Paula

¿Me comprendes, Méndez?

Anunció el inmenso poder que tiene hoy la clase media y descubrió que hasta los chilenos modernos siguen creyendo en el mal de ojo. Después de tres décadas haciendo encuestas, entiende mejor que nadie nuestra sociedad. ¿Qué más sabe sobre nosotros Roberto Méndez?

Roberto Méndez ya tiene 65 años pero esas cejas espesas, espesísimas y desordenadas, siguen tan negras como siempre. Él se apresura en aclarar que no se tiñe. Son su marca registrada. Cuenta que una vez un periodista lo llamó "las cejas más poderosas de Chile". Lo dice riendo, pero no son carcajadas de un chiste descabellado: Roberto Méndez sabe que esa frase tiene bastante de verdad. Su poder reside en conocer los números. Méndez sabe cuántos chilenos comen cereales al desayuno y cuántos prefieren pan tostado. Méndez sabe qué porcentaje de chilenos votará por tal candidato en las próximas elecciones y –lo que es más importante– por qué. Sabe cuántos compatriotas creen en Dios, cuántos son felices en su matrimonio. Y sabe que tres días después de esta entrevista Sebastián Piñera volverá a tener un alto índice de desaprobación ciudadana en la encuesta que cada mes realiza Adimark, la empresa que Méndez fundó hace más de 30 años justamente para esto: para saber qué diablos piensa la gente.

No se aguanta de adelantar la copucha:

–Este va a ser el peor mes de la administración de Piñera.

Pese a que es amigo del Presidente y cercano a la derecha, Méndez sonríe. Está acostumbrado a ser portador de buenas y malas cifras.

–Yo les he presentado encuestas a Pinochet, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera. Cuando Bachelet llegó al 80% de aprobación me invitó a tomar desayuno a su casa, los dos solos. Y me dijo: "Roberto, quiero que usted me explique por qué soy tan popular".

Y Roberto Méndez se lo explicó. Porque sabía. Porque lo que ha hecho "el señor de las encuestas" todos estos años, según él, no es simplemente hacer encuestas: es tener una larga conversación con los chilenos y comprender lo que tenemos en la cabeza.

La clase media la lleva

Dice Roberto Méndez que su gran activo es haber registrado cómo ha cambiado Chile en estas últimas décadas. El gran cambio, asegura, es la irrupción de la clase media, que pasó a ser el grupo económica y culturalmente más importante. "Hoy es la gran mayoría: sobre 60% de la población. Toda la sociedad, desde la actividad económica, el auge del retail, los medios, todo se explica por esta irrupción de la clase media. Incluso los cambios valóricos y culturales, como el alejamiento de la Iglesia, y los cambios políticos que llevaron a que Sebastián Piñera sea presidente", afirma.

¿Cómo definirías a esta clase media? Porque tiene infinitos matices.

Claro, un profesional es distinto a un vendedor de isapres, pero al final tienen algo en común: son personas que viven de su trabajo y, si lo pierden, el bienestar que han logrado se va a las pailas. Eso es lo que define a la clase media, la percepción de que su bienestar es precario. Y eso produce un efecto negativo, que es cierto temor, pero por otra parte produce esa tremenda energía que tiene la clase media en todo el mundo. La explicación de nuestras tasas de crecimiento está en esta clase media. Es el grupo que trabaja, estudia, se esfuerza para mejorar su condición de vida y la de sus hijos. La importancia que tiene la educación para la inmensa clase media nunca antes la había tenido. No por nada Chile es el país de la OCDE en el que las familias gastan más plata en educación superior. Es el grupo que la lleva. Es un objeto de deseo para todos.

Todos ¿quiénes?

Todos. La clase media le interesa a Falabella, al canal de televisión, al diario, a la Iglesia, al Partido Socialista y a la UDI. Porque ahí está el poder. Si una institución no logra conectar con la clase media está condenada a ser de minoría. Tanto es así, que yo creo que este ha sido mi principal éxito profesional: haber anunciado la irrupción de la clase media a comienzos de los 90. No diría que fue mi descubrimiento, pero fue fundamental para las empresas que me creyeron. Grandes empresas como Falabella, D&S, los grandes retails, el Banco Santander, apostaron a que esta clase media iba a cambiar el panorama y hoy valen muchos miles de millones de dólares. Y también fue fundamental en la política, para quienes creyeron en eso y finalmente hoy están en La Moneda, ja ja ja.

El próximo año viene la gran encuesta: el censo. ¿Qué cambios vamos a ver ahí?

Yo creo que hay varios. Uno, que ya está causando expectativas, va a ser la disminución en la proporción de católicos. Desde el último censo de 2002 la Iglesia ha sufrido una crisis de credibilidad bastante grande, nuestras encuestas de este año muestran los indicadores de confianza más bajos de los que tengo recuerdo. Y sospecho que esa va a ser la noticia. Lo otro va a ser el aumento de parejas que conviven, incluso –porque eso las encuestas lo han demostrado– que han decidido tener hijos sin necesidad de matrimonio. Además, entiendo que se va a preguntar por convivencia de parejas del mismo sexo, y ese va a ser un dato muy importante. También deberíamos confirmar el descenso de las tasas de natalidad, y eso va a volver a poner sobre el tapete algo que yo mismo puse en el censo pasado: el acelerado envejecimiento de la población chilena. Yo creo que nos vamos a estancar en los 16 millones de habitantes.

