Chile y la secretaría general de la ONU
En 2025 se cumplieron 80 años de la fundación de la ONU. En estos años, ella tuvo como secretarios generales a cuatro europeos, dos africanos, dos asiáticos y un latinoamericano. Para América Latina, que tuvo a un 40 por ciento de los miembros fundadores de la ONU, ello indica una obvia subrepresentación. A su vez, nunca ha habido una mujer electa a ese cargo. Y aunque no está escrito en piedra, hay un cierto grado de consenso que, en 2026 le correspondería a una latinoamericana asumir esa posición.
Y ocurre que Chile cuenta con una candidata cuya trayectoria pareciera haber sido hecha a la medida de esta. Dos veces jefa de estado, con experiencia de gestión ministerial tanto en sectores “blandos” (Salud) como “duros” (Defensa) y cargos de liderazgo en unidades de la ONU tanto en Nueva York (en ONU Mujeres) como en Ginebra (como Alta Comisionada de Derechos Humanos). Su dominio de cuatro idiomas y reconocimiento internacional (dos encuestas de Pass Blue, una publicación independiente que cubre la ONU, la ponen a la cabeza de las preferencias entre los especialistas). Se trata, desde luego, de Michelle Bachelet.
Su candidatura a la secretaria general de la ONU fue presentada por el gobierno actual, pero la posta debería ser tomada por el gobierno entrante del presidente-electo José Antonio Kast. Este ha dejado la decisión para marzo. En su sector han surgido numerosas voces oponiéndose a la candidatura.
Así, aunque en lo internacional se alinean los astros para que Chile ocupe un cargo fundamental en la gobernanza global, a nivel local pareciera imperar la mezquindad.
Por ponerlo en simple, en diplomacia la elección de SG de la ONU es el equivalente a la final del Mundial de Futbol, en este caso, entre una chilena y un argentino, los dos candidatos principales al cargo. Y en esta final, diferentes sectores en Chile están hinchando por Argentina. ¿Es lógico esto? Pueden pasar otros ochenta años hasta que Chile vuelva a tener una oportunidad seria de liderar la ONU. ¿Vamos a dejarla pasar por nuestro proverbial “chaqueteo”? ¿Vamos a anteponer la ideología al interés nacional? ¿Va el gobierno de Kast sacrificar una candidatura chilena por halagar a Milei?
El otro argumento usado en contra de la candidatura de Bachelet es el de un eventual veto de Estados Unidos. Eso es ponerse el parche antes de la herida. Falta un año para estas elecciones, y no hay nada decidido aún. La gran carta del candidato de Argentina, Rafael Grossi, no es su CV, sino que la cercanía del presidente argentino, Javier Milei, con Donald Trump. El presidente Trump ya ha manifestado su simpatía con el triunfo de José Antonio Kast en Chile, y no hay razón alguna por la cual Kast no podría ganarse la confianza de Trump y evitar un veto a la candidatura de Chile.
Lejos de un incordio, la candidatura de Michelle Bachelet es una gran oportunidad para el gobierno entrante. De jugar bien sus cartas, se podría anotar un gran poroto, tanto al interior, demostrando altura de miras, como en lo diplomático, instalando a una compatriota en un cargo internacional clave.
Por Jorge Heine, investigador no residente en el Quincy Institute.
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