El largo camino de la autodeterminación indígena
Por Venancio Coñuepan, abogado
Hace un año fui invitado a participar del International Visitors Leadership Program (IVLP) del Departamento de Estado de los Estados Unidos, lo que me permitió conocer diferentes ciudades, instituciones e historias de dicho país. Una de estas fue la hermosa, innovadora y multicultural ciudad de Seattle, WA. Lugar que no es tan solo la cuna del Grunge (Nirvana, Pearl Jam o Alice in Chains) y la sede de importantes compañías como Starbucks o Amazon, sino que también es una ciudad en donde el consumo de cannabis es legal y el mundo sigue igual.
La ciudad debe su nombre al Jefe Seattle (Chief Noah Sealth), quien fuese líder de las tribus Suquamish y Duwamish. Polémica es su reputación, ya que a mediados del siglo XIX se vio en la encrucijada de continuar la guerra contra los blancos o negociar con ellos. Cuenta la historia, que el Presidente Franklin Pierce, en 1854 le envió una carta ofreciéndole comprar los territorios del noroeste y a cambio prometía crear una reserva para ellos. El jefe Seattle respondió con elocuencia en 1855:
“¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Cómo podrán ustedes comprarlos? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. (…) Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia”.
“Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos esta pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. Él se convertirá en nuestro padre, y nosotros en sus hijos. Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros”.
Finalmente, en vista de la diferencia en las fuerzas el Jefe Seattle no tuvo más opciones que negociar y en 1855 firmó el Tratado de Point Elliot. Murió años más tarde en 1866, mismo año que en Chile se dictó la primera ley de radicación que propicio la expoliación territorial y la colonización forzada del pueblo mapuche que hasta el día de hoy nos aqueja.
Estando en Seattle, puede conocer una de estas reservas, se trata de la Tribu Port Gamble S´Klallam, una nación soberana reconocida a nivel federal que ejerce un control gubernamental total sobre sus tierras y recursos. En 1855, firmaron el Tratado de Point no Point. En 1938 fue declarada reserva para el uso y beneficio exclusivo de su tribu y desde 1992 se convirtió en una de las primeras tribus con autogobierno, asumiendo el control de la oficina de Asuntos Indígenas y los programas de salud en su territorio. Actualmente, la reserva tiene aproximadas 527 hectáreas de tierras fiduciarias y en ella viven cerca de 1200 personas, son tierras colectivas, en donde el condado de Kitsap no tiene jurisdicción.
Pero largo es el camino de la autodeterminación indígena y hay que financiarla. La Tribu S´Klallam encontró su camino en la Corporación de Desarrollo Noo-Kayet, una organización que brinda orientación estratégica, administrativa, comercial y financiamiento para los negocios que controlan. Es una suerte de Conadi controlada por y para una comunidad indígena. A través de la Corporación Noo-Kayet controlan cuatro empresas indígenas: The Point Casino & Hotel, uno de los famosos casinos indígenas; el Gliding Eagle Market, una tienda en donde pueden abastecerse de todo lo necesario; High Point Cannabis, una tienda de cannabis premium y el Kountry Korner, comprado por la tribu en el 2017 y en el cual se abastecen de combustible. Pero no todo lo que brilla es oro, también nos contaron de los problemas de depresión, la pérdida del idioma, la cultura y los efectos del cambio climático es por esto, que una parte considerable de las ganancias de sus empresas las reinvierten en las futuras generaciones a través de la Fundación Port Gamble S´Klallam, promoviendo su arte, cultura, historia, educación y el desarrollo sostenible.
A la luz del nuevo proceso constituyente en Chile: ¿Qué nos puede enseñar Estados Unidos, Seattle y la Tribu S´Klallam?
Primero, que la paz no se logrará por la labia o las promesas de un ministro o un Presidente. En Chile tal como en Norteamérica se firmaron cientos de parlamentos entre mapuche y españoles y luego con los chilenos. La paz se logrará cuando seamos capaces de reconocer nuestra historia larga y enmendar el camino, renegociando nuestra autodeterminación. Si el país más capitalista del mundo logró hace más de 80 años reconocer la autodeterminación de los pueblos indígenas, el Estado chileno no tiene más excusas para seguir negando nuestros derechos.
Segundo, no tendremos autodeterminación si no tenemos autonomía económica, los pueblos indígenas tenemos que recuperar nuestra libertad financiera, tenemos que poder satisfacer nuestras necesidades, tener nuestras propias empresas y organizaciones, no podemos seguir dependiendo del Estado ni de terceros inescrupulosos. La autodeterminación plena es la mejor forma de proteger nuestros derechos, tierras, territorios y recursos naturales.
Y tercero, no lograremos nada con mera libertad económica, debemos cuidar lo más preciado que tenemos, que es nuestra forma de vida, nuestra relación espiritual con los mares, cerros, bosques, animales, con todo lo que nos rodea. Proteger esa relación especial es algo que le debemos no tan solo a nuestros pueblos y al planeta, sino que también a nuestras futuras generaciones.
Lo último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE