Ana Luisa Jouanne y su combate a las drogas

Directora ejecutiva de la Corporación La Esperanza desde 2009, en esta entrevista Ana Luisa Jouanne entrega datos alarmantes sobre el consumo de drogas en Chile y desmenuza lo que, desde su expertise, deben ser las medidas urgentes que hay que tomar para combatirlo.




Periodista de formación con postítulo en Fundamentación Filosófica, Ana Luisa Jouanne es una de las fundadoras de la Corporación La Esperanza, y su directora ejecutiva desde el año 2009. Dar la oportunidad de que personas de escasos recursos que tienen un consumo problemático de drogas puedan salir adelante, ha sido su motor. Y lo ha sido desde hace veinte años, dos décadas en las que ha luchado constantemente en la prevención del consumo. Sin tintes políticos ni ideologías, conoce este mundo al revés y al derecho y ha puesto foco en sus propias convicciones, esas que le surgen desde el más profundo conocimiento: “Desde hace años que venimos pidiendo con desesperación, una prevención obligatoria desde temprana edad. Es en la primera infancia que se puede ejercer protección para cuando estos niños vayan creciendo”, asegura.

Según el reciente Informe Mundial sobre las Drogas presentado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, a nivel mundial el consumo ha aumentado en un 20%. Y Chile no es la excepción. Al contrario, el consumo de drogas sintéticas en la población escolar es 8,7 veces mayor que el de la población adulta chilena (SENDA); y los escolares chilenos ocupan el primer lugar de América en consumo de marihuana, cocaína, pasta base y tranquilizantes sin receta. En éxtasis, somos los segundos después de Canadá (CICAD/OEA). “En Chile tenemos un tema cultural de consumo de sustancias: para no pasarlo mal y para pasarlo bien. Necesitamos consumir para dormir, para ir a un carrete, para salir del carrete, para cundir en el trabajo. Estamos cada vez más habituados a consumir sustancias en nuestra vida diaria. Hay una normalización cada vez mayor”, es su lapidario diagnóstico.

Con tantos años de experiencia en este tema, ¿qué te llama principalmente la atención de este reciente informe?

Primero, el aumento de consumo de drogas sintéticas como pasta base, cocaína y éxtasis. Hay mucha inquietud y atracción de parte de los niños por estas drogas. Niños de octavo básico a cuarto medio consumen 2,4 veces más marihuana y 5,8 veces más cocaína que la población general. Este último informe revela que nuestros escolares permanecen en los primeros lugares de consumo entre sus pares. Y esto es un tema de salud pública potentísimo.

¿Esto se da en todos los estratos sociales por igual?

Algunas drogas tienen mayor consumo en unos que en otros. El consumo de marihuana es un poco mayor en niveles socioeconómicos altos, pero con la pasta base es la diferencia, ahí es muy grande en el sector socioeconómico más bajo.

Todo esto es un negocio y, por ejemplo, probablemente la cocaína más pura la van a consumir los que tengan más recursos y el resto va a poder acceder a cocaína pateada, es decir, que está mezclada con polvo talco, polvos de hornear o con una serie de cosas. Eso hace que lo que consumas sea distinto, pero te diría que no hay diferencias abismantes, es un problema transversal y en escolares también lo es. Donde sí hay una preocupación especial es que hay un aumento general de la proporción de mujeres versus hombres que consume en los últimos diez años, y eso sí es un fenómeno importante. Cuando nosotros partimos, hace unos 20 años, la proporción era 4 a 1 y hoy es es 2 a 1, y eso nos preocupa.

¿Qué otro aspecto es preocupante en ese aumento?

Que sólo una de cada 100 tienen acceso a tratamientos específicos para ellas. El consumo de la mujer obedece a causas distintas: baja autoestima, problemas de violencia, de abuso, frustración, etcétera. Pero hay un tema biológico, y es que la mujer se hace adicta más rápido y los efectos de la droga en ella son mayores, porque tenemos un metabolismo más lento y por ende la droga o el alcohol permanecen más tiempo en el cuerpo.

Otro factor importante tiene que ver con que la mujer está mucho más estigmatizada al momento de pedir ayuda y si lo hace, lo hace lo más escondida posible. Por esas tres razones es tan importante un tratamiento con enfoque de género, se requiere una mirada distinta.

¿Qué rol juega en todo esto el narcotráfico?

Este es un tema que a nosotros nos angustia mucho. Hay que entender que hay narcotráfico porque hay una demanda, y hay una demanda porque hay una oferta. El Ministerio del Interior tiene que hacerse cargo con mayor fuerza aún de la oferta de decomisar; también tiene que haber un mensaje país potente en relación al daño que produce la droga, un compromiso que venga de todas las autoridades: padres, directores de colegios, trabajadores, sindicatos, gremios, etcétera.

