2021: ¿El año del detox digital?

Durante la pandemia, todo tipo de interacción se trasladó a la tecnología. Estudiar, trabajar e incluso celebrar con la familia se hizo por pantalla. Pero el exceso trajo consigo problemas de fatiga digital y salud mental y entonces la desintoxicación digital apareció en el mundo como opción para sopesar estas consecuencias. En Chile las vacaciones son la excusa perfecta para desconectarse y descansar, en el mundo, los grupos de apoyo en comunidad. ¿Será posible desintoxicarnos o nos adentramos demasiado en la tecnología?




Dos meses de vacaciones, altas temperaturas en Santiago y un año de mucho cansancio sobre la espalda. Estos eran algunos de los factores que impulsaron a la educadora de párvulos Josefa Marín a tomarse un descanso fuera de la ciudad. Pero cómo podría veranear manteniendo el distanciamiento, sin correr riesgos y respetando las medidas sanitarias. Y aún antes de eso, ¿qué quería para este período de descanso? Comenzó entonces a barajar las opciones dentro del país; quería aprovechar el contacto con la naturaleza que había olvidado con el encierro, quería descansar del estrés de la pandemia, pero, por sobre todo, quería desconectarse de la tecnología que durante un año fue el medio en el que se desenvolvió toda su vida, social como laboralmente. ¿El destino final? Caleta Chañaral de Aceituno, en la Región de Atacama.

Durante diez días la educadora no miró su celular. Levantó una carpa, durmió en su saco de dormir y disfrutó del sonido del mar y las olas. La verdad es que inicialmente lo del teléfono no fue por voluntad, no tenía señal ni para realizar una llamada y esta situación hacía para ella que el lugar fuera aún más atractivo.

Dejaba el celular guardado y, si necesitaba contactarse con alguien del lugar, lo hacía como en los “viejos tiempos”, tocando la puerta y preguntando si la persona a la que buscaba se encontraba disponible. Días más tarde tuvo la opción de conectarse a wifi, pero se mantuvo firme: quería desintoxicarse de las pantallas. “Y así fue como volví renovada, necesitaba dejar de lado el vivir a través de internet y volver a conversar mirándose a la cara. Ese fue el verdadero descanso de mis vacaciones”, cuenta Marín, ya de regreso en la ciudad.

En Chile ya se identifica como una tendencia, dicen los especialistas en turismo. El “detox digital” se ha escuchado en distintas partes del mundo y en nuestro país, las vacaciones han sido el contexto o la excusa ideal para concretar este tipo de limpieza y desintoxicación sanadora.

El académico y director de TrenDigital UC, Daniel Halpern, piensa que las vacaciones son una oportunidad y que la desintoxicación digital será un tema que se repetirá durante el año. “Estoy seguro que va a ser una tendencia, porque la gente va a explotar”, dice y explica que frente a una mayor exposición han aumentado la dependencia y los malos hábitos con la tecnología. Por lo mismo, aplaude a quienes toman la decisión de alejarse durante sus vacaciones, “es bueno porque rompe hábitos”, además, señala que esa es la manera de romper en un inicio estas malas prácticas. “Pero, ojo, que las vacaciones no van a ser suficientes, también se tienen que establecer cambios reales cuando se enfrenten nuevamente a la rutina”, agrega.

El escenario perfecto

Hasta ahora, Comisaría Virtual ha entregado más de dos millones de permisos de vacaciones, lo que según la proyección de Activa Research, seguirá aumentando, dado que el 22,2% de los chilenos saldrá de vacaciones este año. La mitad de los encuestados por Activa dijo que iría a la playa, la segunda preferencia era el campo y la tercera, los lagos del sur del país.

Según la directora nacional de Sernatur, Andrea Wolleter, el turismo no ha estado ajeno a los cambios de hábitos de la pandemia, tras la alta exposición a dispositivos digitales este verano los turistas buscan espacios de descanso y desconexión, principalmente asociados a la naturaleza. Uno de los factores decisivos también es la protección frente al Covid-19 y los destinos más alejados tienen menos densidad de personas, otro elemento que suma interés en espacios de naturaleza. “Este año las vacaciones se asumieron con perspectiva de salud mental, porque las chilenas y los chilenos necesitaron contar con un espacio de recreación segura sanitariamente”, explica.

