Opinión

¿Nuevo orden en la política chilena?

Es bastante evidente que el llamado orden mundial, que alude a las relaciones internacionales y la distribución del poder entre las naciones, está hoy día desafiado y un vertiginoso proceso, motivado en buena parte por Donald Trump, mueve placas tectónicas de ese orden que busca nuevos equilibrios.

Una buena pregunta es si es que en Chile estamos viviendo un nuevo orden de la política nacional, que hasta hace pocos años venía alineándose en torno al plebiscito de 1988, el del Sí y el No, que determinó el triunfo de la izquierda con el 56% de los votos frente al 44% de la derecha. Esta división, o clivaje como le llaman los politólogos (también es útil la palabra parteaguas) está ahora desafiada a partir de septiembre del 2022, cuando un 62% del electorado rechazó la propuesta constitucional de la izquierda. Muchos consideran que el nuevo clivaje se confirmó con el triunfo en la elección presidencial en que José Antonio Kast fue elegido Presidente por el 58% de los votos.

Pero también puede ser que el triunfo de Kast esté muy influido por la inmediatez que hace a los electores cambiar de signo político a los gobernantes cuando sus demandas no se satisfacen rápidamente. La inmediatez está desplazando administraciones de izquierda en todas partes. Ha pasado en Latinoamérica con políticos de izquierda corruptos, asediados por el narcotráfico y la inmigración que han entrado en crisis económicas. Pasa también en Europa con gobiernos superados por la burocracia y la inmigración descontrolada. Todo ello ha llevado a esta ola de cambios que está favoreciendo más a la derecha, probablemente por su promesa de orden público y seguridad, temas que son de la esencia de las derechas, lo que hace su promesa más creíble. Lo mismo ocurre con la economía. Las administraciones de derecha ponen más énfasis en el crecimiento económico y los estados de bienestar pierden crédito entre la población por la intrínseca corrupción del clientelismo y su daño al crecimiento. Hay entonces también temas de fondos en este viraje a la derecha.

La revalorización del orden y la economía no bastan para consolidar y proclamar el nuevo clivaje en la política chilena. Un votante más transaccional surge con fuerza. Lo que no se puede permitir el gobierno de Kast es no satisfacer las expectativas y ciertamente no lo hará si hace lo mismo que otros. Las críticas al gabinete son infundadas y previsibles.

Pero el cambio en el orden de la política llega también a la izquierda. El predominio de una izquierda extrema los ha llevado al fracaso. La apelación al orden y el crecimiento los deja fuera de escena. Si la izquierda democrática, la otra alma de la izquierda, no deja de ser un alma en pena, tampoco tiene chance. Sus figuras más emblemáticas, Tohá y Elizalde, se han negado sistemáticamente a asumir ese rol.

Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo

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