Nuestras lectoras preguntan: ¿Es normal que mis hijos peleen tanto?




LA PREGUNTA

“Después de un año en la casa, mis hijos de 6 y 8 años están más cerca que nunca. Veo cómo se relacionan y noto que tienen más confianza y complicidad que hace un año. Me doy cuenta de esto porque escucho sus juegos, sus risas; los veo incluso defenderse entre ellos cuando los he tenido que retar. Sin embargo, así como ha aumentado su amor, también han aumentado sus peleas.

La mayoría de las veces ocurren porque alguna situación les parece injusta. Están muy atentos a eso, todo tiene que ser milimétricamente calculado para que uno no sienta que el otro tuvo más atención. El otro día, por ejemplo, compré una bolsa de gomitas masticables y al llegar a la casa las dividí en dos para que a cada uno le tocara la misma cantidad, pero jamás pensé que el color de las gomitas iba a ser un problema. Pelearon porque a uno le tocó más verdes y al otro más rojas, así que no me quedó otra que dividirlas por color.

Aunque sé que las peleas entre hermanos son normales, a veces cuando sus gritos e insultos suben de nivel, me cuestiono si he hecho algo mal para que lleguen a eso”.

Claudia (41)

LA RESPUESTA

Algunos estudios de observación como The State of Interventions for Sibling Conflict and Aggression: A Systematic Review (El estado de las intervenciones para el conflicto y la agresión entre hermanos: una revisión sistemática) publicado en Sage Journals por los investigadores estadounidenses Corinna Jenkins Tucker y David Finkelhor, han demostrado que los conflictos entre hermanos pueden ocurrir hasta ocho veces por hora. También se determinó que el conflicto disminuye en la adolescencia, en cierto modo se estabiliza y que la niñez temprana y media son momentos particularmente difíciles para la agresión entre hermanos. “Esto ocurre porque a esa edad las niñas y niños pasan por un periodo de validación que es parte de su desarrollo social, y que buscan en un adulto. Cuando crecen y entran en la adolescencia esa validación ya no la buscan en sus padres sino que en sus pares y entonces, no necesitan competir con las hermanas o hermanos por el reconocimiento de los adultos”, explica la psicóloga infantojuvenil Rocío González (@psicologa.infantojuvenil).

Dice que también influye el desarrollo emocional. “A esa edad tienen dificultad para resolver problemas. Las niñas y niños no saben aún expresar, regular y controlar muy bien sus emociones, no las conocen y, por eso, la competencia con los hermanos es parte de la realidad”. Y aunque la mayoría no pelea por cosas reales, psicológicamente la rivalidad entre hermanos tiene un propósito de desarrollo: ayuda a las niñas y niños a descubrir qué es único y especial en ellos mismos, lo que se conoce como diferenciación. “Los niños quieren ser vistos como los más especiales por sus padres, por lo que siempre van a buscar un trato preferencial. Además de la validación, en estos vínculos las niñas y niños buscan la diferenciación porque cada uno tiene cualidades particulares. Las personas para desempeñarnos socialmente necesitamos saber quienes somos y en la edad temprana eso lo hacemos a través de las madres, padres o cuidadores”, agrega González.

De todas maneras, el hecho de que se espere una rivalidad entre hermanas y hermanos no significa que no haya formas de mitigarla. “El primer consejo para las madres y padres es tener paciencia porque es un periodo acotado. Es bueno saber que es parte de una etapa y que no le ocurre solo a una persona, sino que a la mayoría, lo que nos permite sentirnos acompañados en la crianza”, dice Rocío. Agrega que es importante validar a cada una de las hijas e hijos con sus particularidades. “Si uno de mis hijos tiene más dificultades para desarrollar ciertos talentos o habilidades, o le cuestan más algunas cosas, es necesario buscar en qué son buenos para validarlos en eso, ya que esas características son necesarias para el proceso de diferenciación”.

En el momento de la pelea es importante escuchar todas las versiones. “Aunque sepa que uno tiene más razón que el otro o conozca la base del conflicto, es bueno escuchar a ambos. En estos casos una herramienta que funciona muy bien es hacer reuniones familiares cada cierto tiempo para conversar, porque en el momento de la discusión se puede abordar el problema dando contención, resolviendo y conversando, pero después en calma cada uno puede plantear las cosas que han pasado en la semana, los conflictos, lo que podemos hacer para mejorar, y así se van abriendo espacios para conocer mejor a las niñas y niños”. Y no necesariamente tienen que ser espacios de conversación formales, como los temperamentos y personalidades son destinos, se pueden encontrar actividades comunes que permitan que todos sean flexibles y se sientan conectados.

También es importante ayudarlos a que aprendan a resolver conflictos. “La idea es darles herramientas y no solo intervenir. Si el conflicto sube de tono o incluso pasa a una agresión física, de todas maneras hay que intervenir, pero una vez que los ánimos se hayan calmado, se pueden sentar y hablar del problema sin culpar ni acusar, sino que dándole la oportunidad a cada uno de hablar y pidiéndoles que encuentren una solución juntos”, aclara Rocio.

Por último la experta dice que nunca se debe retar o castigar a las niñas y niños en público. Esto no solo cuando se trata de hermanos que pelean, sino que en cualquier niña o niño. Gritarles en público afecta su autoestima, por tanto lo ideal es en ese momento contener y luego, con calma y en privado, hablar del conflicto. “Finalmente todo redunda en asumir y comprender que la competencia con los hermanos es normal y que somos nosotros, como personas adultas, las que podemos tratar de manejarlo lo mejor que podamos”, concluye.

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