Irán y el silencio culpable del mundo
La situación de Irán es extrema. La represión ya cobra miles de muertos y a pesar del interés del régimen de ocultarlo apagando incluso internet, esta realidad ha salido a la luz. El régimen reconoce 3.117 muertos, 2.427 civiles y el resto es calificado como “alborotadores” o “terroristas”, atribuyéndole la responsabilidad a las potencias extranjeras, Estados Unidos e Israel. Las organizaciones internacionales dan distintas cifras de muertos. Amnistía Internacional y la ONU hablan de 5.000 muertos, las fuentes médicas hablan de 20.000 fallecidos. Algunas organizaciones de derechos humanos confirman que 6.221 personas perdieron la vida, mientras que otros grupos como Irán International habla de 30.000 e incluso 36.500 víctimas fatales basándose en registros de hospitales y morgues desbordadas. En Kahrizak, cerca de Teherán, se identificaron más de 200 bolsas con cuerpos en un solo recinto, lo que grafica la magnitud de la masacre. Se reportan además masivas detenciones y represión por parte del régimen para sofocar la resistencia desplegada en las calles. Human Rights Watch ha documentado que la mayoría de los manifestantes muertos presentaban heridas de bala en la cabeza y el torso. El bloqueo casi total de las comunicaciones dificultó la verificación inmediata y permitió el ocultamiento de las muertes a la opinión pública.
La tensión para fines de enero es extrema. Irán vive una crisis interna sin precedentes. Por una parte, está el cuestionamiento a la legitimidad del gobierno actual, a lo que se suma, una inflación del 40% y una moneda, el rial, en caída libre. La población enfrenta graves dificultades para acceder a alimentos y medicinas. Esto llevó a las primeras protestas en diciembre de 2025. En un país donde no hay derecho a manifestación, el régimen reaccionó con represión, lo que ha intensificado el movimiento. La rebelión ha sido liderada en gran medida por las mujeres, quienes han estado anuladas como ser, en un régimen fanático y teocrático. Las represiones han llevado a una escalada militar en la que Occidente parece avanzar más hacia la guerra que hacia la negociación.
La flota naval norteamericana ya está en la región y el gobierno de Teherán dice que se prepara para el “peor escenario”. De hecho, el líder supremo, Alí Jamemei, se resguarda en bunkers. Se confirmó la ejecución de un prisionero acusado de colaborar con el Mossad israelí lo que ha intensificado el conflicto. El país lleva casi un mes sin internet, lo que es evidentemente sospechoso. Algo no se quiere que se sepa. Esto debiera hacer sospechar al mundo entero que, probablemente las cifras más dramáticas en relación a los muertos son las más certeras, ya que de otro modo no intentarían ocultar para no mostrar al mundo lo que realmente está sucediendo.
Lo curioso es que frente a este drama en la que la rebelión popular es masacrada, las tradicionales voces activistas de derechos humanos permanecen silentes, tal vez también, “se les cayó internet”. Greta Thumberg brilla por su ausencia. No hay “flotilla”, ni comunicados globales condenando lo que sucede. Los movimientos feministas no marchan, no bailan, no gritan. Los activistas estudiantiles no hacen manifestaciones fuera ni dentro de las universidades. En Chile están de vacaciones, pero en el mundo no. Todos callan, ya que en este evento no se puede acusar al “sionismo” y probablemente el régimen que reprime en Irán es el mismo que financia a todos los activistas. Hay claramente un tema ideológico, oportunismo político y relativismo moral. Esta causa no les sirve para su causa. Las cifras de personas muertas dejan en evidencia la falta de coherencia de los activistas de derechos humanos.
La visión ideológica prima, varios analistas internacionales sugieren que el régimen iraní ha utilizado la narrativa de los enfrentamientos en Gaza para justificar la represión interna, acusando a los manifestantes de “agentes sionistas”. No hay que olvidar que el régimen iraní se puso como meta eliminar a Israel, lo que para muchos es justificable por ideología. Lo cierto es que el mundo calla, se silencia, omite información o se abstiene de hablar. Esto evidencia que no les importan las vidas humanas, sino sus fines. El caso de Irán deja en evidencia el silencio culpable del mundo.
Por Magdalena Merbilháa, historiadora y periodista
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