El costo de no anticiparse a los riesgos climáticos en el sistema de salud
El cambio climático plantea un desafío creciente para los sistemas de salud: anticipar sus efectos sobre la población y preparar la red asistencial. Las olas de calor, los incendios forestales, la contaminación atmosférica, la escasez hídrica y la distribución de enfermedades generan riesgos que pueden agravarse según las condiciones sociales y territoriales de cada comunidad, dicen los expertos.
Según explicó Álex Godoy, director del Centro de Investigación en Sustentabilidad y Gestión Estratégica de Recursos (CISGER), el cambio climático todavía se ha incorporado “muy poco” en los sistemas de salud, principalmente en materia de formación y concientización. “No hay ninguna estrategia de riesgo, no hay ninguna estrategia de trabajo con mapas de salud, con mapas de riesgo de olas, de calor, inundaciones o cómo esas inundaciones pueden llevar a enfermedades gastrointestinales”, afirmó.
En enero de 2026 se publicó el Plan Sectorial de Adaptación al Cambio Climático en Salud, actualizado en 2024 por el Ministerio de Salud. El documento contempla 15 medidas sobre vigilancia epidemiológica, preparación frente a eventos extremos, capacitación, vulnerabilidad de los establecimientos y seguridad hídrica. Su publicación, sin embargo, no demuestra hoy un plan de trabajo concreto en la instalación de toda la red asistencial. ¿Por dónde se debe empezar a avanzar según los expertos?
En una primera instancia la anticipación y preparación de un plan depende de contar con información que permita identificar cómo los impactos climáticos afectan a distintos grupos de la población.
Florencia Borrescio-Higa, académica de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez y experta en economía de la salud, explica que buena parte de la evidencia disponible proviene de Estados Unidos, Europa y Australia, mientras que en Chile todavía es limitada la investigación sobre las diferencias por territorio, nivel socioeconómico y acceso a servicios sanitarios. Pero existe una realidad que sí puede afirmar: “El cambio climático no crea desigualdad en salud, sino que amplifica las desigualdades ya existentes. En Chile existen brechas importantes en el acceso a servicios de salud y en la salud de las personas, muy relacionadas al ingreso y lugar de residencia”, explicó.
Expone también, que una ola de calor, por ejemplo, puede tener consecuencias distintas para una persona que trabaja al aire libre, vive en una vivienda mal aislada o reside en un barrio con poca vegetación que para alguien con mejores condiciones habitacionales y acceso a climatización. La vulnerabilidad está determinada tanto por factores biológicos, como la edad y las enfermedades preexistentes, como por condiciones sociales que pueden abordarse mediante políticas públicas.
Para conocer mejor estas diferencias, Borrescio-Higa advierte que se necesita fortalecer la evidencia local. Aunque existen estimaciones de mortalidad asociada al calor a nivel comunal, aún falta información sobre cómo varían sus efectos según ingresos, educación y demanda de atención sanitaria. “Necesitamos conectar los datos administrativos que ya existen: defunciones, consultas de urgencia, hospitalizaciones, calidad del aire y variables climáticas, además de información sobre incendios”, señaló.
El costo de no anticiparse
Los impactos climáticos también pueden reducir la productividad, aumentar la presión sobre los hospitales e interrumpir servicios esenciales. Borrescio-Higa señaló que en 2024 los eventos meteorológicos extremos generaron pérdidas cercanas a US$2.100 millones en Chile, una de las mayores proporciones del PIB en América Latina. Además, una proyección de la Cepal estima cerca de 1.000 muertes adicionales al año hacia mediados de siglo, bajo un escenario de altas emisiones, considerando solo los cambios de temperatura.
Los establecimientos sanitarios también pueden enfrentar aumentos bruscos de la demanda y fallas en servicios críticos, como el suministro eléctrico y de agua. Por eso, contar con sistemas de alerta, vigilancia sanitaria e infraestructura capaz de operar durante eventos extremos fortalece la respuesta del sistema, y por ende, de la calidad de gestión.
Entre las amenazas que requieren mayor atención está el humo de los incendios forestales. El Lancet Countdown identifica a Chile entre los países de América Latina con mayor aumento de los días de peligro de incendios, mientras que sus efectos sanitarios siguen insuficientemente incorporados en las estimaciones económicas por falta de datos. “En seis países de Latinoamérica, incluido Chile, menos del 1% de los proyectos de investigación financiados públicamente aborda conjuntamente cambio climático y salud”, indicó la académica.
Preparar la red asistencial
Desde el Colegio Médico, el diagnóstico apunta a incorporar estos riesgos directamente en la gestión sanitaria. El dr. Yuri Carvajal, presidente del Departamento de Medio Ambiente del gremio, afirmó que el cambio climático “dejó de ser una amenaza futura. Es un problema de salud pública que ya está afectando a las personas y debemos tratarlo con esa urgencia”.
Durante este año, el departamento ha desarrollado 29 sesiones semanales, con apoyo de universidades, sobre seguridad hídrica y alimentaria, salud mental, contaminación y adaptación de establecimientos sanitarios.
Según Carvajal, el desafío es pasar de la identificación de riesgos a una preparación efectiva de la red. “Todavía no estamos suficientemente preparados. Tenemos planes, formularios, indicadores y protocolos, pero eso no significa necesariamente que exista una respuesta articulada y efectiva en toda la red de salud. Necesitamos pasar del documento a la acción”.
Esto supone, aseguró, incorporar la adaptación en la planificación sanitaria, desde la infraestructura y la eficiencia energética hasta la vigilancia epidemiológica y la formación de quienes toman decisiones. “También implica preparar hospitales y centros de atención primaria para operar durante olas de calor y otros eventos extremos, fortalecer los sistemas de alerta e identificar a los grupos de mayor riesgo”, indicó el doctor.
Para los especialistas consultados, el reto es anticipar dónde se concentrarán los riesgos, qué grupos serán más vulnerables y qué capacidades necesitará la red para responder. Sus propuestas apuntan a traducir la adaptación al cambio climático en prevención, información y preparación de los establecimientos, para reducir sus consecuencias sobre la salud y la continuidad de la atención.
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