Antonia de la Torre y su familia son parte de ese grupo de chilenos. Decidieron en conjunto que la primera semana de febrero la pasarían en el Parque Nacional Torres del Paine. Uno de los factores que terminó por convencerlos era que se podía practicar distanciamiento social y se exigía PCR negativo. El otro, era la oportunidad de conectarse con la naturaleza. Entonces, la desconexión no era esencial, pero fue un elemento que mejoró las vacaciones familiares. “El año pasado fue un año muy duro, yo trabajo en el área del marketing entonces fue reinventarse completamente en cuanto al trabajo y ahora fue un relajo total. La mayor parte del día estábamos desconectados, lo que fue muy beneficioso”, cuenta la joven tras un remecido año de pandemia. De la Torre recuerda cuando en un paseo por el parque se detuvieron a observar el paisaje y reflexionaron en conjunto, “qué rico es en estas instancias no tener ni señal, ni Whatsapp, ni nadie que nos moleste, ninguna distracción”, dijeron en medio del trekking. El resultado: descanso, conversaciones y encuentros cara a cara, afirma.

Al sur de Chile

El gerente general de Red Turismo Chile y Turiwork, Jorge Flores Díaz, cuenta que el destino de la familia De la Torre se ha repetido en los chilenos. Para Flores Díaz, los lugares favoritos para desconectarse han sido en el sur de Chile, " sobre todo las regiones de La Araucanía y Los Lagos. Además de nuevos destinos que ofrecen este tipo de experiencias como Aysén y Magallanes”. Menciona como razones la contingencia y búsqueda de lugares más alejados, “también está vinculado al turismo de naturaleza y aventura, alejándose del tradicional turismo de sol y playa”, agrega.

El product manager vacacional de Atrápalo, Álex Pascual, propone otros destinos, pero concuerda que es parte de una nueva demanda de turismo. “Muchos que estarían asociados a destinos de naturaleza, como Ancud, Puyehue, Choshuenco, Osorno, Coyhaique, Licanray, San Fernando, Punta de Choros o Llanquihue”, afirma. La diversificación de la demanda hacia destinos menos tradicionales se atribuye, por un lado, a la cuarentena y, por otro, a la búsqueda de vacaciones en naturaleza.

Macarena Cruz se fue en febrero a una casa cerca de Pupuya, en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins. La invitación era de la familia de su pololo, que después de estar distanciados por la pandemia decidieron juntarse en medio de la naturaleza por una semana. Cuando llegaron se dieron cuenta que no había señal. Cruz recuerda lo primero que hicieron al llegar al lugar: “Todos caminábamos por el terreno buscando señal hasta que asumimos que no había caso. Al final fue bacán, te logras desconectar y conectarte con la gente que está en la casa”.

Fueron días de largas conversaciones, paseos sin rumbo y tiempo en familia. “Otro factor es que hoy en día con internet uno se conecta al trabajo, sobre todo ahora que todo es remoto, entonces esto nos hizo descansar completamente y creo que es muy necesario para empezar este año de verdad desconectarse y eso solo se logra sin tener señal”, cuenta la joven desde su experiencia y menciona que ese fue el verdadero descanso físico y mental.

Para Cruz la desintoxicación digital trajo beneficios directamente a su salud. “Yo sufro de jaquecas severas y me pasó que por mi trabajo tuve que estar muchas horas conectada al computador y después del trabajo en lo personal como estábamos encerrados estaba en Netflix, Whatsapp, Zoom, hasta para hacer deporte seguía videos en una pantalla y mis dolores aumentaron mucho, de hecho tuve que ir al neurólogo de emergencia. Entonces, para mí, estar desconectada de las pantallas ayudó hasta en mi salud física, durante esos días sin señal no tuve ni una sola vez jaqueca”, cuenta.

El fenómeno de esta desintoxicación digital de vacaciones fue analizado en 2019 en el estudio Turning it off: Emotions in digital-free travel (Apagando: emociones en viajes sin conexión) realizado por la Universidad de East Anglia (Reino Unido), de la Escuela de Negocios de la Universidad de Greenwich y la Universidad Tecnológica de Auckland (Australia). Los resultados del seguimiento de personas que vacacionaban desconectados muchas veces tenía dificultades como ansiedad o preocupación por la ausencia de tecnología, pero luego llegaban a una etapa donde se disfrutaba el descanso y reportaron liberación.

Desconectar para conectar

“Digital Detox es una iniciativa para reducir la toxicidad de nuestros entornos digitales personales y cómo nos relacionamos con ellos (...) La pandemia de Covid-19 nos empujó a utilizar las tecnologías de nuevas formas en nuestras vidas: para trabajar, para conectarnos socialmente, para enseñar, para hacer negocios y más. Las desintoxicaciones incluirán reflexiones y estrategias para ayudarlo a revaluar el papel que juega la tecnología en su vida, trabajo y mundo social”, dice el sitio web de la Universidad de Middlebury de Estados Unidos, que invita a la comunidad a participar de un programa de desintoxicación acompañado con especialistas donde se puede suscribir a boletines, participar de grupos de conversación y reflexión para sobrellevar las posibles consecuencias de una posible fatiga digital.

Según el informe “Digital 2021” de Hootsuite y We Are Social, el promedio global de navegación diaria es de 6 horas y 54 minutos, con 4.200 millones de usuarios en las redes sociales. Ambas cifras vieron un aumento significativo que se le adjudica a la pandemia.

