Paredes no debería jugar, pero…

Paredes define para marcar su gol 16 en Superclásicos. Foto: Marco Muga /Agencia Uno

Con cada una de sus gestas se llenan páginas de información. Luces, sin embargo, que también dañan la visión. La culpa no es del artillero, pero detrás de tanto brillo también hay mucha oscuridad. ¿O es normal que en el partido más transcendente del balompié local un cuarentón dejé pequeñitos a quienes lo superan en velocidad, fuerza, juventud y, en teoría, hambre de sueños por cumplir?



Esteban Paredes no debería ser titular en Colo Colo, pero ahí está. Tiene 40 años y 36 días, pero ahí está. Después de un pique de 20 ó 30 metros necesita varios minutos, mucho más que el resto, para recuperar el aire, pero ahí está. Esteban Paredes debería estar retirado, como él mismo planificó alguna vez para este 2020, pero ahí está. Metiéndose entre los centrales y definiendo de primera con esa zurda que no envejece. Haciendo fácil lo que es difícil. Marcando un récord, otro más, para su extraordinaria carrera en el fútbol chileno, que lamentablemente explotó tarde, más cerca de los 30 que de los 25.

Esteban Paredes es la Superleyenda de los Superclásicos. Merece ovaciones y nuevos homenajes por igualar las 16 anotaciones de Carlos Campos, el Tanque azul, como el máximo artillero en duelos oficiales entre Colo Colo y la U. Es también el más longevo que ha disputado esta clase de encuentros. Con cada una de sus gestas se llenan páginas de información. Luces, sin embargo, que también dañan la visión. La culpa no es del artillero, pero detrás de tanto brillo también hay mucha oscuridad. ¿O es normal que en el partido más transcendente del balompié local un cuarentón dejé pequeñitos a quienes lo superan en velocidad, fuerza, juventud y, en teoría, hambre de sueños por cumplir?

Saque la cuenta. Tome como ejemplo a los protagonistas del desilusionante empate 1-1 que se registró este domingo en el Nacional, entre chunchos y caciques. Tras un repaso rápido a los 14 jugadores que utilizó Colo Colo, verá que ocho tenían 30 años o menos. Tres menores de 25. Y ninguno llegó a estar ni cerca de la importancia de Paredes. Y mejor ni hablar del gran precio de los albos para este temporada, el argentino Nicolás Blandi (30), que llegó a ser capitán de San Lorenzo de Almagro y acá no es capaz de meter un cabezazo a dos metros del arco. ¿Dónde está la renovación del fútbol criollo? Perdida entre guerrillas de poder de los dirigentes y el deseo de ganar el máximo invirtiendo lo justo. Guardada en un cajón, para ser exhibida en cada discurso donde se habla del desarrollo de la industria.

Del lado de la U el cuento mejora muy poco. De 13 futbolistas que pisaron la cancha del Nacional, hubo cinco menores de 25, pero solo dos de ellos formados en la tienda estudiantil. Lo que deriva en otro dato tristemente relevante: de los 27 animadores de la justa en Ñuñoa, apenas cinco eran formados en Colo Colo (2) y Universidad de Chile (3). Poca renovación y poco arraigo desde las inferiores, la primera lectura.

Detalles de los que posiblemente no se hablaría si el partido del domingo hubiese sido un espectáculo en serio, digno de los dos elencos más populares y poderosos del fútbol local. Con poco y nada para destacar, no queda otra que buscar razones del pobre desempeño. Recurrir a los cinco meses sin competencia, revisar estadísticas, repasar la historia, refrendar que efectivamente hablamos del clásico más desigual del mundo (85 triunfos blancos sobre 48 azules). Interpretar una vez más que la U le teme de verdad a su archirrival.

Dejando de lado la muletilla del “partido aparte”, el escenario era totalmente favorable para los pupilos de Caputto, como tantas veces ha sucedido en los últimos años. Enfrente, un adversario herido, con apenas dos triunfos en la temporada, golpeado por la inactividad y la cesantía impuesta durante la pandemia, más preocupado de salir de los puestos del fondo que de pelear por el campeonato. Y ni siquiera así es capaz de sacar ventajas la U. “Fuimos dominadores”, dijo el DT argentino porque su escuadra tuvo más la pelota. Se equivoca, el verdadero dominador del Superclásico es Colo Colo y lo ha sido con mayor acento desde 2013, año en que sufrió su última derrota ante los laicos.

En el deporte, y en cualquier otra actividad, el miedo precede a la derrota y la frustración. Sacudírselo no es sencillo cuando ya está instalado en la mente. Entorpece movimientos, acorta las piernas, reduce la habilidad. A quienes lo dominan se les dice que tienen jerarquía. La misma que derrocha Esteban Paredes, el goleador histórico y absoluto de la Primera División, el que ya no aguanta un partido completo, el cuarentón que no debería ser titular en Colo Colo, pero ahí está, sacando la cara por jóvenes vigorosos sin clase.

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