La estrategia de Corfo frente a la decisión de startups locales de ubicar sus matrices fuera de Chile

Brainstorming startup ideas on a window

Si bien no existe un catastro depurado, en la industria estiman que hay más de 60 startups tecnológicas chilenas que hoy tienen su domicilio principal en el exterior, específicamente en Delaware (EE.UU.) e Islas Caimán. El timonel de Corfo, José Miguel Benavente, tiene en el radar una serie de fórmulas para incentivar que las externalidades positivas que generan las empresas de este tipo, y que reciben financiamiento público, se queden en Chile por más tiempo.


La intensa y progresiva tendencia de decenas de exitosas startups chilenas que operan y crecen en Chile, pero instalan sus domicilios fuera del país no ha dejado indiferente a nadie. Mientras algunos ven con interés e inquietud el fenómeno que se repite en otras partes del mundo, la política pública comienza a ocuparse de cómo el círculo virtuoso y las externalidades positivas del crecimiento de estas empresas puedan beneficiar con mayor profundidad y por más largo tiempo al mercado chileno.

Si bien no existen cálculos depurados, el presidente de la Asociación Chilena de Venture Capital (ACVC), Francisco Guzmán, estima que ya existen más de 60 startups chilenas que han decidido situar sus matrices fuera de Chile con el objetivo de crecer y obtener financiamiento que muchas veces no tienen en el país.

La creciente tendencia ha instalado un debate incluso al interior del sector privado. El presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Juan Sutil, deslizó una inesperada crítica a las unicornio chilenas como Cornershop, NotCo y Betterfly en entrevista con Pulso hace algunas semanas: “Les tengo mucho cariño y considero que son notables todas ellas. Sin embargo, les critico que estas empresas muchas veces terminan radicándose en Estados Unidos, muchas de ellas en Delaware, lo que significa que ese talento se queda afuera de Chile, y los impuestos se pagan afuera tanto en personas como empresas. Es un semillero que no le da una retribución al país. Entonces, se han consolidado como rockstars y es muy notable y sorprendente lo que han logrado, pero finalmente todo eso queda en Estados Unidos y queda muy poco en Chile”. La declaración del líder del tradicional gremio empresarial generó más de una incomodidad en la reluciente y pujante industria de startups chilenas cuyo éxito y crecimiento ha llevado a estos emprendimientos a instalarse mayoritariamente en Delaware (EE.UU.) o Islas Caimán.

El vicepresidente ejecutivo de Corfo, José Miguel Benavente, sostiene que la tendencia se explica fundamentalmente por la falta de financiamiento a nivel local. “Si hubo un sistema de financiamiento local débil y muy adverso al riesgo que no creyó en estas ideas (de emprendedores chilenos) que se iban a comer el mundo, entonces las empresas se fueron a buscar financiamiento afuera (...) La crítica de Sutil es casi un disparo que se está haciendo el mismo sector empresarial chileno de por qué no aceptaba el financiamiento local en el momento que ellos lo necesitaban”, afirma Benavente.

El timonel de Corfo reconoce, no obstante, que el planteamiento del líder empresarial cobra sentido si se tiene en cuenta que casi la totalidad de las startups chilenas de gran éxito han tenido financiamiento público en sus primeras etapas. “Sutil tiene un punto y nosotros estamos buscando mecanismos inteligentes para generar una mayor externalidad positiva en el país, que no signifique obligar a las startups a quedarse en Chile”, afirma Benavente, quien explica que para muchas de estas empresas tecnológicas la demanda está fuera del país.

El ingeniero y economista comenta que la idea es avanzar a una fase tres del programa Startup Chile donde se potencie el financiamiento local para estos emprendimientos y se amplíe el esfuerzo de innovación hacia las regiones.

“Antes de decirle (a la startup) que no se vaya de acá y pague impuestos acá, diría que lo primero es buscar otras soluciones como que encuentre financiamiento en Chile y también pensar cómo aprovechar a los equipos, no a las empresas, para que ayuden al país a mejorar en varias dimensiones. Un ejemplo de externalidad positiva es Pablo Zamora, quien es hoy presidente de Fundación Chile y director de BancoEstado. Él tiene en su cabeza toda la experiencia del proceso (de NotCo) y lo va a poner a disposición en Chile”, afirma Benavente, quien destaca -a modo de ejemplo- la experiencia de otros países donde se les pide a este tipo de estos emprendedores que elijan proveedores locales para su negocio a nivel internacional.

