apuntado como una incoherencia.
Su crítica inicial no solo era por el comportamiento del TC como tercera cámara, criticaba que el TC era antidemocrático, que pasaba a llevar la voluntad democrática del Congreso. ¿Qué pasa ahora con ese argumento?
Ese es un argumento cuando la pregunta es ¿debe existir el TC? Entonces, si la pregunta es sobre la existencia del TC, la crítica era, esto es una tercera cámara no elegida, porque no decide jurídicamente, decide conforme a la composición de sus miembros. Yo creo que, hecha la constatación anterior, uno debería preguntarse seriamente si se justifica tener un TC en un sistema democrático. ¿Cuál es el sentido de tener una tercera cámara no elegida? Eso no ha sido suficiente y este tribunal existe y tiene ciertas competencias que fija la ley. O sea, esta cosa que se llama TC, que en realidad es una cámara, pero que se llama TC, tiene ciertas competencias, la ley se las fija, fija modos de requerir a ella. Y entonces, todos los que creen que la democracia sería mejor si no existiera este tribunal, ¿no pueden usar esta herramienta? No entiendo por qué. Me parece que es una confusión evidente de planos.
¿Entonces el fin justifica los medios?
Uno actúa políticamente dadas las instituciones que existen, no las instituciones que a uno le gustaría que existieran. Por cierto, si a mí me cambian la pregunta y me preguntan no ya qué debo hacer yo dadas las instituciones que existen, sino qué instituciones deberían existir, la respuesta evidentemente será distinta. A lo que tú te refieres, eso es una crítica que yo he hecho siempre y que mantengo respecto de la existencia de un TC. Yo creo que esta es una mezcla de planos completamente evidente para inventarse una incoherencia. El mundo no es como a mí me gustaría que fuera. Todos pueden observar una diferencia entre cómo creen que las cosas deberían ser y cómo son las cosas. Y cuando llega el momento en que yo debo actuar, yo tomo en cuenta el mundo como es.
Vuelvo al punto inicial, entonces es pragmatismo puro.
Es que la decisión sobre qué hacer siempre es pragmática. Uno ve la finalidad que busca y se pregunta, bueno, ¿cuál es la mejor manera de actuar dado lo que existe para lograr mi finalidad? ¿Por qué no considerar al TC como una posibilidad de acción cuando uno se pregunta qué podemos hacer? Esa es una pregunta pragmática por excelencia.
¿No ve ninguna incoherencia en su razonamiento?
Quienes dicen eso están pensando mal, están confundiendo dos planos cuya separación y diferenciación es evidente para cualquiera que se detenga a pensarlo antes que buscar un argumento fácil tipo Twitter.
Hace poco hubo un episodio en que el TC no se comportó como una tercera cámara en función de sus mayorías, hablo del 8-2 que destituyó a Allende.
Sobre eso diría que la presión que el TC sintió para el caso de Allende es una presión que nunca antes se dejó sentir, a pesar de que antes el TC había alcanzado niveles de tercera cámara o politización a la derecha extraordinarios durante la época en que era presidido por el ministro Aróstica. Ese TC nunca sintió esa presión de demostrar que no era una tercera cámara. Fue una cuestión insólita.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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