Abraham Loeb: El astrónomo de Harvard que cree en los extraterrestres

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(Crédito: Loeb Photo Collection)

Es el director del Departamento de Astronomía de la prestigiosa universidad estadounidense y uno de los investigadores más destacados en su campo. Pero hoy está enfrentado con sus propios colegas, tras afirmar que el primer objeto interestelar detectado en las inmediaciones de la Tierra no es un asteroide, sino que parte de una nave alienígena. Su fama hoy es tal, que se codea con Steven Spielberg y ya hay interés en rodar películas sobre su vida.




Abraham Loeb (57) les da la bienvenida a sus alumnos de primer año y, antes de iniciar su clase, les entrega una guía con los contenidos del curso que dicta en la prestigiosa Universidad de Harvard. Es enero de 2019 y el director del Departamento de Astronomía comienza explicando los aspectos más básicos de la aparición de las galaxias más antiguas. Pero luego de 10 minutos, se desvía repentinamente de su guion y pregunta: "¿Alguien ha escuchado el nombre Oumuamua?". Varios jóvenes asienten y él, con una sonrisa cómplice, agrega: "¿Qué es lo que han escuchado?".

La historia que relatan los estudiantes es la siguiente: Oumuamua es el primer cuerpo espacial proveniente de otro sistema solar descubierto en el vecindario de la Tierra. Los científicos de la Universidad de Hawai que usaban el telescopio PAN-STARRS detectaron su paso el 19 de octubre de 2017 y lo describieron como un objeto de color "rojizo". Luego, el misterioso visitante -cuyo nombre en lengua hawaiana significa "primer mensajero distante"- fue clasificado como un asteroide. Pero Matt Jacobsen, un alumno de Loeb proveniente de un pequeño pueblo granjero en Iowa, menciona otra teoría sorprendente: "También se dijo que venía de otra civilización".

El profesor asiente y replica: "¿Quién hizo esa especulación?". Tras un incómodo silencio, Jacobsen exclama: "¿Fue usted?, ¡Oh, Dios mío!". La sonrisa de Loeb se hace aún más evidente, porque ese es el asombro que sus ideas están generando desde que publicó su estudio más famoso en la revista científica Astrophysical Journal Letters. El reporte que apareció en octubre de 2018 lleva el críptico título de "¿Podría la presión de la radiación solar explicar la peculiar aceleración de Oumuamua?", tiene apenas cinco páginas y está repleto de complejos cálculos de trayectorias y aceleraciones. Pero sus conclusiones son claras y están remeciendo a la comunidad astronómica y a los entusiastas de la vida extraterrestre.

Loeb y un estudiante de posdoctorado establecen que, en base a su análisis, una "posibilidad" es que Oumuamua sea algún tipo de vela de navegación espacial que viaja por el cosmos "como el desecho de algún avanzado equipo tecnológico". Incluso, plantean que un "escenario más exótico es que Oumuamua quizás sea una sonda completamente operacional enviada intencionalmente a las cercanías de la Tierra por una civilización alienígena". Esas palabras bastaron para convertir a Loeb en lo que el diario The Washington Post calificó como "el entusiasta de los extraterrestres más distinguido de esta era en términos académicos; el astrónomo top de Harvard que sospecha que tecnología de otro sistema solar acaba de aparecer en nuestra puerta".

La nueva fama del investigador, autor de cuatro libros y más de 700 estudios sobre agujeros negros y otros fenómenos cósmicos igualmente serios, tampoco ha dejado indiferentes a sus colegas. Algunos no cesan de refunfuñar ante una teoría que consideran poco seria, mientras otros sólo quieren que el astrónomo más respetado de Harvard -la misma universidad que acumula casi 50 ganadores del Nobel- deje de hablar de extraterrestres y supuestas naves interestelares alienígenas. Pero Loeb no quiere callarse y cuenta a Tendencias que desde que su estudio se publicó ha sido contactado por tres agentes literarios, 20 equipos de televisión y 50 estaciones de radio, además de siete productores que quieren filmar una película sobre su vida y sus teorías.

"Cuando salgo de vacaciones, disfruto caminar por la playa junto a mis hijas y estudio las conchas marinas que llegan a la costa. De vez en cuando, hallamos una botella plástica artificial. Oumuamua quizás sea un ejemplo de una botella de este tipo que fue elaborada tecnológicamente. La reacción inmediata de un cavernícola frente a un teléfono celular sería asumir que es un pedazo de roca. No es de extrañar que esta también haya sido la respuesta natural de muchos de nosotros frente a Oumuamua", comenta Loeb.

- ¿Qué ocurriría frente a un eventual primer contacto?

- Sería una conmoción, porque probablemente su tecnología sea mucho más avanzada que la nuestra. Somos incapaces de imaginar cómo se verá nuestra tecnología de aquí a mil años... ni hablar de concebir aquella desarrollada por una civilización que es un millón o mil millones de años más antigua. Cualquier contacto de ese tipo tendrá un impacto dramático en nuestra percepción del lugar que ocupamos en el universo. Eso permitirá que nuestra civilización madure en su perspectiva de la realidad, tal como los niños crecen cuando salen a la calle por primera vez y conocen a gente que no pertenece a su familia inmediata. De pronto, esos niños ya no son el centro de la atención y dejan de sentirse únicos, especialmente si no son los más inteligentes del barrio. Pero las buenas noticias es que pueden aprender de los otros niños y volverse más inteligentes.

