No todo está permitido
La absolución del exoficial de Carabineros Claudio Crespo ha generado polémica e indignación en ambos lados del espectro político. Por un lado, el Presidente Boric y su gobierno cuestionaron la sentencia, tensionando nuevamente la delicada separación de poderes que debe existir en un Estado. Por otro lado, algunos sectores de la derecha se han involucrado de manera personal y acrítica en el caso, respaldado a Crespo en todas las instancias públicas posibles. Por eso, en múltiples declaraciones es posible ver a personeros como Johannes Kaiser o Camila Flores a sus espaldas.
Sin embargo, tras el fallo, Claudio Crespo volvió a generar polémica. Poco después de constatar su inocencia en la lectura de la jueza, publicó en sus redes sociales una imagen que reproduce un típico meme: en ella, un retrato de Gustavo Gatica aparece sobre una lápida, mientras el exoficial posa de manera “humorística”. Para algunas personas esta imagen podría parecer anecdótica. Entre las reacciones a la publicación, por ejemplo, se registraron aplausos. Pero lo que se oculta tras esto es grave: este conflicto judicial y político, si bien confirmó con justicia y apego a ley la inocencia de Crespo, también ha fomentado la deshumanización del adversario. Ese meme es una ofensa de baja calaña, pues se burla de una persona que, haya hecho lo que haya hecho, perdió la vista.
Desde luego, Crespo ha atravesado momentos difíciles: ha sido objeto de funas, insultos, juicios apresurados y otras situaciones peores. Mientras nosotros estábamos encerrados en nuestras casas, él y Carabineros tuvieron que proteger la ciudad de sujetos que intentaron destruirla, debido a la inoperancia de los políticos y la irresponsabilidad de la izquierda. Sin embargo, la crudeza de esas experiencias no justifica este tipo de ataques. Crespo tuvo una oportunidad para mostrar un mínimo acto de caridad hacia Gustavo Gatica. Bastaba un gesto, una palabra, una mirada. No era necesario un acto magnánimo. Tal vez con guardar silencio habría sido suficiente. Ese pequeño acto habría demostrado altura de miras, tanto de Crespo como de los personeros políticos que lo siguen desesperados a todas partes buscando réditos.
Es cierto que, ante la crisis de seguridad y la destrucción cobarde durante el estallido social, el clima de opinión parece haber cambiado. No obstante, esa hipótesis tampoco justifica que todo esté permitido pos de ciertos fines. Hasta en situaciones de guerra, los soldados sienten remordimiento al herir a personas cuya única intención era asesinarlos; es decir, en el caso de legítima defensa más justificado, la compasión es posible. Que Crespo sea inocente del delito y que su intención haya sido proteger el espacio público, no quita que su disparo generó un daño irreversible en los ojos de Gatica. Esa acción, aunque involuntaria, provocó que una persona solo vea oscuridad por el resto de sus días. Incluso si toda la acción hubiese sido fruto del azar o de causas más complejas, demostrar compasión o turbamiento era un ejemplo republicano. Porque la gran mayoría de Carabineros realiza su labor casi con caridad cristiana: siempre ponen al prójimo delante de ellos, y eso no se puede olvidar nunca.
Los hechos pueden servir como advertencia para la derecha: no se puede sacar rédito político de todo lo que ocurra. En estos casos, la prudencia siempre debe primar. El Presidente José Antonio Kast lo sabe bien. Ha sido objeto de ataques físicos y verbales, y aun así siempre ha sabido perdonar a sus agresores. La única manera de recomponer un sentido de unión es siendo firme cuando sea necesario, pero sin cometer actos que desconozcan la humanidad del otro. Que la política de baja estofa no aniquile nuestra capacidad de distinguir.
Por Álvaro Vergara, Faro UDD
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