Pero el ejecutivo va más allá y dice se va a implementar un programa de evaluación (due dilligence) y financiamiento para una parte de las necesidades de capital de los emprendimientos, al alero de lo que será la Banca Nacional del Desarrollo, de manera de disminuir el riesgo e incentivar al sector privado chileno a aumentar sus aportes.

Aclara, además, que el sesgo de la política pública y de financiamiento se centrará en temas ambientales, sustentabilidad, desarrollo territorial y generación de empleo de calidad, cuya demanda inicial es más a nivel local.

Las variables en juego

Existe coincidencia en la industria del capital de riesgo que la instalación de las startups en el extranjero resulta inevitable si se aspira conectarse con las redes de financiamiento que superen los US$5 millones.

“Mientras más grandes las startups, más incentivos para instalarse afuera. Nosotros mismos como inversionistas se lo pedimos. Muchos fondos norteamericanos, por ejemplo, no están interesados en meterse en una SpA (Sociedad por Acciones) en Chile y muchos de ellos le piden irse a Delaware para hacer business as usual (negocios como lo acostumbrado)”, afirma Claudio Barahona, socio director del fondos de inversión Alaya Capital Partners. Sin embargo, el ejecutivo también reconoce que instalarse en localidades como Delaware o Islas Caimán genera innegables beneficios tributarios para la empresa y sus socios.

“Tuvimos que incorporarnos en EE.UU. porque aquí no había inversionistas locales dispuestos a invertir en nuestra startup”, afirma Matías Muchnick, CEO y cofundador de la unicornio chilena NotCo, cuya valorización de mercado bordea los US$1.500 millones.

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En la misma línea, Pedro Pineda, CEO de la tecnológica financiera Fintual, reafirma las razones de su instalación en Estados Unidos. “En Chile no hubo fondos de capital de riesgo que quisieran invertir en Fintual al principio, por eso tuvimos que incorporarnos en EE.UU. para que los inversionistas de allá pudieran hacerlo (la aceleradora de startups estadounidense). Y Combinator, por ejemplo, lo exigió como un requisito”, explica Pineda.

Trato impositivo

Para los expertos, la tendencia de las startups chilenas de instalarse en localidades con altos beneficios tributarios es un fenómeno a nivel global. Para Ricardo Guerrero, excoordinador de Política Tributaria del Ministerio de Hacienda y fundador y director ejecutivo de Centro Contribuye, tener inversiones en “paraísos fiscales” garantiza a las empresas y, en muchos casos a sus dueños, el pago de muy pocos impuestos a nivel global por la explotación de la marca o patente de invención, y estar amparados por el secreto.

“Delaware cuenta con una regulación corporativa-impositiva donde las empresas crean sociedades filiales para radicar sus marcas o patentes de invención de alto valor, y que les garantiza no pagar impuestos por las utilidades que reciben por la explotación de esas marcas o patentes de invención. Entonces, desde un punto corporativo-tributario, el negocio se estructura de tal forma que la mayor cantidad de ingresos por explotación de marca y patente de inversión queden radicados en Delaware, pagando la menor cantidad de impuestos posibles en otros países por algún impuesto que grave el pago asociado a la explotación de marcas o patentes de invención”, explica Guerrero.

Sin embargo, Francisco Guzmán, de la Asociación Chilena de Venture Capital, discrepa y asegura que las startups chilenas se instalan en el extranjero por razones de financiamiento de mayor envergadura y no por causales tributarias. “Es un error plantear que las startups chilenas incorporan su matriz en el extranjero para buscar un mejor trato tributario (...) Los inversionistas que están dispuestos a invertir estos montos, generalmente están basados en el extranjero e invierten en jurisdicciones que conocen, como Estados Unidos (Delaware), UK (Reino Unido) o Caimán, dependiendo de adonde opere la compañía, el origen de sus ingresos y sus inversionistas”, afirma el también abogado de Carey, quien explica que los chilenos que requieren levantar más de US$5 millones o US$10 millones se ven obligados a incorporar su matriz en el extranjero para cumplir las exigencias de los inversionistas.

“El desafío de Chile es crear las condiciones para incentivar la inversión en venture capital, de tal forma que nuevos inversionistas participen en la industria (...) Evidentemente, se genera un beneficio importante para el país si se brindan las condiciones para la inversión en startups en Chile, sin la necesidad de salir tempranamente a buscar capital en el extranjero”, concluye Guzmán.

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