De filósofos y civilizaciones

Loeb nació en Israel y creció a unos 20 kilómetros de Tel Aviv, en una granja donde su familia cultivaba pomelos y criaba gallinas. Cuando era niño ocupaba sus tardes recolectando huevos y ya de adolescente manejaba un tractor hasta las colinas cercanas, donde pasaba horas leyendo libros de filósofos existencialistas que le compraba su madre. Fueron esas palabras de Jean-Paul Sartre, Albert Camus y otros pensadores las que hicieron germinar las ideas que hoy pueblan su cabeza.

"En mi juventud, me fascinaban las grandes preguntas sobre la vida y esas eran abordadas por los filósofos. Luego, las circunstancias me llevaron a la Física y, eventualmente, a la Astronomía. Pero para mi sorpresa, esta especie de matrimonio por conveniencia resultó ser mi verdadero amor, ya que la astrofísica aborda alguna de las preguntas filosóficas más fundamentales sobre la vida, tales como '¿Estamos solos?', '¿Cómo surgió la vida en la Tierra?', '¿Cómo empezó el universo y qué ocurrirá en el futuro?'", cuenta el científico.

El camino que lo llevó a unir esas dos facetas tuvo algunos desvíos. Loeb quería dedicarse a la filosofía, pero a los 18 años estaba obligado a cumplir con su servicio militar. El ejército israelí se dio cuenta de que tenía aptitudes para la Física y lo enroló en el programa Talpiot, creado para aprovechar el potencial científico de los reclutas en proyectos de defensa. Recibió entrenamiento como paracaidista y conductor de tanques, pero también estudió Física y Matemáticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

A fines de los 80 llegó a Princeton, la "casa" de Albert Einstein en Estados Unidos, y luego pasó a Harvard, donde comenzó a hacerse conocido por sus charlas sobre un tema un tanto extraño para un astrónomo: la modestia. Tanto la personal que aprendió trabajando en su granja familiar, como la que él bautizó como "cósmica". Para Loeb, quien en su casa ha recibido a nombres ilustres como el fallecido astrofísico Stephen Hawking, asumir que estamos solos en el universo o que la humanidad es particularmente especial demuestra una visión muy limitada.

"No considero la posibilidad de la existencia de vida alienígena como algo especulativo, porque casi un cuarto de todas las estrellas tienen un planeta con el mismo tamaño y temperatura superficial de la Tierra, donde podría existir agua con la química de la vida tal como la conocemos. Si tiras los dados decenas de miles de millones de veces sólo en la Vía Láctea –la galaxia de la Tierra-, hay muy pocas probabilidades de que estemos solos. Cualquiera que asegure que somos únicos exhibe arrogancia", asegura Loeb.

-¿En qué momento pasó a enfocarse en la búsqueda de vida alienígena?

-Todo partió hace una década, cuando noté que la siguiente generación de detectores de radio de baja frecuencia podían ser usados para espiar la fuga de señales provenientes de civilizaciones avanzadas. Esa fascinación creció cuando me di cuenta de que podíamos detectar una ciudad del tamaño de Tokio que estuviera en los límites del sistema solar y que tal vez podríamos registrar polución industrial en las atmósferas de planetas que orbitan otras estrellas. El hallazgo de Oumuamua me inspiró a plantear que es muy probable que encontremos algún desecho tecnológico de civilizaciones quizás ya extintas.

- ¿Los creadores de Oumuamua tal vez ya desaparecieron?

-Efectivamente. Basándonos en nuestro comportamiento, es probable que la vida de otras civilizaciones sea corta. En el momento en que desarrollamos tecnologías avanzadas, no cuidamos de buena manera el planeta y dimos pie al cambio climático. También creamos los medios para nuestra propia destrucción mediante una guerra nuclear. Por eso es posible que la mayoría de las civilizaciones no exista por mucho tiempo. Si hallamos evidencias de superficies carbonizadas en otros planetas, eso nos servirá de lección para trabajar en conjunto y comportarnos mejor, para así no compartir el mismo destino. En ese caso, quizás desarrollar la arqueología espacial podría tener un rol educativo importante.

El misterio de Oumuamua

Los cálculos de diversos astrónomos muestran que el misterioso visitante interestelar llegó proveniente de la dirección de la estrella Vega, ubicada a unos 25 años luz de la Tierra. Los análisis iniciales también establecieron que el objeto, que hoy ya está más allá de la órbita de Júpiter, viaja a 94 mil kilómetros por hora. Para la mayoría de los investigadores, Oumuamua es sólo una roca, un asteroide eyectado por alguna explosión estelar ocurrida hace millones de años. Otros expertos afirman que quizás sea un gélido cometa que vaga por el vacío interestelar, pero los análisis de Loeb muestran algo distinto.

