Opinión

Ajuste de libreto

“No era lo que tenía pensado para esta etapa”. Con esas sinceras palabras, el presidente Kast explicitó lo evidente: la temprana salida de las exministras Steinert y Sedini desde luego no formaba parte de su plan original. Se trata, como es evidente, de un intento por revertir un mal rendimiento en ambas carteras. La apuesta es arriesgada: por un lado, supone reconocer las insuficiencias del guion inicial; por otro, ofrece la posibilidad de transmitir sentido de urgencia y capacidad de adaptación a los nuevos escenarios (al gobierno anterior le pesó dilatar esta clase de decisiones). Que predomine lo segundo dependerá en gran medida del desempeño de los ministros Alvarado y Arrau.

En el caso del ministro Alvarado, su doble rol de jefe de gabinete y vocero de gobierno refuerza el protagonismo que el oriundo de Chiloé está llamado a detentar en esta administración. Con una destacada trayectoria política —es el primero en haber encabezado Interior, Segpres y Segegob—, Alvarado Andrade simboliza como pocos los distintos mundos que convoca el actual oficialismo. Exdiputado y militante de la Udi, otrora integrante de los gobiernos piñeristas y hombre de confianza del presidente Kast, el ahora biministro enfrenta el desafío de fortalecer e integrar el funcionamiento político y comunicacional del equipo ministerial. El paso de las semanas permitirá aquilatar hasta qué punto la continuidad del jefe del segundo piso —el gran sobreviviente del ajuste— no dificulta esa misión.

En cuanto al ministro Arrau, su llegada a Seguridad de algún modo pone las cosas en su lugar. Después de todo, fue una apuesta muy arriesgada que la cartera que encarna la principal promesa de campaña de Kast no estuviera a cargo de un dirigente de su plena confianza, con experiencia previa en el Ejecutivo y oficio político indubitado. Visto desde ese prisma, Arrau cuenta con las credenciales de las que carecía la exministra Steinert, además de una reconocida capacidad de gestión. Esos atributos serán puestos a prueba en una carrera contra reloj para recuperar el tiempo perdido, comunicar con prestancia logros como el ingreso a Temucuicui y empaparse de un ámbito nuevo para el exministro del MOP (aunque desde esa repartición ya se vinculó con temas de fronteras y cárceles, lo que puede ser un activo).

En paralelo, el cambio de gabinete deja otras interrogantes, como el renovado papel que deberán jugar los subsecretarios de los ministerios que ayer sufrieron modificaciones (comenzando por la vocería, donde Alvarado necesitará el despliegue de Pavez o Lagos); la compleja tarea que tiene por delante el biministro Louis de Grange (no es clara la conveniencia de agrupar las responsabilidades de Transportes y Obras Públicas); y la eventual fusión de los ministerios políticos (tal vez este sea el primer paso para llevar la vocería de gobierno formalmente a Interior). Pero es probable que todo ello también esté supeditado a la manera en que Alvarado y Arrau ejerzan sus nuevas responsabilidades. En ellos reside el nervio del cambio de gabinete más prematuro desde la restauración democrática.

Por Claudio Alvarado Rojas, director ejecutivo del IES.

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