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Cuidados sanitarios no remunerados: el 87,8% de quienes atienden a mayores dependientes son mujeres

Un estudio de ClapesUC afirma que, en Chile, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados representa el 19,2% del PIB ampliado. Y aunque existe la ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, los investigadores advierten que el desafío está en financiar y expandir este derecho.

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El envejecimiento tiene varias repercusiones. Una de las más visibles es la creciente necesidad de asistencia de las personas mayores, como el asistirlas con sus necesidades básicas: moverse, comer e incluso cambiar pañales. Y detrás de esa realidad hay un trabajo oculto, el de las personas cercanas, principalmente familiares, que se dedican a estas tareas, al cuidado de salud no remunerado.

En el estudio El cuidado de salud no remunerado. Definición, dimensión global, costos y quiénes los asumen, los investigadores de ClapesUC Jaime Mañalich y Pedro Marín analizaron esta labor invisibilizada, evidenciando entre los hallazgos las desigualdades entre quienes la ejercen y el costo real que esto puede significar.

De acuerdo con la investigación, el cuidado de salud no remunerado tiene como característica definitoria que ocurre fuera del mercado. No genera contrato, no aparece en el PIB convencional, no cotiza para pensión y no figura en ningún registro del sistema sanitario.

En ese contexto, los profesionales a cargo cifraron que el cuidado no remunerado en el país equivale al 19,2% del PIB Ampliado, estimando que entre el 35% y el 40% de este aporte corresponde directamente al cuidado de salud.

En palabras simples, si se calculara cuánto vale el trabajo doméstico y de cuidados que miles de personas realizan sin recibir un sueldo, este representaría casi el 20% de toda la actividad económica de Chile. Y de ese total, entre el 35% y el 40% correspondería específicamente al cuidado de personas enfermas o dependientes.

Mañalich, quien además fue ministro de Salud, afirma que “ahora hay una ley de cuidados que implica una remuneración muy baja, $ 35.000 al mes, lo que evidentemente no salva la situación y que podría ampliarse en el futuro, pero por primera vez reconoce que ahí hay una responsabilidad, que hay un esfuerzo social y un trabajo que debería ser reconocido”.

En el estudio también se evidencia una diferencia importante entre quienes ejercen estos cuidados. De acuerdo con el informe, en todos los países medidos, las mujeres realizan entre el 60% y el 80% del trabajo de cuidado informal. En Chile, esta cifra asciende al 87,8% para el caso de cuidadores principales de adultos mayores dependientes.

De acuerdo con el investigador principal de Clapes, esta distribución no es accidental. “Las que cuidan son las mujeres, por razones culturales o porque tienen un castigo de sueldo. Cuando se trata de cuidar al papá enfermo, los hermanos le dicen: ’quédate tú, porque tú ganas menos, nosotros ganamos más, entonces mejor que tú te sacrifiques’, y así eso sigue. O por amor a los papás, lo que tú quieras. Pero, en definitiva, hay una discriminación de género que es muy dolorosa, que también limita”, explica Mañalich.

Además, el estudio advierte que este trabajo causa repercusiones en quienes lo realizan. Hasta ahora, así lo indican las mediciones en los funcionarios de salud: en Chile, el 69,8% de los cuidadores principales de adultos mayores con dependencia severa en atención primaria presenta sobrecarga, según la Escala de Zarit (test psicométrico diseñado para evaluar el impacto en los trabajadores).

Las mediciones muestran que el 16,1% de las cuidadoras sufre estrés clínicamente significativo y el 7,4% declara algún grado de depresión. La paradoja es perturbadora: el sistema de salud chileno descansa sobre un trabajo no remunerado que en sus dos tercios genera, a su vez, patologías en quienes lo realizan.

Hoja de ruta

De acuerdo con los autores del análisis, el avance más significativo es la aprobación en enero de 2026 de la ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados (SNAC), que reconoce por primera vez el derecho al cuidado como derecho social exigible.

Con todo, aún hay medidas que se pueden tomar. En ese sentido, el exministro y principal investigador de ClapesUC afirma que hay tres otros caminos en los que hay que avanzar.

“Hay que hablar de que esto requiere una remuneración, que es la ley de cuidados. Independientemente de que en este momento la situación financiera de Chile sea tan compleja, hay que poner en un horizonte que lo que está en el marco de la ley de cuidados implica una remuneración, un gasto creciente. En segundo lugar, hay que capacitar a los cuidadores, porque asumen sin conocimiento, como por ejemplo, cómo curar una herida o cuál es la dieta adecuada para la persona que tiene tal o cual enfermedad”, sostuvo.

Finalmente, afirma que otra medida es la institucionalización. Y afirma que en muchos países ya existe lo que se llama hospitales diurnos, en que la persona cuidadora lleva al familiar a un lugar, a un recinto dependiente del Estado o concesionado, donde lo cuidan todo el día.

“Y con eso el cuidador puede incorporarse al mundo del trabajo y su carga personal, física y psicológica disminuye dramáticamente. Y esa es una institucionalidad que necesitamos en Chile”, concluye el exministro.

Alicia Valdés Rojas, académica de Terapia Ocupacional de U. Central, advierte que “cuidar a una persona dependiente es un trabajo de tiempo completo, sin pausas ni vacaciones, que suele extenderse por más de cinco años. Según la Endide 2022, las cuidadoras dedican en promedio nueve horas diarias, más del 70% no ha descansado en un año o más, la mayoría es la única responsable y muy pocas han recibido capacitación. La exigencia aumenta en enfermedades degenerativas como el alzhéimer o el párkinson”.

En ese sentido, insiste que “la Ley Chile Cuida crea un sistema para coordinar la oferta de apoyos y cuidados, pero el cuidado no dejará de recaer en las familias, si salud y desarrollo social siguen funcionando por carriles separados. La articulación debería darse en varios ámbitos”.

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