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Tener hijos le cuesta el empleo a las mujeres: la brecha laboral que golpea a las madres chilenas

Cuando hay niños menores de cinco años en el hogar, la tasa de participación laboral de las mujeres cae al 58,3%, mientras la de los hombres sube al 85,7%. Una diferencia de 27,4 puntos que define el mercado laboral femenino en 2026.

Mujer joven sin trabajo isayildiz

La tasa de desempleo de las mujeres en Chile regresó al 10% durante el trimestre enero-marzo de 2026, según las cifras del INE conocidas la semana pasada y que vuelven a poner en relieve el difícil escenario laboral femenino.

En ese contexto, el informe Zoom de Género N°37 elaborado por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), destaca que estas cifras muestran además que la brecha respecto a los hombres se amplía: mientras el desempleo masculino se mantuvo estable en 8,1%, el femenino subió 0,5 puntos porcentuales en doce meses. La diferencia entre ambos grupos pasó de 1,4 a 1,9 puntos porcentuales en un año.

El número de mujeres desocupadas llegó a 452.137 en el trimestre analizado, es decir, 31.046 más que en el mismo período de 2025. La cifra no solo preocupa por su magnitud, sino por la calidad del ajuste que hay detrás: el nuevo empleo que se está generando para las mujeres es casi en su totalidad informal. De los puestos de trabajo femeninos creados en doce meses, 45.046 corresponden a empleo informal, frente a apenas 4.885 empleos formales, una relación de casi diez a uno que, según los especialistas, no configura una recuperación genuina sino una migración hacia la precariedad.

Paradójicamente, el informe muestra que tanto el empleo y desempleo femenino aumentaron. Para Juan Bravo, director del OCEC UDP y economista laboral, este hecho tiene una explicación técnica con consecuencias muy concretas: la fuerza laboral femenina creció más rápido que los puestos disponibles, y ese desfase se traduce en más mujeres buscando trabajo sin encontrarlo.

“La tasa de desempleo no sólo depende de la creación de empleo, sino también de la evolución de la fuerza laboral. Mientras el crecimiento anual del empleo femenino fue de 1,2%, la fuerza laboral femenina creció al 1,8% anual. En consecuencia, si bien se creó empleo femenino, éste fue insuficiente para absorber el aumento de la fuerza laboral de mujeres”, explica Bravo.

El economista también advierte que la informalidad no es solo un indicador de calidad laboral, sino una válvula de escape ante la falta de empleos asalariados formales. “En parte, el alza del empleo informal ocurre precisamente debido a la falta de oportunidades de empleo asalariado formal en el sector privado”, añade. “Muchas personas, con tal de evitar el desempleo, prefieren insertarse en empleos informales, porque al menos les permite generar ingresos.” El resultado, advierte, es que la tasa de desempleo podría ser incluso mayor si no fuera por esta válvula de escape hacia la informalidad.

Uno de los datos más llamativos del informe es que el mayor aumento del desempleo femenino se produjo en el segmento con educación superior completa: +1,0 punto porcentual en un año, llegando al 9,3%. Las mujeres con secundaria completa, en cambio, registraron una leve baja de 0,1 puntos. La educación, que en teoría debería ser un escudo ante el desempleo, se convirtió en el trimestre analizado en el factor de mayor exposición entre las mujeres.

Esta incongruencia se explica en parte por la destrucción de empleo formal en sectores de alta calificación. Pero también, según Bravo, por el impacto diferencial que tienen los costos laborales asociados a la contratación de mujeres. Para llegar a una tasa de desempleo femenino equivalente al promedio de la década 2010-2019 (7,9%), habrían sido necesarias 94.099 mujeres desocupadas más en situación de ocupación plena. La distancia entre esa meta y la realidad actual define el tamaño del problema.

Entre los datos que más alarma generan está el crecimiento del desempleo de larga duración femenino: las mujeres que llevan 12 meses o más buscando trabajo sin encontrarlo aumentaron en 21.579 personas en un año, acumulando un alza de 26,3%. Al mismo tiempo, entre los hombres, este indicador bajó 13,4%. Hoy, el 22,9% de todas las mujeres desocupadas está en desempleo de larga duración, la cifra más alta desde el trimestre diciembre 2021-febrero 2022.

María José Díaz, de ChileMujeres, subraya que este dato no puede leerse solo en clave estadística. “Cuando una mujer lleva más de un año desempleada, el impacto va mucho más allá de no tener ingresos: también se ven afectadas sus competencias, su empleabilidad y su salud. Estas cifras nos muestran que el deterioro del mercado laboral no está afectando a todos por igual, está afectando más a las mujeres”, sostuvo.

La brecha y los hijos

El informe identifica con precisión cuándo se produce la mayor fractura en la participación laboral de las mujeres: cuando hay niños menores de cinco años en el hogar. En ese segmento, la tasa de participación de los hombres llega al 85,7%, mientras la de las mujeres cae al 58,3%. La brecha es de 27,4 puntos porcentuales, casi diez puntos más amplia que la brecha general de 18,1 puntos.

Para Díaz, la causa no es la biología, sino la arquitectura institucional y cultural. “Culturalmente seguimos asignando el cuidado de los hijos e hijas a las mujeres y nuestras leyes no solo no corrigen esto, sino que en muchos casos lo refuerzan, desincentivando e incluso encareciendo la contratación de mujeres”, afirmó. El actual artículo 203 del Código del Trabajo vincula el costo de la sala cuna a la decisión de contratar una mujer, lo que desincentiva directamente su contratación. “Cada mes sin una nueva ley de sala cuna es un mes donde el costo del cuidado sigue afectando el empleo de todas las mujeres y no solo de las madres.”

¿Cuánto empleo hace falta?

El informe cierra con una proyección concreta: para que la tasa de desempleo femenino hubiese retornado al 7,9%, nivel promedio de la década 2010-2019, habría sido necesario 94.099 empleos adicionales en el trimestre enero-marzo de 2026. No cualquier empleo, sino empleo de calidad. “Cuando hablamos de una recuperación del mercado laboral no sólo hablamos de reducir la tasa de desempleo, sino de que los empleos que se creen sean de buena calidad, formales y sin subempleo. Si la tasa de desempleo baja únicamente a costa de generar empleo de mala calidad, más que una recuperación genuina sería un traslado desde el desempleo a empleo precario”, advirtió Bravo.

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