El próximo paso de las empresas hacia la disrupción digital

Fotos: Pablo Sanhueza.

Juan José de La Torre, CEO de Raven, es una de las voces mundiales de la transformación digital. El otrora ejecutivo de IBM volvió a Chile en 2019, se integró a las filas de Virtus Partners y en febrero pasado comenzó la rama digital de la consultora, que cambió su nombre y apuesta a ser la principal boutique de disrupción digital a nivel global.


Juan José de La Torre habla sin detenerse sobre innovación y transformación en las empresas. El CEO de Raven, una marca enfocada en disrupción digital escindida de Virtus Partners y que se lanzó oficialmente en febrero pasado, solo se interrumpe al momento de referirse a su familia, que según refuerza, es el principal foco y motivo de todo lo que hace. De hecho, fue uno de esos momentos y vínculos sanguíneos el que marcó un antes y un después en su carrera profesional.

El ingeniero industrial de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), nacido en Viña del Mar y que ha hecho gran parte de su vida profesional en el extranjero -se fue de Chile en 2000 y volvió recién en 2019-, trabajaba para IBM en Dubai mientras se enteró que su mamá sufría de un aneurisma aórtico abdominal. Y comenzaron los cuestionamientos. “¿Cuánto tiempo más me quedaba de padres, primos o familiares? Y, sobre todo, ¿Qué quiero para mis hijos? Y nos tuvimos que sentar ahí, a conversar la que sería la decisión más difícil que hemos tomado en nuestras vidas: volver a Chile”, recuerda De La Torre.

En ese momento, comenta, en IBM había pasado a ser uno de los 100 futuros líderes de la empresa en el mundo, y que para estar en una firma que tiene más de 420 mil colaboradores, “significa que vas a llegar muy lejos”. “Mis hijos -dos, en ese entonces- hablan un perfecto inglés, están expuesto a cuarenta nacionalidades, tienen una visión global... ¿Y nosotros pensábamos en devolvernos al final del mundo? Era eso, pero con todos nuestros amigos y familia. A las raíces”, rememora. Fue justo en ese instante que se dio el contacto con Virtus.

La rama digital de Virtus Partners comenzó hace un par de años, pero en febrero pasado pasó a llamarse Raven y tiene a Juan José de La Torre a la cabeza.

La empresa, experta en consultoría en alta dirección, buscaba a un experto en temáticas digitales. Evidentemente, viendo hacia el futuro y, sin saber lo que se avecinaba con la pandemia y la pronta digitalización de las empresas, se preparaban para ello. El primer acercamiento fue en un almuerzo. De La Torre supo que estaban presentes y que andaban en averiguaciones, buscando un especialista. “Pero yo andaba en otra”, recuerda. Luego vino una reunión y “fue un match perfecto”. Si debía volver a Chile, dice, tenía que ser algo “que me bajara del avión” y que lo dejara bien localizado en el país, mientras en paralelo podía ocuparse de sus problemáticas familiares.

“La idea era volver y estar más tiempo con mi mamá, pero también que mis hijos pasaran los días con su abuela...”, recuerda él, y fue en ese momento, en marzo de 2019 -estuvo hasta un mes atrás en IBM-, que regresó a Chile como socio de Virtus. Ahí la familia se amplió, pero comenzaron también otros desafíos laborales: la realidad nacional, al menos en digitalización, disrupción e innovación era muy distinta a la que se vive en el extranjero, donde las compañías están constantemente un paso más adelante. Se da una pausa y esboza una sonrisa leve, con un mirada de sorpresa. “Y mi primera impresión fue... ‘La cagué’”, recuerda entre risas.

Disruptar o ser disruptado

La experiencia de De La Torre con startups, digitalización e innovación se remonta a fines de los 90. Por ese entonces, cuando estaba en el último año en la UAI de Viña del Mar y en que eran los tiempos del boom inicial del internet, creó su primera iniciativa: I-Education Holdings, una startup de educación que tenía distintos productos -entre ellos MiClase y ElAula-, y que fue partner del Gobierno de Chile durante el mandato del expresidente Ricardo Lagos. Después evolucionó a un software de clases en colegios y las oficinas centrales pasaron a estar en Estados Unidos. Él dejó la empresa en el año 2000.

En ese entonces, en plan de “mochileo” junto a su novia y actual esposa, decidieron partir hacia España. “Y por esos eventos de startups y demáses, ofrecieron quedarme como consultor y lo tomé con el plan de quedarme unos meses, pero se transformó en veinte años”, recuerda entre risas. Así pasó parte de esos años entre Corea del Sur, Japón, Estados Unidos, entre otros países.

En Europa entonces levantó su segunda startup, SCM-Medialab, especializada en guerrilla marketing, y que fue la primera en España en hacer marketing con videos y que también vendió posteriormente, con la idea de hacer un MBA en Insead -con facultades en Singapur y Francia-. Regresó a Dubai, donde se habían trasladado previamente con su esposa en 2008, y se integró a una consultora, siempre vinculado a la transformación digital. Y amplió entonces su repertorio.

Viajó con proyectos de innovación y desarrollo por Medio Oriente y África, y pasó por Sudán, Costa de Marfil y otros países del oeste africano. “Hubo, entonces, todo un periodo de conocer y de ver que hay un montón de cosas interesantes en otros lados, y que la visión tenemos en Chile de cultura y de mundo es muy distinta a la que hay afuera”, plantea. Ahí mismo formó su entonces tercera startup, Imaginalab, enfocada en estrategias digitales, que montó en Dubai y luego fue adquirida por un conglomerado del Medio Oriente.

Desde eso ha estado inserto en el ecosistema de innovación y emprendimiento. Hoy está en el directorio de once incubadoras y aceleradoras alrededor de todo el mundo, desde Silicon Valley hasta Palestina -en el único presente en el país-, ha mentorado a más de 200 startups e invertido en 14. Además, está certificado como European Angel Investor, de la Comisión Europea. Entonces, cuando decide invertir, se le realiza un matching a sus “fondeos”. “Participaba bastante en ese círculo de inversión... y los emprendedores fueron reemplazados cuando llegaron mis hijos reales”, bromea.

Jota jota, como le dicen en su oficina y se escucha de un lado a otro, de camisa a rayas y pantalón rojo, se interrumpe y saluda. Hace una señal y entra su esposa con su hija menor. Se saludan, hablan unos minutos y pasa un rato con la menor. Al retomar, explica que estando en Dubai ingresó a IBM, pero que el requisito era estar 90% viajando sobre un avión. Su compañera, con quien está casado desde 2004, decidió entonces dedicarse a la maternidad.

Realidad local

Antes que todo, De La Torre advierte que haber estado 20 años fuera de Chile le ha entregado un mayor bagaje con respecto a la industria global. Eso mismo lo hace ser un poco más crítico con el mercado local. “Veo el vaso medio lleno, pero me cuesta entender el motivo de si con todas las oportunidades que tenemos y potencialidades, no somos líderes en Latinoamérica en disrupción o transformación, ni tampoco por qué hay más Raven en Chile”, asegura.

Los primeros meses en Chile, dice, fueron muy difíciles, “de tocar muchas puertas y de hablar con mucha gente”. “Tuvimos que darnos cuenta que esa experiencia, que para mí era natural y una conversación obvia, en otros mercados como este requería de mucha evangelización”, recuerda. Empezaron a afirmarse con proyectos. El primer pivotaje, entonces, vino cuando sucedió el estallido social. “Pero el daño que se causó en infraestructura, hizo que muchos de nuestros clientes cambiaran sus presupuesto de innovación y desarrollo hacia reparación. Tuvimos que pensar que, si Chile ya no era el mercado, había que cambiar el plan original”, recuerda.

Tomó un avión y levantó una gira de tres países. El resultado fue que para enero de 2020 tenían proyectos en Perú, México y Colombia. Luego vino el Covid-19. “Ahí todas las inversiones se fueron a cero, porque nadie sabía qué sucedería. Y hubo un segundo pivotaje para pensar cómo convertíamos lo que estábamos haciendo, en productos que fueran fácil es de vender y no tener más conversaciones de consultoría”, recuerda.

Silenciosamente, asume, comenzó a formarse Raven. Si bien Virtus tenía distintas áreas de consultoría, todas caminaban bajo un mismo nombre. Finalizaron 2020 con cerca de 25 personas en su equipo y entraron a un 2021 que terminaron con el doble, y habiendo ejecutado más de 40 proyectos en 30 meses. Y con triplicar o cuadruplicar ingresos todos los años, asegura. Trabajaron en Perú con El Comercio, en México con Invex, con Santander en España -”primera vez que España contrataba a Chile”, dice él-, y a nivel nacional con CMPC, COCHA y Cemento Melón, entre otros. Básicamente, el rol de la rama digital de la consultora es ser el mejor compañero de las distintas firmas en su camino hacia la disrupción y aceleración de sus negocios. Como dicen ellos, entregan soluciones end-to-end y que van desde la idea del proyecto, hasta su ejecución, tratando el diseño, la experiencia de usuario, tecnología y datos.

Con todos los proyectos que manejan actualmente, De La Torre dice que no alcanza el equipo a dimensionar lo que están haciendo. “Lo que hacemos es apoyar a las organizaciones en el camino hacia la disrupción, en cómo crear negocios disruptivos y cómo acelerar esos procesos de disrupción, y no queremos facturar más ni tener la mayor cantidad de gente, sino hacer los proyectos más entretenidos y desafiantes de disrupción”, asume el ejecutivo.

