Paula

Un lugar donde sí encontrar ropa en tallas grandes

Lo que comenzó como un intercambio de ropa entre mujeres cansadas de no encontrar nada que les quedara bien, hoy es también una comunidad. 'Intercambio gorde' reúne a personas de cuerpos grandes para vender e intercambiar ropa lejos de la frustración que muchas veces habita los probadores.

Seguramente no existe mujer que no haya tenido una mala experiencia en el probador de una tienda. Un pantalón que no sube más allá de las caderas, una blusa que no cierra, un vestido que se ajusta demasiado. Y la consecuencia suele ser inmediata: nos sentimos mal, incluso culpables. Muchas veces salimos de ahí odiando nuestro cuerpo.

Según la nutricionista y especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), Carolina Melcher, esto no es nuestra culpa. “El problema no está en nuestros cuerpos. El problema radica en una industria que, en lugar de incluir, ha construido un sistema que divide. En lugar de crear ropa que celebre la diversidad de formas y tamaños, la industria ha impuesto moldes rígidos que actúan como barreras. Esta exclusión no es casual ni inocente; es una forma de violencia estética. Es un mensaje subliminal que nos dice que si no encajamos en su idea de cuerpo ideal, no merecemos vestirnos con estilo, comodidad ni dignidad”.

Y si esta es la realidad para muchas mujeres, incluso usando tallas consideradas “normales”, la experiencia para las tallas grandes es aún peor.

Es en este contexto que nace ‘Intercambio gorde’. Sus creadoras, Paz Ariztía y Anita Gallardo, son psicólogas especialistas en imagen corporal, además de activistas en contra de la gordofobia. Explican que el proyecto surge a partir de constatar que la falta de acceso a ropa para cuerpos grandes no es solo un problema de mercado, sino una expresión concreta de exclusión y violencia estética. “En nuestro rol de psicólogas lo vimos como una necesidad porque ese sufrimiento lo recibimos en la consulta constantemente. El efecto que tiene ir a comprar ropa y el malestar de que nada te quede, pero también experiencias directas de violencia con los dependientes de los locales, o que los espacios no estén creados para cuerpos grandes”, explica Paz.

Por todo esto es que se les ocurrió que intercambiar o comprar ropa entre ellas sería una mejor experiencia que entrar al probador de una tienda. Partieron creando una cuenta de Instagram donde hicieron un llamado simple: ‘Junten ropa’. La invitación era clara: llevar ropa desde talla L en adelante, aunque no necesariamente para intercambiar. “Si no tienes ropa, puedes ir a ver si hay algo que te sirva”, decía una de las publicaciones del encuentro. También podían regalar, vender o intercambiar prendas, siempre bajo una lógica de circulación y apoyo mutuo más que de consumo.

Ese primer encuentro fue un salto al vacío. Y la respuesta fue sorprendente. Llegaron alrededor de 20 personas, cerca de 15 puestos y se transformó en mucho más que un intercambio de ropa. “Entre todas se subían el ánimo y le decían a la otra lo bien que le quedaba alguna prenda o cómo combinarla”, recuerdan.

Luego vino el segundo, en abril de 2024. A ese le sumaron una clase de yoga y un taller para conectar con el cuerpo desde la respiración, el movimiento placentero y las sensaciones corporales, con el objetivo de volver a verlo como un lugar seguro de habitar.

“Hoy, el intercambio se ha consolidado como un espacio para generar comunidad y resistencia frente al sistema que excluye, mientras aporta a promover la moda circular. No buscamos nada más que honrar nuestra existencia y facilitar que podamos vestirnos con dignidad, libertad y el estilo que caracteriza a cada uno”, explican las creadoras.

Las usuarias lo agradecen. “Es una necesidad vestirnos y no deberíamos estar luchando por ir a comprar ropa que nos quede en el retail. Así que me parece bacán esta instancia, porque es un espacio seguro en donde además uno conoce gente muy linda que tiene las mismas dudas e historias que una”, dice una de ellas, que viajó desde Valparaíso solo para ser parte del evento. “Lo recomiendo porque es un lugar tan cuidado, tan sororo, con tanto amor. Compartimos ese sentir que nos caracteriza cuando tenemos que comprar ropa y no encontramos. Es una experiencia muy sanadora”, agrega otra.

Ya se han realizado nueve versiones itinerantes en distintos puntos de Providencia y San Miguel. Actualmente, el proyecto cuenta con un grupo de voluntariado que apoya las gestiones y hace posible que siga creciendo.

Más allá de lo material del intercambio, lo que más destacan quienes han sido parte es el cambio en la experiencia. “Cada vez que hacemos uno el comentario que más se repite es ‘gracias por esta instancia’. Ha ayudado a que muchas personas vuelvan a sentirse cómodas y orgullosas de existir. Cuando eres gorda, existir es una resistencia contra un sistema y una sociedad que te dice que tu cuerpo no es válido. A mí me gusta mucho una frase que suelo usar que es: ‘te guste o no, los cuerpos gordos existen’, y como existen, tienen que vestirse. Y no solo con lo que encuentren, sino que tienen derecho a usar lo que les gusta”, dice Paz.

Anita agrega: “acceder a ropa de la talla que uno tiene es un derecho fundamental y un acto de dignidad humana. En nuestros encuentros no cuestionamos los cuerpos ni pretendemos que las personas se adapten a la ropa; al contrario, defendemos que cada persona merece un trato respetuoso y el acceso a prendas cómodas que se adapten a su cuerpo”.

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