Nos fascinan las encuestas

Hace poco, Roberto Méndez vendió Adimark a la multinacional alemana GFK. Pero él sigue siendo el presidente de la empresa que fundó en 1974 junto a su amigo Francisco Matte. En esa época hacía un doctorado en Investigación del Consumidor en la Universidad de Stanford. Ahí leyó sobre George Gallup, padre de la industria de las encuestas en Estados Unidos, y se fascinó con él. En 1975 volvió a Chile y con Adimark empezó a realizar las primeras encuestas: sobre marcas de detergentes, lavalozas y pollos. "Se hacían puerta a puerta, con lápiz y papel, y después había que transferirlas a planillas en forma manual porque no había computadores. Era un trabajo lento y caro, por eso se hacía poco", recuerda.

¿Cuál fue la primera encuesta política que hizo Adimark?

Fue un encargo de la revista Qué Pasa, a mediados de los 80. Y fue tan impactante que el propio general Pinochet me llamó porque estaba interesado en conocer esos resultados, que eran una cosa inédita.

¿Y cuál era el resultado?

Era muy malo. Había una gran insatisfacción y se preveía ya que el plebiscito del 88 iba a ser muy difícil para el gobierno de Pinochet.

¿Tú crees que esa encuesta jugó un rol en el plebiscito?

No. A ver: las encuestas influyen probablemente en las políticas públicas de los gobiernos. Pero en las elecciones más bien reflejan lo que la opinión pública está pensando, nadie guía su voto por las encuestas. No conozco casos ni en Chile ni en el extranjero.

Han pasado casi 30 años, ¿cómo ha cambiado tu pega?

Hay dos cambios que se relacionan. Uno: la tecnología ha hecho mucho más accesible hacer encuestas, más rápido. Hoy se pueden obtener resultados en forma casi instantánea. Y por otra parte, las encuestas se han establecido como parte del sistema de toma de decisiones de las empresas, las instituciones, los gobiernos. Hoy es impensable dirigir una campaña política o una actividad comercial sin información de una encuesta. En Chile se estiman en 70 u 80 millones de dólares al año lo que se gasta en hacer encuestas.

Has dicho que en el futuro podríamos tener una especie de people meter de la opinión pública.

Bueno, de hecho ya establecimos encuestas mensuales para evaluar al gobierno, algo que parecía muy exagerado poco tiempo atrás. Pero hoy da la impresión de que el apetito por información fuera infinito, de que ya una vez al mes es poco y la gente quisiera todavía más. El gobierno hace encuestas semanales. Entonces sí, yo creo que en el futuro va a haber una especie de people meter que va a medir durante el día, a distintas horas, cómo va variando el ánimo de la opinión pública.

¿Como el rating?

Sí. Ese es el futuro, sin lugar a dudas. El problema es qué se hace con toda esa información.

De hecho, se le critica mucho a este gobierno que actúa según la coyuntura. ¿No es un poco culpa del bombardeo de información de las encuestas?

¡Que no le echen la culpa a las encuestas! Es responsabilidad de los políticos si hacen un buen uso o un uso populista de esa información. Y las encuestas lo que han hecho es darles poder a las personas. Eso es lo positivo que tiene para mí esta actividad. Que hoy día la opinión de la gente importa.

¿A quién?

Les importa a los gobiernos, a las empresas, a los medios de comunicación. Y eso ha tenido la contraparte de que las elites han perdido poder. Porque si no existiera la opinión pública, las elites podrían hacer lo que quisieran. De hecho, una de las características que es común a todas las dictaduras, es que prohíben las encuestas. Y fíjate que la mayoría de la gente que contesta encuestas –nosotros encuestamos entre mil y dos mil personas al día– agradece la oportunidad de expresar su opinión sobre una marca, un producto, el gobierno, la Iglesia. La encuesta es una forma de participación.

De repente también nos importa saber si otros opinan lo mismo…

Claro. A la gente no solamente le gusta contestar encuestas, le gusta leerlas. Me acuerdo una vez que preguntamos la cosa más tonta que uno podría imaginarse: qué toma la gente al desayuno. Y fue una de las encuestas que más éxito ha tenido. ¿Por qué? Sencillamente porque las personas querían saber cuán distintas o similares eran al resto de los chilenos. Lo que nos permite conocernos a nosotros mismos es la comparación con los otros.

Piñera: amor y odio

Acabas de hacer una presentación en un congreso de Icare, que titulaste "El consumidor ha muerto, viva el consumidor". ¿A qué te refieres con eso?