Para el académico Daniel Halpern, el riesgo de esta realidad tiene que ver con los hábitos que se transforman en dependencias. Dado que la vida el 2020 se desarrollo de manera online, a la hora de volver de a poco a la vida offline se puede presentar la posibilidad de un rechazo. “La dependencia va a depender de cuántas cosas vuelven al mundo offline. Yo no puedo decir que es dependiente una persona que trabaja online, sin embargo, cuando la persona deja de ver la posibilidad de hacer la actividad offline empieza a ser dependiente, cuando ni siquiera se le ocurre hacerlo offline, porque se acostumbró a hacerlo online y ni siquiera se lo cuestiona, pierde la racionalización de qué es lo mejor para él y pasa a ser un animal de su hábito”, comenta.

Existen distintas maneras de enfrentar esta situación, pero el primer paso siempre va a ser identificar el problema para luego romper el hábito de manera responsable y consciente. Halpern cree que el llamado “detox digital” es una buena opción y destaca dos áreas relevantes del proceso, que incluso él está implementando junto a un equipo para aplicar en establecimientos educacionales. El primero es el hecho de empujar y generar un motivo detrás de la desintoxicación, recomendando que sea colectivo, porque “cuando uno ve que todo el mundo lo está haciendo, uno también se involucra”, dice. También destaca que luego de la desintoxicación viene la parte de la conciencia. “Funciona como una dieta alimenticia donde no es que yo deje de comer, sino que me hago más consciente de lo que como porque necesito calorías y alimentos. Aquí vas a necesitar trabajar o estudiar online, por supuesto que sí, la pregunta es ¿cómo lo estoy haciendo?, ¿es consciente o es parte del hábito?”, agrega Halpern.

El director del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Pedro Maldonado, piensa que la palabra no es la más adecuada, “la palabra desintoxicación sugiere que hay un daño que se está estableciendo en este minuto por el uso. Pero este no es un daño es al revés, es una manera de poder suplir una deficiencia de otra naturaleza que, si bien no es óptima, sería peor que estuviéramos aislados socialmente”, dice. Fuera del concepto tampoco está de acuerdo en un detox como solución al problema; “lo que habría que hacer es un cambio de hábitos a largo plazo, un detox es una solución parche al igual que estas dietas rápidas donde se rebota inmediatamente”, explica y dice que lo más probable es que terminada la emergencia sanitaria las interacciones sociales reales se van a restablecer de manera natural.

A Halpern hay un nicho que le preocupa y son los niños, ya que por su menor capacidad de regulación los hace más vulnerables ante las prácticas de autocontrol. Por esto mismo está trabajando en un programa de desintoxicación digital a nivel escolar que lanzará en abril.

Por su parte, la educadora de párvulos y máster en Educación de la Universidad de Harvard, Carolina Pérez Stephens, que lleva años estudiando el efecto de las pantallas principalmente en los niños también es partidaria del llamado “detox digital”, incluso ha asistido en distintas oportunidades a menores que lo han necesitado junto a sus familias. Concuerda con Halpern en que este año de colegio online, reuniones por Zoom y otras interacciones online, les costará más caro a los niños y adolescentes, generando problemas de salud mental como angustia e insomnio, situación que como adultos deben hacerse cargo. “Es necesaria una desintoxicación digital luego de haber pasado un año casi completo frente a la pantalla. El principal beneficio para mí es el simple hecho de disfrutar la vida sin interrupciones”, señala la especialista.

El estudio realizado por el laboratorio de medios Circle en noviembre de 2020, donde se entrevistó a 2.000 padres norteamericanos, apoya lo que dice la educadora. Ocho de cada diez padres creen que un descanso de tecnología en sus niños podría mejorar considerablemente su salud mental y emocional, y un 64% de los padres afirmó que sus hijos están notablemente más irritables luego de pasar todo el día mirando pantallas. “El detox en los niños tiene el beneficio de tener un cerebro con neuronas conectadas, más vocabulario, más ganas de aprender cosas nuevas, de vivir y disfrutar la vida”, dice Pérez Stephens.

Fuera de si apoyan o no la desintoxicación digital, los tres expertos concuerdan en que a medida que se pueda retomar la vida offline, debemos estar atentos a cómo continuamos relacionándonos con la tecnología. Utilizar aplicaciones que alerten el exceso de horas de conexión en el celular o establecer espacios libres de tecnología en las casas son opciones que señalan para agregar al día a día. “Lo interesante es que por lo menos, desde la neurociencia, no hay nada que nuestro cerebro no pueda aprender. Por lo tanto, no hay que tenerle miedo a la tecnología, sino simplemente aprender a usarla y eso es algo que todos podemos hacer”, finaliza Maldonado.

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