Piel de oveja
En la campaña, conocimos a un José Antonio Kast distinto al de 2021. El Kast de 2025 hablaba de emergencia y ponía el foco en la inmigración y la delincuencia. Le hizo el quite a cualquier tema que le había hecho daño electoral en 2021: aborto, derechos de minorías, apología a la dictadura. Nada de eso estuvo en la campaña y no fue necesario. Para ello, se inventó a su propio sparring: Joahhnes Kaiser. En todos aquellos temas que le eran incómodos o impopulares, Kaiser ocupó un rol útil a la agenda de su sector, alimentando los prejuicios y promoviendo ideas autoritarias. Kast, en cambio, se vistió de piel de oveja, incluso al punto que muchos en su sector empezaron a dudar de su pertenencia a la ultraderecha. Pero para su tranquilidad, pareciera que a Kast le basta pisar suelo extranjero para mostrar sus verdaderos colores.
Primero fue la visita a El Salvador y las reuniones con Bukele. La fascinación que le provoca al presidente electo y su equipo visitar a líderes autoritarios sólo es comparable con su cariño por visitar cárceles. Poco les importa que Bukele haya forzado a su Congreso a pasar sus leyes a punta de armas, o que haya procedido a postularse a un tercer período a pesar de que la Constitución lo prohibiese. Si el escenario fuera al revés, con un presidente electo de izquierda visitando a un líder autoritario de su sector, estaríamos rasgando vestiduras. Pero no, la piel de oveja de Kast le permite ciertos lujos.
De ahí, partió en peregrinación a Europa, a ver al líder de su red global(ista) de líderes de ultraderecha: Viktor Orbán. En el camino, pasó a buscar al líder del partido de ultraderecha española, Vox. El mismo partido que denigra a sus socios de la derecha llamándolos cobardes, que promueve la eliminación de derechos de las comunidades LGBTQ, o que se opone al aborto. Todos temas en los que Kast hábilmente calló durante su campaña a La Moneda, pero en las que Kaiser le sirvió como fiel escudero.
Orbán no es cualquier líder. Se ha convertido en un verdadero maestro para las nuevas generaciones de la ultraderecha, entre las que se cuentan Kast, Milei, Abascal y, según algunos, Trump. Desde que asumió el poder en Hungría, Orbán ha destruido a la democracia de su país. Intervino las Cortes para quitarles independencia, ha usado a la Fiscalía y los órganos jurisdiccionales para perseguir a sus opositores (algo que, sin duda, aprendió de Putin); ha sido deferente con Rusia al mismo tiempo que ese país invade a Ucrania y amenaza a Europa. Pero, sobre todo, Orbán ha ocupado su plataforma para promover un movimiento internacional de limitación de derechos humanos y de valores democráticos. Fue él mismo quien ungió a Kast y lo puso a cargo de la Red de Valores Políticos (Political Values Network) entre 2022 y 2024, promoviendo todas esas ideas que no se atrevió a decir en campaña. Como corresponde a un buen estudiante, Kast viajó a agradecerle a su maestro toda la ayuda prestada.
En su visita a Europa, Kast dio un discurso en que dijo todo lo que repetía en 2021, pero que no se atrevió a decir en 2025: atacó al feminismo, a la defensa del medio ambiente, y a quienes denuncian sus posturas autoritarias. Habrá que ver si de vuelta a Chile se vuelve a poner el traje de oveja, o si sólo se lo saca cuando le toca rendir cuentas a sus amigos en el extranjero.
Por Javier Sajuria, profesor de Ciencia Política en Queen Mary University of London y director de Espacio Público.
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