Lo que quise decir es que ha habido un cambio muy profundo del consumidor, que no tiene nada que ver con el de 20 años atrás. Es un consumidor hipercomunicado, hiperempoderado, hiperconsciente de sus derechos. Porque esta clase media que tiene conciencia de su bienestar es muy exigente. Si cortan la luz, antes la persona compraba velas. Hoy hace una demanda. Eso crea una nueva realidad, mucho más difícil, para las empresas, los medios de comunicación y las marcas, que dependen como nunca de este nuevo soberano.

¿Y para el gobierno?

Totalmente. Porque el Estado, al final, es un proveedor de servicios. La gente tiene conciencia de los impuestos que paga y espera un servicio de calidad, y si no recibe la calidad que espera, castiga a través de las encuestas, los votos y las protestas. Yo tengo la impresión de que la última elección se jugó mucho por eso: la expectativa del Presidente Piñera era que iba a dirigir un Estado que iba a ofrecer un mejor servicio.

¿Por ser él mismo un empresario?

Claro, así como la gente elige entre la marca A o la marca B, por criterios similares elige entre el presidente A y el B. No es que Chile se haya puesto derechista, es sencillamente que en esta realidad, el que parecía mejor capacitado para solucionar los problemas de salud, educación, seguridad, era Piñera.

Pero da la sensación de que el mismo chileno que eligió a Piñera ahora lo pela todo el rato…

Porque es una relación cliente-proveedor. La gente va al mall y se queja, pero al domingo siguiente vuelve al mall. Es eso. A veces los políticos o el propio presidente Piñera quiere que la gente los quiera, pero eso no está en este escenario de relaciones. Con las empresas pasa algo muy parecido: la gente alega contra los bancos pero igual le gusta tener tarjeta de crédito. Y, aunque también pelan a los empresarios, si les preguntas a los jóvenes qué les gustaría ser, la mayoría dice: empresario. Es impresionante la fascinación que producen los empresarios. También son figuras en que se da esta ambivalencia de amor-odio.

Y tú tienes una pata en el lado de los empresarios y otra en los políticos.

Bueno, yo creo que la visión que tuve hace muchos años fue esta intuición de que los dos mundos se iban a juntar, y que al final iban a hacer uso de las mismas herramientas para contactarse con la realidad.

¿Has hecho estudios para el gobierno?

Sí, La Moneda compra estudios y Adimark es uno de sus proveedores. Yo, además, tengo una buena relación con el gobierno por razones personales, de afinidades, de preferencias políticas. Soy bien amigo de varios ministros.

¿Y por ser el señor de las encuestas, no te piden consejos todo el rato?

Me piden consejos pero en un plano informal. Mi profesión es hacer encuestas. No soy asesor.

¿No te dan ganas de escribir un libro?

Sí. Ya tengo bosquejados nueve o diez capítulos sobre los principales cambios de la sociedad chilena, bien documentados. Pero tengo que bajar el ritmo de trabajo para terminarlo.

¿Tiene título?

No, pero ya vendrá. Antiguamente había un cierto desprecio por los números en el análisis social. Hoy eso ha cambiado. El análisis social se fundamenta en las estadísticas, en los instrumentos de medición, entre ellos las encuestas. Mi papá, que siempre me ayudó mucho en mi carrera, antes de morirse me dijo: "Mira, la contribución que tú has hecho a la política chilena es que has introducido el análisis cuantitativo de la realidad, que no existía". Y hoy no hay política sin análisis numérico. No es todo, pero es el punto de partida.

Las cifras que más le impactan

El año pasado Adimark presentó, con la Universidad Católica, la Encuesta Bicentenario, que Roberto Méndez describe como "uno de los esfuerzos más importantes que se han hecho por realizar un diagnóstico de Chile". Aquí, desmenuza algunas de sus estadísticas más reveladoras.

54% de los chilenos cree en el mal de ojo y 41% piensa que las casas pueden estar poseídas.

"Este fue un gran descubrimiento: la mayoría de los chilenos son, al mismo tiempo, modernos y tradicionales, profundamente religiosos. Un tipo conectado a las redes sociales y que acepta las relaciones entre personas del mismo sexo, también tiene fe en la Virgen del Carmen, le hace mandas a Santa Rita y reza".

66% de los chilenos afirma que la flojera y la falta de iniciativa son las razones más importantes de la pobreza.

"La clase media trae un cambio ideológico profundo: cada cual es responsable de su destino. Esta visión es muy conservadora. Sugiere que los pobres son pobres porque no se han esforzado, porque no se han educado: por razones que tienen que ver con ellos mismos. Es súper duro. Pero es lo que la gente nos está diciendo".

64% cree que la familia se descuida si la mujer trabaja tiempo completo.

"Esta visión tradicional explica nuestra baja tasa de participación laboral femenina. El mayor desafío que tienen las mujeres hoy es revertirla: convencer a los hombres de que ellos tienen que asumir un rol más activo en la casa, y convencerse ellas mismas de exigirlo. Es una cuestión cultural de fondo. Y no lo va a arreglar el Sernam".

89% de los chilenos no tiene duda de que Dios existe.

"Hasta donde hemos podido comparar con estudios internacionales, Chile es uno de los países con más fe en Dios de todo el mundo".

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