Opinión

Fondecyt o el valor de lo imprevisible

La debilidad de un cáncer letal y poco tratable que la ciencia logró encontrar Tendencias / La Tercera

El debate sobre las nuevas bases del Fondecyt de Postdoctorado se ha concentrado en la decisión de orientar hasta un 70% de las adjudicaciones hacia áreas prioritarias. Con las reglas ya definidas para esta convocatoria, conviene examinar con mayor perspectiva qué implican estos cambios, qué oportunidades ofrecen y qué elementos de nuestro sistema científico debemos resguardar.

Las bases no solo facultan a ANID para destinar hasta un 70% de las adjudicaciones a proyectos en áreas prioritarias. También establecen expresamente que el porcentaje restante constituirá un piso garantizado para proyectos que no se enmarquen en ellas. En consecuencia, si se utiliza completamente el margen de focalización, al menos un 30% de las adjudicaciones corresponderá a proyectos no prioritarios; si se utiliza una proporción menor, ese piso será mayor.

Este dato permite dimensionar mejor la controversia. Entre 2022 y 2026, ya sea que se analicen las adjudicaciones por grupo de estudio o por proyecto, Artes, Ciencias Sociales y Humanidades representaron cerca del 25% del total. El 30% garantizado no constituye una cuota reservada para estas disciplinas, pues deberá ser compartido con proyectos no prioritarios de todas las áreas. Sin embargo, su magnitud supera su participación histórica reciente y obliga a matizar la idea de que la focalización implicará necesariamente una reducción de su espacio en el concurso.

Tampoco ese porcentaje representa un techo. Las ciencias sociales, las artes y las humanidades pueden contribuir a prioridades como capital humano y futuro del trabajo, seguridad, justicia, políticas públicas y educación. Las prioridades corresponden a problemas, no necesariamente a disciplinas. Desafíos como la inteligencia artificial, el envejecimiento o el cambio climático poseen dimensiones tecnológicas y biológicas, pero también económicas, jurídicas, culturales, sociales y filosóficas. Si la focalización busca enfrentar problemas complejos, deberá valorar esa diversidad de aproximaciones y mantener como criterios centrales la calidad de las preguntas, la solidez metodológica y la capacidad de generar nuevo conocimiento.

Más problemática resulta la exigencia de residencia definitiva para investigadores extranjeros. Aunque la medida puede buscar un mayor arraigo de los adjudicatarios y facilitar la ejecución de los proyectos, introduce una inconsistencia en la política de formación de capital humano avanzado.

La competencia internacional por talento no consiste únicamente en atraer investigadores ya formados. También exige convocar buenos estudiantes, formarlos en nuestros programas doctorales, integrarlos a redes de investigación y ofrecerles oportunidades para continuar su carrera científica en Chile. Doctorado, postdoctorado e inserción debieran constituir etapas articuladas de una misma trayectoria.

Resulta difícil justificar, entonces, que investigadores extranjeros puedan realizar su doctorado en Chile, incorporarse durante años a nuestro sistema científico e incluso recibir financiamiento público, pero quedar luego excluidos del Fondecyt de Postdoctorado porque todavía mantienen residencia temporal. Atraer talento sin ofrecerle continuidad limita nuestra capacidad para retenerlo. Formar capital humano avanzado para luego interrumpir su trayectoria constituye una oportunidad perdida y es un aspecto de las nuevas bases que debiera revisarse.

Existe, además, una cuestión de mayor alcance: el lugar de la focalización dentro de la política científica. Chile necesita prioridades científicas y tecnológicas, y el Estado debe disponer de instrumentos para impulsarlas. Pero no todos los instrumentos deben responder a agendas temáticas predeterminadas.

Fondecyt ha cumplido históricamente una función distinta y difícil de reemplazar: permitir que preguntas provenientes de todas las áreas del conocimiento compitan por su calidad y mérito científico, sin tener que justificar anticipadamente su pertenencia a una prioridad. Parte importante del conocimiento que posteriormente adquiere valor estratégico proviene precisamente de investigaciones cuyo impacto era imposible anticipar al momento de formularlas.

El desafío no es, por tanto, evitar que Chile defina prioridades, sino impedir que la focalización del Postdoctorado se convierta progresivamente en el principio rector de todo Fondecyt. Que los concursos de Iniciación, Regular y Exploración mantengan su carácter abierto resulta esencial. Una política científica robusta necesita investigación orientada e investigación abierta, mediante instrumentos distintos y con propósitos claramente diferenciados.

Las nuevas bases deberán juzgarse por sus resultados: por su capacidad para sostener investigación de excelencia en diversas áreas, contribuir efectivamente a las prioridades nacionales y fortalecer la atracción, formación y retención de talento. Mirar el vaso medio lleno no significa ignorar los riesgos, sino reconocer que existe un espacio garantizado para la investigación no prioritaria, aprovechar las oportunidades que abre la focalización y corregir sus efectos no deseados.

Una política científica madura necesita definir prioridades, pero también preservar el espacio donde las buenas preguntas puedan surgir antes de que sepamos para qué servirán. En esa capacidad de acoger lo imprevisible reside una parte esencial del valor de Fondecyt.

Por Tomás Pérez-Acle, vicerrector de Investigación y Doctorados, Universidad San Sebastián

Más sobre:Investigadores extranjerosPrioridadesPolítica cientificaBuenas preguntasFocalización

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE