El peso de consignas y relatos
Las consignas a veces dicen más que los discursos. En su tiempo fueron “no al lucro”, No + AFP”, “no al neoliberalismo”. Marcaron el tono descalificatorio y refundacional de una izquierda intransigente alineada tras sus sectores más radicalizados. La vida los obligó a moderar discursos, pero dejando dudas de si esa radicalidad seguía latente o de verdad se moderaba.
Y al menos hasta ahora, la izquierda no se ha bifurcado entre moderados y extremos. Su reacción ante el gobierno está recogida en sus consignas y en los espacios políticos que deja a otros. Todos dicen estar dispuestos al diálogo, pero sus consignas son propias de quien opta en realidad por no llegar a acuerdo alguno. Machacan: “gobierno de extrema derecha”, “solo favorece al 1% más rico”. Así es difícil llegar a acuerdos. Sería transar con la “extrema derecha” para favorecer a “los ricos”.
Pero descalificar tiene costos. Como es evidente exageración acusarla de “extrema”, lo extremo viene más de quienes usan la consigna que del gobierno; y como también es evidente que figuras de un amplio espectro político consideran razonables o bien orientadas las medidas, decir que “solo favorecen al 1% más rico” suena poco creíble. En cambio, el mundo de Parisi, acudiendo a concordar, pero desde fuera del gobierno, o aquel de Kaiser, comienzan a mostrar esa voluntad de acuerdo que reclama la sociedad chilena y a la cual hasta ahora se cierra la izquierda. Se abre paso así una duda ineludible: ¿si este gobierno fracasara, volvemos a esa izquierda polarizante de la consigna descalificatoria o preferimos a Parisi o a Kaiser?
Para nutrir más dudas, esa izquierda carga con consignas gastadas y fracasos de largos años. La asociación entre reforma tributaria y “los ricos” fue usada en tiempos de Michelle Bachelet. Su ministro Arenas aludió a “los ricos”, igual como hacen ahora, prometiendo que solo ellos pagarían y que a fines de ese gobierno el PIB estaría creciendo un 4%. La realidad lo desmintió. Los pobres sufrieron la reforma que provocó inflación y desempleo en 2014 y 2015; el rechazo social llegó a las encuestas. El crecimiento anual del PIB en el período fue del 1,8%, el peor desde el retorno de la democracia. Y a eso se agrega otro aprendizaje. De la mayor recaudación del Estado en estas tres décadas, un 80% proviene del crecimiento y solo un 20% de cambios tributarios. Un salto de 10 puntos en el impuesto a las empresas de seis reformas tributarias, aumentaron apenas un 1% la recaudación fiscal. “Los ricos” se fueron de Chile con sus inversiones; cayó el empleo, el crecimiento y por ende la recaudación fiscal, gracias a esos tributaristas “antirricos”. Las medidas actuales del gobierno apuntan a recuperar voluntad inversora en Chile. Sin embargo, ojo, si en algo ha fallado en sus inicios, es como político: tener un relato de sus planes convincente para la sociedad.
Por Óscar Guillermo Garretón, economista
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