Tierras raras: la nueva frontera que está explorando la minería chilena
La demanda por minerales críticos abre una oportunidad para Chile, tanto en la recuperación de materiales ya extraídos como en el desarrollo de una nueva industria de tierras raras. El desafío, dicen los expertos, está en escalar estas actividades sin aumentar la presión ambiental sobre los territorios.
Durante décadas, los relaves mineros fueron considerados el punto final del proceso productivo. Hoy, explican los expertos, la transición energética y la demanda internacional por minerales críticos están cambiando esa mirada. Materiales que antes no tenían valor comercial pueden convertirse en una fuente secundaria de recursos.
La minería chilena genera cerca de 1,7 millones de toneladas de relaves al día y cuenta con unos 795 depósitos que, en conjunto, almacenan más de 1.000 millones de toneladas de material susceptible de ser reevaluado con nuevas tecnologías, sostiene la académica de la Universidad de Atacama, Leticia Campos.
Según explica, “los relaves corresponden al material remanente del proceso de concentración de los minerales. En términos sencillos, podrían compararse con la ‘basura’ que queda después de extraer el mineral de interés; sin embargo, esa definición hoy ha cambiado profundamente. Durante gran parte del siglo XX, los procesos metalúrgicos estuvieron orientados principalmente a recuperar cobre y molibdeno, dejando en los relaves otros elementos que, en ese momento, no tenían valor comercial o cuya recuperación no era técnica ni económicamente viable”.
Pero hoy, la transición energética modificó ese paradigma. “Hoy el mundo demanda una nueva generación de minerales críticos, entre ellos las tierras raras, un conjunto de 17 elementos químicos que incluye minerales como el neodimio, lantano y disprosio, fundamentales para la fabricación de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, imanes permanentes, pantallas LED y otras tecnologías de alto valor”, sostiene Campos.
La recuperación de estos materiales, que también pueden encontrarse en relaves, es parte de la llamada “minería secundaria”, que busca dar valor a recursos que ya fueron extraídos y que antes eran considerados desechos. Pero las tierras raras no están solo en estos depósitos, también existen yacimientos primarios, siendo ésta la nueva frontera que se busca explorar.
El interés por estos minerales ha adquirido una dimensión geopolítica. En marzo de este año, Chile y Estados Unidos acordaron fortalecer su cooperación en minerales críticos y tierras raras, por su importancia para la seguridad de las cadenas de suministro y las tecnologías avanzadas.
Y aunque Chile aún no cuenta con una industria desarrollada de tierras raras, ya existen proyectos que buscan abrir ese camino. Uno de ellos es Aclara, en la Región del Biobío.
La académica del Departamento de Ingeniería en Minería de la Universidad Católica, Irene del Real, explica que se trata del primer descubrimiento de un depósito primario de tierras raras en el país. “Fue hace relativamente poco tiempo y es un primer descubrimiento cuya luz verde para operar o no operar probablemente va a influir en futuras exploraciones y potenciales descubrimientos. Este se encuentra al lado de la localidad de Penco, en la región del Biobío, una zona donde ha existido minería previamente y que además está bastante poblada, por lo que su desarrollo y permisos ha sido un proceso largo”, señala.
En junio de este año, el proyecto obtuvo su Resolución de Calificación Ambiental (RCA) y actualmente avanza en la obtención de permisos sectoriales. Una de sus principales particularidades es el tipo de depósito. A diferencia de los yacimientos de tierras raras asociados a roca, en Penco estos elementos se encuentran contenidos en arcillas superficiales y poco profundas, lo que permite utilizar un proceso diferente a la minería tradicional.
Por su parte, el académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, Víctor Pérez, destaca que la naturaleza del depósito de Penco permite utilizar un proceso distinto al de la minería tradicional de tierras raras. “En arcillas las tierras raras están absorbidas en superficie y basta desplazarlas por intercambio iónico, lo que permite un proceso simple y a temperatura ambiente. A diferencia de la roca dura, no requiere tronadura, molienda ni tostación ácida, reduciendo así el consumo de energía, agua y la generación de relaves”, explica.
Aclara desarrolló y patentó para ello la Cosecha Circular de Minerales, tecnología que permite recuperar las tierras raras sin explosivos, chancado ni molienda y sin generar relaves. El proceso recircula cerca del 95% del agua utilizada y repone el porcentaje restante con agua reciclada, sin utilizar fuentes naturales de agua para su operación.
Pero Penco -el único proyecto en Chile que hoy puede ser escalable- no es la única vía que se está explorando. También existe la posibilidad de recuperar tierras raras desde materiales que ya fueron extraídos. Del Real explica que en algunos relaves de depósitos de hierro de Atacama se han detectado concentraciones significativas.
“El recuperar estos elementos de minerales desde desechos mineros es una idea que viene dando vuelta hace bastante tiempo, esto porque desde un punto de vista minero se le da un valor a aquello que antes era desecho. Se sabe, por ejemplo, que los relaves de ciertos depósitos de hierro en la región de Atacama pueden contener concentraciones significativas de tierras raras producto de minerales secundarios que las acumulan”, explica.
Aunque esa posibilidad todavía está en una etapa temprana y requiere demostrar que puede ser viable a escala industrial.
Una industria que busca escalar
En esa transición, Corfo está financiando proyectos que buscan recuperar tierras raras y otros minerales críticos desde relaves, con etapas de caracterización, desarrollo de procesos, pilotaje y validación tecnológica. El objetivo es demostrar su viabilidad técnica, económica y ambiental antes de avanzar hacia una operación industrial.
El gerente de Capacidades Tecnológicas de Corfo, Fernando Hentzschel, plantea que el escalamiento dependerá de que estas tecnologías logren resultados consistentes, viabilidad económica y cumplimiento de los estándares ambientales y regulatorios.
“Los proyectos adjudicados buscan generar evidencia técnica, económica y ambiental que permita demostrar la factibilidad de recuperar tierras raras de manera sustentable desde fuentes secundarias presentes en Chile. Para ello, consideran actividades de caracterización de recursos, evaluación y selección de tecnologías, desarrollo de procesos de extracción y separación, construcción y operación de plantas piloto, y validación de su desempeño en condiciones cercanas a las industriales”, explicó.
Bajo esta lógica, la oportunidad para Chile en expandir su industria minera y abrir nuevos horizontes debe aprovechar mejor aquello que la minería ya extrajo y desarrollar nuevos recursos estratégicos. Pero ambos caminos deberán demostrar viabilidad técnica, económica y ambiental.
Sobre este último punto, en la minería secundaria, Campos advierte que reutilizar un residuo no garantiza por sí solo un menor impacto. El consumo de agua y energía, las emisiones y la generación de nuevos residuos también deben evaluarse para determinar si recuperar un relave es efectivamente más sostenible que desarrollar un nuevo yacimiento.
En las tierras raras, en tanto, el desafío será transformar el potencial en una industria viable. “Creo que hay un potencial real, pero es un ámbito donde vamos a tener que saber aplicar muy bien la tecnología y conocimientos de procesos metalúrgicos para que sea exitoso. Hoy en día hay proyectos activos en el país enfocados exactamente en este tema, y se espera que en unos años podamos tener resultados positivos al respecto”, concluye Del Real.
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