Hablemos de amor: criar mientras se vive un duelo
Tras el fallecimiento de su marido, Lilian quedó sola a cargo de la crianza de su hija de cinco años. Con el tiempo entendió que el duelo no termina: se transforma en una presencia constante, especialmente en la crianza, donde la ausencia del padre se siente en cada dolor y cada alegría compartida.
Me llamo Lilian, actualmente tengo 41 años, soy mamá de Juana y soy viuda. Cuando yo tenía 35 años murió mi marido. Él tenía 41 y nuestra hija tenía apenas cinco años.
Acompañé a mi marido en su enfermedad mientras criábamos a nuestra hija. Lo hicimos juntos, como equipo. Y si hay algo que me quedó grabado para siempre, fue el día que entramos al hospital y salimos con un diagnóstico que nos partió la vida en dos: era la primera vez que nos decían que él tenía cáncer.
Ese día tuvimos una charla que nunca voy a olvidar. Le dieron el peor pronóstico. Cuando salimos, él, que era fuerte, independiente, de carácter, me miró y me dijo: “Voy a hacer todo lo que vos me digas.” Y así fue.
Yo me puse el equipo al hombro. Busqué a los mejores médicos, segundas opiniones, tratamientos, terapias alternativas, todo lo que existiera y él quisiera intentar. Psicólogos, terapias complementarias, lo que fuera. Todo. Y al mismo tiempo criábamos a nuestra hija, que era chiquita y necesitaba que sus papás siguieran siendo sus papás. Hubo un tiempo en que fuimos dos sosteniendo el mundo.
Nos habían dado un pronóstico de tres meses. Fueron casi tres años. Tres años de médicos, decisiones, tratamientos, búsquedas, intentos fallidos, operaciones, internaciones. Tres años en los que criábamos a nuestra hija mientras peleábamos por más tiempo. Hasta que un día ese tiempo se terminó, Juan murió y empezó otra etapa donde el mundo siguió, pero ya no éramos dos sosteniéndolo.
Años después entendí algo: el duelo no termina. Se aprende a vivir con él, pero no se termina nunca. Porque cuando se muere el amor de tu vida no solo se muere una persona, se muere la vida que proyectaste, los planes, la familia que ibas a seguir construyendo, los hijos que quizás ibas a tener, las conversaciones que nunca van a pasar. Y, sobre todo, se muere el papá de tu hija, tu compañero para decidir, para dudar, para compartir el peso y también la alegría de criarla.
La gente muchas veces cree que con los años ya pasó. Que una ya está mejor. Pero no se trata de eso. Hay cosas que no se superan, se aprenden a llevar.
Siempre hice terapia. Siempre busqué ayuda, pero este último tiempo me pegó fuerte y tuve que volver a mirar hacia adentro con más profundidad. Pasaron cosas con mi hija, con mi familia, desilusiones, situaciones que me hicieron darme cuenta de que el peso de haber sostenido tanto durante tanto tiempo seguía estando en mí. Y en terapia apareció una pregunta que me dejó sin aire: “¿Quién te sostiene a vos?”.
Yo no estoy sola. Tengo amor alrededor, tengo personas que están, que acompañan, que quieren. Pero hay algo que es muy difícil de explicar: la responsabilidad emocional de criar a una hija que perdió a su papá no se puede repartir del todo. No por falta de voluntad ni por falta de amor, sino porque hay historias que no se vivieron juntas.
Hay recuerdos que solo compartíamos nosotros dos. Hay dolores de mi hija que yo siento desde un lugar que nadie más puede habitar. Hay alegrías suyas que sé que él estaría celebrando con una emoción única, irrepetible.
Me duele hacerlo todo sola, me duele no poder mirar a alguien y saber que está sintiendo exactamente lo mismo que yo, porque atravesó el mismo infierno, porque amó a nuestra hija desde el primer día y porque la deseó incluso antes de que naciera. Porque soñó la misma vida que yo.
Eso no es soledad, es el duelo en la crianza, un duelo que no se va, que cambia de forma, pero que me va a acompañar toda la vida.
Lo último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Infórmate mejor y accede a beneficios exclusivos$6.990/mes SUSCRÍBETE