El necesario debate sobre la productividad

Si las empresas no cambian sus estrategias de negocios desde aquellas centradas en costos a las enfocadas en innovación, cuando han logrado crecer y acercarse las empresas líderes a nivel mundial, el crecimiento de la productividad se estancará y los países enfrentarán la llamada trampa de los países de ingreso medio.


En su más reciente informe de política monetaria, el Banco Central (BC) elevó significativamente las estimaciones de crecimiento para nuestra economía en 2021. Una proyección del BC que recibió menos atención fue la de crecimiento tendencial o de mediano plazo.

De acuerdo con las estimaciones del BC, el PIB tendencial de nuestra economía crecería a un ritmo de 1,7% por año en el período 2026-2030, debido a una disminución significativa en el desempeño de la productividad. El BC espera que ésta crezca a un ritmo de apenas 0,35% por año en la presente década, muy por debajo del 1% esperado previamente.

De materializarse este escenario, enfrentaremos un estancamiento que dificultará la ampliación del sistema de protección social y la recuperación y creación de empleos.

Es importante entender qué está detrás de la caída en el crecimiento de la productividad. En un estudio reciente con mis colegas Matías Braun y Sebastián Bustos, hemos presentado evidencia empírica que indica que el tipo de modelo de negocio que implementa una empresa es clave para entender el crecimiento de su productividad. Esta evidencia está conectada con nuestros desafíos en materia de productividad.

Los modelos de negocios son el conjunto de actividades que realizan las empresas tendientes a lograr una ventaja competitiva en un mercado o industria. Algunas empresas son más intensivas en adopción de tecnologías o buenas prácticas, lo que junto con eficiencia operacional les permite generar un liderazgo en materia de costos. Otras empresas son más intensivas en actividades tendientes a innovar.

La evidencia que presentamos indica que cuando los países son relativamente pobres, implementar una estrategia basada en la adopción tecnológica y en reducción de costos es la adecuada para acelerar el crecimiento. La lógica económica es simple: si la fórmula está inventada, es mejor usarla eficientemente a gastar recursos en tratar de desarrollar una propia. Pero conforme los países van progresando, las empresas deben aumentar las actividades orientadas a innovar.

La consecuencia en materia de estrategia de desarrollo económico es clara. Si las empresas no cambian sus estrategias de negocios desde aquellas centradas en costos a las enfocadas en innovación, cuando han logrado crecer y acercarse las empresas líderes a nivel mundial, el crecimiento de la productividad se estancará y los países enfrentarán la llamada trampa de los países de ingreso medio. Es decir, una situación en la que un país que ha alcanzado un ingreso de país de desarrollo intermedio experimenta una caída en su crecimiento que detiene el proceso de convergencia hacia los niveles de ingreso de los países desarrollados.

Si queremos fortalecer el crecimiento y generar más y mejores empleos, necesitamos que nuestras empresas adopten modelos de negocios donde la innovación sea central. Necesitamos también darles oportunidades a los emprendedores innovadores para desarrollar nuevos modelos de negocios. Aunque tenemos empresas que se han movido en esa dirección, son casos puntuales y no parte de una tendencia. Así lo muestra el ranking de competitividad del WEF, que nos ubica en el lugar 74 a nivel mundial en materia de adhesión a ideas disruptivas por parte de nuestras empresas.

¿Qué se requiere para que las empresas tengan el incentivo a moverse hacia estrategias basadas en innovación? En primer lugar, se requiere mayor competencia. Sin mercados competitivos, las empresas incumbentes no tienen incentivos a innovar. Un ejemplo es la transformación energética que experimentó nuestro país, como resultado de mayor competencia inducida por ajustes regulatorios realizados en la administración pasada.

Pero hay muchos mercados aun donde falta competencia. Es clave que la Fiscalía Nacional Económica juegue un papel activo en revisar los ajustes regulatorios o legales que se deben hacer para aumentar la competencia. También se requiere que la Comisión de Productividad logre reconocimiento legal y que tenga mayores atribuciones para proponer acciones concretas para aumentar la productividad. Y, sin duda, es importante avanzar en resguardar adecuadamente los derechos de los consumidores.

Pasar a una etapa de innovación requiere también un Estado capaz de generar bienes públicos productivos. Más y mejor educación en todos los niveles, mayor inclusión que le de oportunidades a todo el talento que tenemos, mayor inversión en I+D por parte del Estado, desarrollo de sectores estratégicos, respeto al derecho de propiedad y estabilidad macroeconómica son algunos ejemplos de instituciones económicas claves para la innovación. Es claro que todo esto requiere un Estado con recursos y con capacidad para fortalecer el funcionamiento de nuestra economía y lograr un desarrollo sustentable.

Tener una discusión responsable sobre los desafíos en materia de crecimiento es clave. La discusión hoy no apunta en esa dirección. Hay quienes proclaman que transformarnos, por ejemplo, en un país nórdico es solo un problema de voluntad política. Es cosa de bajar la jornada laboral, subir drásticamente el salario mínimo y los impuestos, y no sobredimensionar el respeto a los derechos de propiedad.

Hay otros que dicen que tenemos que bajar los impuestos, desregular, disminuir el tamaño del Estado. Lo cierto es que las prescripciones de estos extremos solo profundizarían la tendencia a la baja en materia de bienestar. Necesitamos un punto de encuentro que reconozca los avances logrados y permita dar el salto en productividad que necesitamos para sostener una sociedad más equitativa.

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