Los hombres también tienen reloj biológico




Un hombre de 50 años y su esposa de 35 llegan a una clínica especializada en fertilidad luego de haber estado intentando durante los últimos 18 meses, sin éxito, que ella quede embarazada. La pareja le explica al doctor que concebir a su hija de 7 años fue muy sencillo, que en ese momento solo tardaron un par de semanas desde que dejaron de usar un método anticonceptivo. Pero esta vez sus intentos infructuosos los llevaron a consultar. La primera acción que tomaron fue una visita de ella a su ginecólogo, “por lo del reloj biológico”, pensaron.

Desde el IDMAH (Instituto para el desarrollo de masculinidades anti hegemónicas) explican que tradicionalmente los roles de género han establecido cierta presión social hacia las mujeres con el llamado reloj biológico, instaurado como un mito social para explicar el ciclo vital, que las fuerza a ser madre con urgencia. “Antropológicamente el concepto de reloj biológico es una manera de explicar el ciclo vital y se utiliza para describir cuándo se considera adecuado tener hijos”, dicen. Esa cifra varía en función del contexto social. Hay culturas donde se piensa que a partir de los 30 años y cada vez más cuando se acercan a los 40, es un buen momento para tener descendencia. En cambio, en otras culturas consideran que los 15 o 20 años son las edades ideales.

Lo que no sabía esta pareja, hasta entonces, es que el famoso reloj biológico también corre para los hombres y que investigaciones recientes sugieren que lo hace más rápido de lo que se creía. Si hasta ahora se consideraba que era a partir de los 55 años cuando la edad del padre podía tener alguna incidencia en la salud del bebé, por la mayor acumulación de alteraciones cromosómicas en los espermatozoides, un último estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford que ha revisado más de 40 millones de nacimientos, sugiere que los riesgos comienzan a los 35 años y son significativos a partir de los 45.

“Este estudio lo que muestra es algo que parece ser demasiado evidente, pero que en nuestra cultura se suele olvidar, y es que tener un bebé saludable es un trabajo en equipo y no solo responsabilidad de las mujeres”, dice el urólogo José Silva. “El rol del padre en la gestación y en la salud del recién nacido es más importante de lo que creíamos, porque el reloj biológico masculino también existe”, agrega.

Y así lo confirman los datos del estudio de Stanford que mostraron que los bebés nacidos de padres de una “edad paterna avanzada”, que equivale aproximadamente a más de 35 años, tenían un mayor riesgo de resultados adversos al nacer como: bajo peso, convulsiones y necesidad de ventilación inmediatamente después del nacimiento. En términos generales, cuanto mayor es la edad del padre, mayor es el riesgo. Por ejemplo, los hombres de 45 años o más tenían un 14 % más de probabilidades de tener un hijo prematuro, y los hombres de 50 años o más tenían un 28 % más de probabilidades de tener un hijo que requiriera ingreso en la unidad de cuidados intensivos neonatales.

Y aunque diversos especialistas han sido críticos de este estudio y plantean que sus resultados deben tomarse con cautela debido a que es retrospectivo –se hizo a partir de los formularios que en su día rellenaron los médicos o los padres sobre esos 40 millones de nacimientos y agrupa a las madres en franjas de edad demasiado amplias para valorar si en los riesgos al nacer que se atribuyen a la edad del padre, no influirán también los derivados de la edad de la pareja o de si es o no el primer hijo para esa mujer–, todos también coinciden en la importancia y la necesidad de estudiar la incidencia de la edad paterna y del reloj biológico masculino con más profundidad.

Uno de ellos es el doctor Álvaro Vives, andrólogo de la Unidad del Varón de Dexeus, quien cree que el hecho de que muchos centros de fertilidad estén dirigidos por ginecólogos, hace que se ponga más el foco en las condiciones de la mujer, pero –como señala en un artículo publicado en La Vanguardia– “el 50% de la fertilidad es responsabilidad del hombre, y hay muchos factores y hábitos, además de la edad, como el consumo de tóxicos, ingesta de café, té, sobrepeso, tabaco, entre otros, que también influyen en la calidad de los espermatozoides y por tanto en la fertilidad”.

El doctor Silva coincide. “El papel del padre en el embarazo es muy importante y por lo tanto si comenzamos a preocuparnos de nuestra salud y hábitos, de hacer chequeos médicos habitualmente, como lo suelen hacer las mujeres, probablemente las cifras serían distintas. Pero para eso se hace necesario cambiar el swich y dejar de pensar que la reproducción es responsabilidad sólo de las mujeres, desde la anticoncepción en adelante. Ellas ya tienen bastante carga y suelen ser mucho más responsables que nosotros en esto”, dice. Lo mismo que reflexionan desde el IDMAH. “Como hombres, es importante analizar por qué seguimos perpetuando pensamientos que señalan a las mujeres como únicas responsables de preocuparse por la presión social del reloj biológico, y comenzar a hacernos más conscientes en estos procesos de reproducción y paternidad”, concluyen.

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