¿Cómo se debería abordar esto a nivel país?

La verdad es que no veo ni he visto nunca una respuesta desde el Ministerio de Salud o de Educación. Al menos no lo suficientemente contundente. Se destina un presupuesto chiquitito, un grupo de personas chiquitito y así no se logra una respuesta país frente a un problema tan grave de consumo en escolares. Desde hace muchos años nosotros hemos estado proponiendo ir a la base, porque creemos que es indispensable una prevención obligatoria en todos los colegios desde preescolar y hasta cuarto medio, pero poniendo el foco en la primera infancia. Nosotros -dependiendo de la sustancia- tenemos un inicio del consumo entre 13 y 14 y cuando tienes un inicio de consumo a esa edad, si partes la prevención en octavo básico ya llegaste tarde. En segundo lugar, está lo que nosotros llamamos prevención ambiental y es, en definitiva, que el conjunto de normas y mensajes de la sociedad vayan en una misma línea para dejar muy claro el riesgo y el daño que produce el consumo de drogas. En Chile hoy es normal consumir marihuana en una plaza, en un carrete, en la calle. No hay ninguna percepción de que eso te produce daño. Lo que ha pasado con el cigarro, por ejemplo, es muy bueno, porque lo que se ha hecho es dificultar el consumo a quienes fuman y eso finalmente se ha traducido en una disminución del consumo y un aumento muy grande en la percepción de riesgo. Lo mismo debiera pasar respecto de todas las otras drogas.

“En Chile tenemos un tema cultural de consumo de sustancias: para no pasarlo mal y para pasarlo bien”.

¿Influye en eso el tipo de música que escuchan o el temprano acceso a redes sociales, por ejemplo?

Absolutamente. Buena parte de la música urbana hace alusiones evidentes al consumo de drogas, y uno ve a niños de cuatro o cinco años cantando y bailando canciones cuyo contenido tiene que ver con drogas, armas o narcotráfico. Y a partir de eso aprenden y normalizan. Por eso nos parece que nuestra situación es más grave que la de otros países. Ningún padre se ha parado a pensar cuál es el contenido de esa música y ahí me parece importante detenernos porque sí podemos empezar la prevención por casa, haciendo un filtro de lo que bailan y cantan nuestros hijos, porque esa música no es la que nos va a llevar a ser adicto, pero sí a normalizar el consumo, a aprender y normalizarlo. No estoy diciendo que esa música provoque el consumo de drogas, digo que es un elemento más que viene a sumarse a esta cultura. Los padres deben estar empoderados y tener una misión súper clara respecto de todos estos aspectos culturales. Deben acompañar a ese hijo, estar presentes.

Prevenir desde el embarazo, su otra lucha

Corporación La Esperanza desde hace una década empezó a detectar un aumento del consumo de mujeres en edad fértil, cifra que por motivos evidentes se asoció a embarazos por consumo y a un número no menor de recién nacidos impactados por la droga durante la gestación. Y es a partir de ahí que aparece Naciste tú, un programa que busca que cuando una mujer llegue al parto con drogas, lo avise. ¿Para qué? Para ofrecerle a ella y a su hijo o hija un tratamiento intensivo inmediato. Es que si se trata desde el séptimo día después de nacido, se logra que ese niño no sea institucionalizado y que no siga consumiendo con su mamá. Además, al tratarlo desde el primer momento, se logra controlar el síndrome de abstinencia y una serie de alteraciones. En el día 45, gracias a un instrumento de evaluación de la Universidad de Brown de Estados Unidos, se hace un diagnóstico y un tratamiento para esas potenciales dificultades cognitivas y conductuales que se van a ir desarrollando después.

“Ningún organismo público se hace cargo de este problema, es un tema que se financia 100% con donaciones. Ningún gobierno lo ha tomado, porque consideran que es un gasto permanente y no entienden lo que implica que ese niño, por ejemplo, vaya a ser un niño institucionalizado y va a pasar por todo lo que sabemos que pasa cuando crecen así. Hoy existe la ciencia para diagnosticar y tratar ese problema pero no se visibiliza porque ‘no hay presupuesto’. Nosotros buscamos que esa mamá tenga la oportunidad de rehabilitarse y que ese niño sea tratado desde que nace. Es un tratamiento intensivo que dura un año y medio residencial con nosotros y otro año y medio de seguimiento”, concluye.

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