La disrupción de las empresas

Existen tres procesos, dice De La Torre. El primero parte con la digitalización, “y que es donde gran parte de las organizaciones están hoy en día”. El segundo es la transformación, que tiene que ver con la reinvención de los procesos. Y el tercer punto es la disrupción. “Tiene que ver con identificar oportunidades de negocio no en el core business: es el reentendimiento de los activos y que nos puede llevar a identificar nuevas oportunidades, que vienen con nuevos modelos”, resume el ingeniero. Luego ejemplifica. “Si esto fuera un medio de comunicación, uno de sus activos más valiosos es la credibilidad, ¿Qué más puedo hacer e inventar con esa credibilidad?”, cuestiona.

Toma el propio caso de Raven como una marca escindida de otra, a la luz de las necesidades en el mercado y la credibilidad de la empresa. “Somos el disruptor de Virtus y nos estamos comiendo nuestra propia medicina”, plantea. Hay dos posturas en el ecosistema: disruptar o ser disruptado. “Esto conlleva hacer entender a las empresas que es un proceso constante, no algo que vaya de la mano con un proyecto y es un cambio de mentalidad: no durará 18 meses, sino que es algo para siempre”, afirma el CEO de Raven.

La disrupción en las empresas, dice De La Torre, debe ser algo constante y del día a día, no un esfuerzo de un solo proyecto.

Es necesario siempre estar en una constante evolución y cambio, dice, porque así como se van levantando las necesidades de los clientes y las van solucionando, estas mismas evolucionan. “Si no, miremos cómo Chile ha evolucionado en estos último tres años... Desde que volví, los cambios fueron tremendos”, reitera. Ante eso, hay que estar “con las antenas escuchando constantemente”, adaptándose y evolucionando. “Y eso es muy distinto al modelo tradicional, en que una empresa decide qué producto lanzará, se fabrica y lo pone en el mercado, bombardeado de márketing. Eso, versus entender al cliente y crear el producto que le hace juego: por un lado tenemos una postura menos humilde, en la cual creo saber lo que quiere el cliente, y en la otra lo hacemos con él al centro”, desarrolla.

Los ejemplos nacionales

Al momento de volver a Chile, como venía una o dos veces al año, tenía la imagen de un país que se desarrollaba mucho y que crecía. “Pero me encontré con una clase empresarial muy conservadora, reacia a innovar y a generar disrupción y transformación, con mercado poco competitivo y con una dicotomía”, plantea el ejecutivo, y explica que a nivel nacional se tienen los elementos fundamentales para estar liderando en transformación digital y en adopción de tecnología.

“Pero tanto a nivel empresarial como Gobierno están todavía digitalizando, y seguimos enfocados en tomar el mismo proceso y mejorarlo digitalmente, y no tomando grandes apuestas a transformar los procesos y hacer cosas distintas”, asegura.

Eso sí, Juan José de La Torre dice que entre las firmas que están siempre atentas al consumidor y son un ejemplo está SKY Airlines. “Tienen el realmente ponerse en los zapatos del cliente y estar ahí, y uno puede ver al presidente ahí, donde las papas queman y se nota eso”, asegura. Menciona también a NotCo y Betterly, entre otras. “Han encontrado propuestas de valor interesantes, que han sido capaces de paquetizarlas, estructurarlas y hacerlas escalables”, comenta, y luego añade a MATCH. “Es bastante interesante, con un potencial mucho más grande y apenas están rascando la superficie”, propone.

Luego, en el área industrial, “que se le ve más lejos”, muchas veces es pionera en estos temas y avanza más que el área orientada a consumidor, que es lo que uno piensa que está primero o más cercano. Los productos, eso sí, deben permitirse evolucionar -así como las necesidades de los clientes están en contante cambio-.

“Uno de los problemas grandes de las corporaciones es que quieren resolverlo todo de una y cuando hacen algo nuevo, e incluso algo disruptivo, quieren tenerlo todo listo y al final hay dos alternativas: evolucionar lo que tienes o te metes en cosas nuevas”, asegura y la transformación digital es meterse en cosas nuevas apalancando quién eres y lo que has hecho”, acota. Y la disrupción digital tiene que ver con iniciar cosas nuevas apalancando “quién eres y qué has hecho”, lo que se sabe y los activos que se tiene, y con eso “ir a jugar al terreno de otro con una manera de jugar distinta”, que ayudará a evolucionar lo que se tiene.

Hoy Raven tiene el 90% de sus trabajos fuera de Chile, y ya cuentan con oficinas en Berlín, Madrid, México, Bogotá y Santiago, con la idea que la sede local sea el cuartel central. “Nuestro compromiso es hacerlo desde Chile hacia el mundo, y vemos una gran oportunidad y está en nosotros apovecharla y llevarla hacia adelante”, cierra De La Torre.

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