Agenda de seguridad
El Presidente Kast llegó al gobierno con dos promesas fundamentales: recuperar la economía y devolver la seguridad gravemente dañada por la llegada del crimen organizado y el incremento del narcotráfico.
El anuncio de una agenda de proyectos de ley y, especialmente, el traslado de reos de alta peligrosidad a la nueva cárcel ubicada en Talca marcaron el inicio de su ofensiva en esta materia. La llamada operación “cancerbero” se transmitió en directo por redes sociales, fue cubierta por la televisión y en ella participó el propio gobernante, así como varios de sus ministros. La oposición la acusó de ser un show mediático.
Por su parte, la reforma constitucional anunciada ha sido criticada por innecesaria y las medidas que buscan endurecer el trato a los delincuentes condenados por delitos de alta peligrosidad fueron cuestionadas incluso en el propio gobierno. Es que enfrentar la criminalidad es muy complejo y, además, es muy diferente en ambos sectores políticos, pues las sensibilidades son otras y, en cierto modo, son bastante comprensibles.
La derecha, promotora de la libertad y la responsabilidad individual, se enfoca fundamentalmente en el quebrantamiento del orden social ejecutado por el individuo, al que debe seguir el castigo proporcional al daño causado. La izquierda, convencida que la justicia solo viene de la capacidad de la sociedad para imponer determinadas relaciones entre las personas, enfoca la culpa primaria en una falla de la sociedad con el delincuente al que, en cierto modo, considera también una víctima.
Quién tiene razón, es una pregunta abierta que no resolverá este sencillo columnista; pero hay otra, cuya respuesta es simple: ¿con qué posición se siente más interpretada la mayoría de las personas? Con la retributiva, la que encarna Bukele y que, de otra manera, impulsó Giuliani como alcalde de Nueva York.
La izquierda califica esto como “populismo penal”, aunque curiosamente una política en que la mayoría tiende a estar con ellos, como subir impuestos por ejemplo, no la considera populismo económico. No se puede reprochar al Presidente Kast que haga lo que está haciendo, porque es el tipo de políticas y acciones en las que cree, porque es lo que comprometió como candidato y, especialmente, porque es lo que la gran mayoría de la gente espera que haga.
Bien sabemos que la inseguridad tiene una dimensión real, pues los delitos y su peligrosidad han aumentado considerablemente, pero también tiene una dimensión subjetiva, porque es una percepción y no basta combatir el crimen únicamente, también hay que combatir esa percepción. Las personas necesitan ver que las autoridades están haciendo lo que ellas esperan y consideran indispensable.
La operación “cancerbero” es una medida concreta y también es una señal. La oposición no debiera quejarse de esto, pues bien que sabe gobernar mediante señales cuando tiene la oportunidad. Esto es lo que los chilenos votaron y lo que Kast ofreció. Se aplica aquí el viejo refrán: “el que avisa no engaña”.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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