Regenerar la piel desde dentro
La bioestimulación dérmica se instala como una de las tendencias más prometedoras en el cuidado del rostro, al utilizar la propia arquitectura de la piel para potenciar la firmeza y la luminosidad. Se trata de uno de los últimos tratamientos que ha llegado a Chile.
Los tratamientos faciales han cambiado los paradigmas, dejando atrás el concepto de “relleno” y el volumen inmediato, para poner el foco en la salud real de la piel. La pregunta ya no es cómo esconder los signos del tiempo, sino cómo ayudar a la piel a reactivar sus propios mecanismos de regeneración y, a partir de eso, observar resultados naturales y progresivos.
Devolverle a la piel la vitalidad perdida por el sol, la contaminación o el paso de los años es uno de los objetivos del bienestar actual. En ese contexto, la bioestimulación dérmica se ha posicionado como una de las alternativas más demandadas.
Pero ojo: no todos los bioestimuladores inyectables son iguales. Pueden tener funciones distintas según su composición y profundidad de aplicación. Así, mientras algunos aportan volumen y un efecto tensor inmediato, otros buscan mejorar la calidad de la piel, entregando hidratación profunda, elasticidad y luminosidad.
“Hay múltiples marcas, pero no todos actúan igual. Mientras algunos estimulan los tejidos mediante un ‘daño controlado’ que activa los mecanismos naturales de reparación y producción de colágeno, otros se enfocan en mejorar el entorno celular, favoreciendo la función de los fibroblastos y la regeneración cutánea de forma más gradual y natural. Este enfoque permite bioremodelar la piel desde sus capas más profundas, mejorando su calidad sin forzarla. Siempre le digo a mis pacientes: ponerse productos sin un criterio claro, a largo plazo, no es gratis; hay que cuidar la huella estética”, explica Asunción Diez, cirujana dentista dedicada desde hace seis años a la armonización y estética facial.
¿Qué es y cómo funciona realmente?
Una de las innovaciones que ha ganado terreno dentro de esta tendencia es Profhilo, un tratamiento inyectable desarrollado y patentado en Italia, basado en la aplicación de ácido hialurónico ultrapuro de diferentes cadenas moleculares.
El ácido hialurónico es una molécula que no resulta extraña para el organismo, ya que se produce de forma natural y se encuentra en alta concentración en la piel. Es responsable de su aspecto turgente y elástico. Sin embargo, con el paso del tiempo y la exposición a agresores externos, su producción disminuye, lo que se traduce en deshidratación, pérdida de volumen y aparición de flacidez.
Al ser inyectado, el producto se dispersa lentamente en la piel, estimulando a los fibroblastos —las células responsables de la producción de colágeno y elastina— para generar estas fibras de forma sostenida. De esta manera, se crea un entorno adecuado para la regeneración cutánea, mejorando la calidad de la piel desde el interior.
“Tengo alergia a múltiples químicos y debí tratarme en Estados Unidos, ya que llegué a presentar shock anafiláctico, una condición mucho más grave que una simple dermatitis. Buscando un tratamiento adecuado llegué a Profhilo y, al aplicármelo, no tuve ninguna reacción adversa. Mi piel, ajada por los años, logró hidratarse y verse más firme. Soy extremadamente delgada, por lo que el cambio fue notorio”, cuenta Angélica Arrieta (74).
El tratamiento
Actualmente existen dos variantes del tratamiento: la versión clásica, orientada principalmente a la hidratación profunda y a la bioremodelación del tejido, y una versión más reciente que ayuda a restaurar el soporte de la grasa subcutánea, contrarrestando la pérdida de volumen.
El protocolo considera dos sesiones, separadas por un mes. Primero se prepara la piel y luego se aplican las inyecciones en puntos estratégicos del rostro, alejados de grandes vasos sanguíneos y nervios. La sesión dura alrededor de 30 minutos y suele ser bien tolerada, ya que se utilizan pocos puntos de aplicación por lado.
“Casi no presenta efectos adversos. Al día siguiente, el rostro puede verse levemente inflamado o con algo de enrojecimiento en los puntos de inyección, pero es muy sutil y desaparece en dos o tres días. Se recomienda evitar tocar la zona durante 24 horas, no realizar ejercicio intenso ni exponerse a sauna o sol directo por 48 horas, y no maquillarse el mismo día”, agrega Diez, quien además es fundadora de Clínica Kiakaha.
¿Cuál elegir?
Tras una evaluación personalizada, el profesional determina cuál opción es la más adecuada según el estado de la piel o, incluso, si es conveniente combinarlas.
Los resultados finales —mayor firmeza, elasticidad y bioremodelación— se aprecian de forma gradual, generalmente en las semanas posteriores a la segunda sesión. Esto se debe a que el tratamiento estimula procesos biológicos naturales que requieren tiempo.
Una vez completado el protocolo, los efectos pueden durar hasta diez meses o más. Para mantener los resultados, se recomienda una sesión de mantención semestral o anual, dependiendo del estilo de vida, la edad, la exposición solar y el estado basal de la piel. Además, puede combinarse con otros tratamientos como toxina botulínica o láser.
Dónde: Tabancura 1515, Of. 416, Vitacura
Instagram: @kiakaha.cl
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