Opinión

Liderando la IA: convicción y acción con impacto

Foto: referencial.

Los datos son contundentes: la IA ya no es una apuesta tecnológica, sino una disrupción y prioridad estratégica. La pregunta es cómo liderarla con convicción.

Durante los últimos años, la IA ha irrumpido en las agendas corporativas, aunque sin mucho impacto; el 80% de las grandes empresas la usa, pero menos de un 4% tiene impacto. En muchas organizaciones la conversación es improductiva y atrapada en pilotos, capacitaciones, herramientas y privacidad de la data. ¡Es necesario levantar la mirada!

Un estudio publicado por CENIA y Sofofa sobre GenIA y el futuro para el trabajo en Chile advierte que el país ya debería estar discutiendo otros temas en un contexto de estancamiento de la productividad y el crecimiento. El valor potencial de tareas que podrían acelerarse mediante IA equivale al 12% del PIB nacional.

Otro hallazgo es que la IA no reemplaza empleos completos sino tareas específicas dentro de cada uno. En promedio, cerca del 48% de las tareas de un trabajo presenta potencial de aceleración, es decir podría ser reemplazado por agentes de IA y/o por robots, lo que levanta la pregunta de qué perfiles y cómo capacitar a quienes retienen la parte humana del trabajo. Por otro lado, y considerando que las ocupaciones con mayor potencial de aceleración son desarrolladores de software, analistas de sistemas, abogados, contadores o docentes, es decir profesionales de clase media que son el motor de la economía.

Esto cambia radicalmente la naturaleza del debate en múltiples ámbitos, no solo en el sector privado sino también en el poder ejecutivo y legislativo por su impacto en políticas públicas. Los desafíos estructurales del Chile de hoy en crecimiento, empleo y educación se hacen más urgentes y probablemente aumenten en un futuro muy próximo por la veloz disrupción tecnológica. Esto debería motivar a líderes políticos a acelerar el diseño de políticas y marcos regulatorios adecuados al siglo XXI, tal como lo destacaba el economista Vittorio Corbo en una columna sobre IA y futuro del empleo “el desafío para Chile no es intentar detener la IA sino preparar a sus trabajadores y empresas para aprovecharla”. Cambio necesario pero improbable en plazos de IA y del tamaño de la transformación necesaria dada la escasa trayectoria de cambios concretos y oportunos del mundo político, su cultura de enfrentamiento y su pérdida de legitimidad frente a la ciudadanía.

En este contexto, la empresa y sus gobiernos corporativos, controladores, directores y gerentes, junto al ecosistema empresarial quedan con una responsabilidad mayor e ineludible, no solo por la supervivencia individual sino por el bien del país. La agenda de IA no es delegable y no puede seguir siendo administrada desde áreas de tecnología o innovación. Este desafío requiere liderazgo, claridad de propósito y mayor velocidad e impacto desde el más alto nivel, asegurando que ocurra en un marco ético con principios y accountability claros.

De hecho, una conclusión de la “Guía para la Adopción Efectiva y Responsable de la IA en el Trabajo”, elaborada por el Consejo BUK de IA en el trabajo, del cual soy parte, es que la principal barrera hoy para capturar valor no es tecnológica, sino que es de liderazgo y organizacional; es necesario un cambio cultural.

La creación de valor no dependerá de quién compre primero una licencia o use el modelo más avanzado. Según McKinsey “el liderazgo siempre ha sido crítico, pero la IA lo está haciendo más importante que nunca”. Eso implica que aquellos en posición de liderazgo se deben hacer cargo y contribuir a liderar el cambio haciendo las inversiones críticas para el salto estratégico cuidando de preservar y potenciar los aspectos irremplazables de la persona humana.

Por eso, la pregunta clave como líder no es cuánto invertiremos en IA ni cuántos pilotos haremos, sino ¿cómo soy protagonista y lidero el cambio de manera oportuna y con impacto en esta disrupción en curso?

*El autor de la columna es socio en Monitor Deloitte

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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