Por Óscar Guillermo GarretónUna sensación de peligro

Este inédito cambio de gabinete a inicios del gobierno y en áreas centrales de su gobernabilidad, es muy decidor. Era habitual que constatara la ausencia de proyecto en la oposición, incluso de una lógica de futuro para poder armarlo, pero ahora comienzo a sospechar que tampoco la derecha cuenta con él.
En la izquierda lo tengo mas masticado. Mientras no se desembaracen de esa cultura de pasado marxista que no termina por desaparecer en parte de ellos, no en todos -la “toma del poder” para reemplazar una democracia despreciada y la opción estatista como clave del orden económico- no tendrán respuesta solvente para propiciar en serio el orden y la seguridad, que supone fortalecer la capacidad de la democracia para defenderse; ni tampoco para construir prosperidad basada en crecimiento y empleo para todos. Carecen de proyecto solvente, solo serán oponentes de lo que existe y de otros.
Sin embargo, en los breves tiempos terminados en este cambio de gabinete, este gobierno de “derecha dura” ha mostrado no tener claro qué hacer, nada menos que en seguridad a decir de la propia ministra saliente, siendo el gran tema que la ciudadanía votó. Pero el problema va más allá, la composición misma del gobierno refleja un vacío de proyecto compartido. El que entró a gobernar no es un equipo de trayectoria, con un proyecto común largamente madurado. Predominan individuos, varios de mucho mérito, pero donde la suerte de sus carteras pareciera más dependiente de las virtudes y limitaciones de sus titulares que de la propuesta colectiva de una derecha que traía las cosas bien pensadas. Incluso la figura más resaltante, el ministro de Hacienda que, gusten o no, sí ha dado muestras de tener sus cosas claras y ha hegemonizado el debate de estas semanas, no proviene del riñón republicano ni de Chile Vamos. Pero no es solo su caso. El ministro Poduje es el liderazgo y los estilos que él trajo; también la ministra Lincolao en Ciencias, Jaime Campos en Agricultura y así otros.
El tema es serio. Provocar entusiasmo y generar adhesión requiere una identidad gobernante. La elección ya pasó, ahora se requiere que la ciudadanía grabe los sellos que atribuye al gobierno y a su Presidente. Todos saben de qué se habla cuando se menciona a Allende o a Pinochet, a Lagos o Bachelet, por mencionar algunos. Esa identidad tallada por la versión ciudadana de sus gobiernos necesita un sello común, atribuido a la figura presidencial, más allá de las individualidades que lo compusieron.
Tenemos tiempo. Hay varios años sin elecciones y este gobierno recién comienza. Sin embargo, tener un proyecto compartido y mostrar éxito en conseguirlo es un peligroso pendiente que desnudó el cambio de gabinete. De no lograrlo, tanto derechas como izquierdas, significaría la bancarrota de todas las elites políticas, pavimentando así el camino al populismo anti-políticos en Chile.
Por Óscar Guillermo Garretón, economista
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