Opinión

Flexibilidad para estar presentes

Durante la pandemia, el teletrabajo se convirtió en una experiencia cotidiana para miles de trabajadores. Con el paso del tiempo, sin embargo, el teletrabajo ha ido perdiendo terreno y la presencialidad volvió a ser parte importante de nuestra vida laboral.

Esto no debiera llevarnos a concluir que la flexibilidad laboral fue una moda. Más bien, debiera llevarnos a una pregunta distinta: ¿cómo hacemos más flexible la presencialidad?

Una reciente encuesta del Núcleo Milenio Labofam de las Universidades de Chile y de Valparaíso entrega una señal interesante, el teletrabajo representa solo un 8% de las modalidades de trabajo flexible más utilizadas por personas con hijos menores de 14 años, siendo superada por las otras alternativas.

Aquello muestra que la flexibilidad que necesitan las familias no necesariamente significa trabajar desde la casa.

Para una madre o un padre, muchas veces la dificultad no está en la presencialidad, sino en su rigidez. Es la preocupación constante de llegar tarde al trabajo porque no puede dejarlo más temprano en el jardín, de salir corriendo para alcanzar a buscarlo a la sala cuna o al colegio, o de no poder estar presente cuando está enfermo.

Una sociedad no puede pretender que niños de dos, cuatro u ocho años sean absolutamente independientes de sus padres entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde. La crianza requiere presencia, y esa realidad no desaparece porque los adultos tengamos una jornada laboral.

También están esos momentos que parecen pequeños, pero que importan: el acto de Fiestas Patrias, una presentación de fin de año, una actividad escolar o una consulta al médico a la que un padre o madre quisiera asistir sin sentir que está fallando en su trabajo.

Chile ya ha comenzado a avanzar en esta dirección. La Ley de Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral reconoce herramientas para quienes tienen responsabilidades de cuidado y pone en el centro principios como la corresponsabilidad y la igualdad de oportunidades.

El desafío ahora es que esas herramientas se conviertan en una realidad cotidiana y que sigamos explorando nuevas formas de organizar el trabajo. No todas las empresas son iguales, ni todas las funciones permiten las mismas alternativas. Precisamente por eso necesitamos flexibilidad y no una única fórmula.

Esto también es una discusión sobre maternidad y paternidad. Si queremos que las personas puedan formar una familia sin que ello implique renunciar a sus proyectos laborales, debemos preguntarnos cómo hacer compatibles ambas dimensiones de la vida. Y hacerlo no solo pensando en los primeros meses de un hijo, sino también en los años de crianza, cuando aparecen enfermedades, reuniones escolares, vacaciones y tantas otras situaciones que forman parte de la vida familiar.

Pensemos una presencialidad que mantiene el valor del encuentro, la colaboración y el trabajo colectivo, pero que entiende que las personas también son madres, padres, cuidadores y miembros de una familia.

El desafío no es tener que elegir entre trabajo o familia, ni entre teletrabajo o presencialidad.

Por Beatriz Hevia, abogada

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