Opinión

Fin del acuerdo nuclear entre Rusia y EE.UU.

La decisión de no renovar el New Start, el acuerdo que limitaba el arsenal de armas nucleares estratégicas de Rusia y Estados Unidos, agrega un nuevo elemento al confuso escenario mundial y eleva el riesgo de una nueva carrera armamentista.

Con el término del tratado New Start, que expiró el jueves de la semana pasada, por primera vez en más de 50 años no existe en el mundo un acuerdo que limite o regule los arsenales nucleares de los dos países que concentran más del 80% de las armas de ese tipo en el mundo, Estados Unidos y Rusia. El primer pacto que lo hacía, el Salt I, se firmó en 1972 entre Richard Nixon y el entonces líder soviético Leonid Brezhnev, y marcó la época de la distensión entre Washington y Moscú. Siete años después se sumó el Salt II y desde entonces en el mundo siempre ha permanecido vigente algún tipo de compromiso de contención del armamento nuclear entre ambos países.

El New Start, que fue firmado en 2010 entre el entonces Presidente de Estados Unidos Barack Obama y su par ruso Dimitri Medvedev, marcó un importante avance con respecto a los términos acordados en el pacto que lo antecedió, el Start -firmado en 1991- al reducir de 6.000 a solo 1.550 el límite de ojivas nucleares desplegadas por ambos países. Pero pese a que en septiembre pasado Rusia propuso extenderlo por un año más, para dar paso a nuevas negociaciones, no hubo respuesta desde Washington y en una reciente entrevista a The New York Times el Presidente de Estados Unidos respondió al ser consultado sobre el tema que si el tratado “expira, expira”.

La apuesta de Estados Unidos es avanzar hacia un acuerdo tripartito, que sume a China. Ese país es el que más rápido viene incrementando su arsenal nuclear y se estima que en los próximos diez años más que duplique su actual capacidad de cerca de 600 ojivas nucleares, superando las 1.500. Pese a ello, Beijing está lejos aún de sumar el número de ojivas nucleares que acumulan Washington y Moscú en sus arsenales. Según la Asociación de control de armas de Estados Unidos, Rusia tendría más de 5.500 ojivas nucleares -de las cuales solo 1.550 podían desplegarse, según el New Start-, mientras que el Pentágono contaría actualmente con poco más de 5.300.

A la luz de esos números parece difícil concretar el objetivo de Washington de sumar a Beijing a un tratado que limite los arsenales nucleares. China no tiene hoy ningún incentivo para avanzar en esa dirección. Por ello, las perspectivas de que el mundo cuente nuevamente con un tratado que regule las capacidades nucleares estratégicas entre las principales potencias militares no solo parece lejano sino improbable. Ello deja al planeta en un escenario desconocido en más de cinco décadas y que se agrava aún más considerando la actual crisis del orden mundial. Incluso algunos analistas sugieren que la no renovación del New Start podría dar pie al inicio de una nueva carrera nuclear.

En un mundo donde las certezas y garantías del pasado están desapareciendo y el derecho internacional está en cuestión, lo sucedido podría hacer que más países acaben optando por reforzar su poderío militar y consideren el desarrollo de armas nucleares como una vía para garantizar su seguridad. Las señales dadas por el Presidente Trump al plantear la reanudación de las pruebas nucleares en septiembre pasado solo profundiza la idea de que podríamos estar en la antesala de una nueva escalada en el desarrollo de armas atómicas. Un escenario que podría incluso acabar poniendo en cuestión el Tratado de No Proliferación Nuclear, vigente desde 1970, uno de los pilares del actual sistema de seguridad global.

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