Entre 31% y 38% de las madres presentan burnout parental




De acuerdo con estudios internacionales, en familias con hijos sin ninguna patología específica, las mujeres presentan entre un 31,6% y un 38% de burnout parental en comparación con los hombres, quienes presentan sólo un 19%. Esto coincide con los estudios realizados en Chile, donde el burnout parental es significativamente mayor en las madres que en los padres (Santelices et al., 2022).

El término burnout se acuñó como concepto en el ámbito laboral, y se entiende como la exposición a un estrés crónico que disminuye el uso de recursos de las personas para enfrentar situaciones estresantes. En los últimos años, este concepto se comenzó a utilizar también en el ejercicio de la parentalidad (Pérez y Oyarce, 2020; Santelices et al., 2022).

La parentalidad en general se vivencia como un proceso agradable y gratificante, sin embargo, en algunos casos y situaciones puede llegar a producir altos niveles de estrés, y cuando estos son experimentados de forma crónica, pueden causar burnout (Pérez y Oyarce, 2020; Santelices et al., 2022), lo que no sólo afecta a quienes lo padecen -que en su mayoría son madres-, sino también a sus hijos e hijas, impactando en todas las áreas de su desarrollo personal.

Existe una gran desigualdad de género entre quienes presentan el denominado Síndrome de Burnout Parental, prácticamente duplicando su presencia en las madres, lo que en gran parte se explica por la realidad sociocultural en la que a pesar de los cambios sociales experimentados por la mujer, como la mayor participación laboral, las responsabilidades de cuidado, crianza y quehaceres del hogar siguen siendo exigidas y asumidas principalmente e incluso sólo por ésta.

Estas exigencias no son sólo externas a la familia, sino que la mayor parte de las veces se da también al interior de ellas, lo que agrava aún más la situación, generando que las mujeres se sientan en deuda no sólo con sus hijos, sino que con todo su entorno familiar, agudizando los niveles de estrés.

Las dinámicas familiares deben cambiar, asumiendo mayor corresponsabilidad en las tareas de cuidado y quehaceres del hogar. Esto facilitará el aporte de la mujer a la sociedad sin tener que sobrellevar tanta carga que afecta su salud mental y la de sus hijos/as.

Por otra parte, es importante considerar que un gran porcentaje de las mujeres chilenas no cuentan con el apoyo de una pareja o del padre de sus hijos/as para sobrellevar las tareas del hogar. Por eso es importante, además de promover los cambios de corresponsabilidad al interior de la familia, promover políticas robustas de corresponsabilidad social a través de comunidades e instituciones que contribuyan en conjunto al cuidado de las futuras generaciones, evitando sobrecargar a las mujeres.

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