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Una recreación de Oumuamua publicada en 2017, un año antes del análisis realizado por Abraham Loeb. (Crédito: ESO)[/caption]

Sus cálculos señalan que se mueve demasiado rápido como para ser una roca inerte, ya que se aleja del Sol como si algo la empujara desde atrás. Y si fuera un cometa de hielo debería haber expulsado estelas de vapor durante su acercamiento al Sol, un fenómeno del cual no se han detectado indicios. En lugar de ser una roca con forma de patata alargada, los cálculos de Loeb indican que Oumuamua sería un objeto similar a una vela de yate de no más de un milímetro de grosor y un kilómetro de largo. Su estructura sería tan delgada y liviana que la luz del Sol la estaría empujando fuera del vecindario terrestre.

Parece una idea descabellada, pero en realidad la Nasa y otros grupos ya están desarrollando una tecnología similar para futuras misiones. El principio de los prototipos que serán puestos a prueba durante este año y 2020 es el siguiente: en lugar del viento que impulsa los botes en el océano, son los fotones solares los que ejercen presión en las velas y las aceleran.

-¿Se debería prestar más atención al rastreo de objetos como Oumuamua?

-Logramos detectarlo porque pasó cerca del Sol. Hoy usamos el Sol como un poste de luz que ilumina su entorno, permitiéndonos ver pequeños objetos que reciben su reflejo. Y sólo recientemente contamos con la tecnología del telescopio PAN-STARRS para cepillar el cielo y encontrar cuerpos tan diminutos como Oumuamua. Lamentablemente, hoy está demasiado lejos para ser observado y nuestros cohetes no son lo suficientemente rápidos para perseguirlo.

El científico explica que la única esperanza para aprender más del origen de Oumuamua y otros cuerpos similares es encontrar más de ellos: "El Gran Telescopio para Rastreos –LSST, que se construye hoy en el norte de Chile- será capaz de hallar al menos uno de estos objetos al mes. Y una vez que hallemos más, podremos estudiarlos cuidadosamente", señala. Y aunque esta búsqueda constante suene a delirio de un fan de la ciencia ficción, Loeb lo niega terminantemente porque ese es un género que él desprecia: "Nunca lo he disfrutado, porque perdí el interés en las historias que violan las leyes de la Física. Disfruto la ciencia y la ficción por separado, pero no su mezcla".

Loeb contra el mundo

"Un impactante ejemplo de ciencia sensacionalista y mal intencionada", escribió el astrofísico teórico Ethan Siegel al referirse al estudio de Loeb en la revista Forbes. Paul M. Sutter, astrofísico de la Universidad Estatal de Ohio, también fue lapidario en su cuenta de Twitter: "Oumuamua no es una nave alienígena y al sugerir eso los autores del paper insultan la investigación científica honesta". Ese es el tono de algunas de las numerosas críticas que ha recibido el análisis de Loeb.

-¿Qué le parecen esos comentarios?

-No los entiendo, a menos que la gente que los dijo no leyera nuestro paper. Mi reporte fue aceptado para su publicación en un tiempo récord de tres días, tras pasar por procedimiento estándar de revisión de uno de los journals más prestigiosos de nuestro campo. Yo abordé las anomalías de Oumamua de la misma manera que lo he hecho antes con otros fenómenos. En esas ocasiones también se planteaba una idea no convencional para explicar una anomalía. La literatura de la Física está llena de esas propuestas, muchas de las cuales hoy son consideradas parte de la corriente principal de esta ciencia. Así ocurre con las conjeturas sobre otras dimensiones en la teoría de cuerdas, aun cuando no tengamos evidencias de esos planteamientos.

- ¿De dónde nacen esas críticas?

-La reacción a mi paper muestra prejuicios. Algunas personas argumentan que nunca se trata de alienígenas. Obviamente, si permites que tus prejuicios guíen tu investigación quizás nunca descubras algo nuevo, ya que estás asumiendo que el futuro se parece al pasado. La razón por la cual la gente considera la búsqueda de civilizaciones extraterrestres como un tabú es por la carga que arrastra de la ciencia ficción o los reportes infundados de objetos voladores no identificados. Pero eso no debería guiar nuestra estrategia científica. Deberíamos orientarnos por los datos y no ponerle anteojeras a nuestra interpretación.

Aunque a Loeb le desagrada la ciencia ficción, hoy su fama le permite codearse con figuras del campo, como el director Steven Spielberg (E.T., Inteligencia artificial). "Él me pidió que le notificara a él primero si encontramos alguna evidencia concluyente de civilizaciones inteligentes allá afuera", cuenta el astrónomo. Para lograr ese fin, hoy Loeb integra la Iniciativa Starshot, un proyecto que "busca desarrollar la tecnología necesaria para lanzar una sonda a la estrella más cercana y a una fracción de la velocidad de la luz".

El proyecto tiene un presupuesto de US$ 100 millones y el respaldo del multimillonario Yuri Milner y de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook. El destino de la nave sería Proxima Centauri b, un exoplaneta de tamaño similar a la Tierra, ubicado a unos 4,3 años luz de nuestro planeta.

-¿Cree que alguna vez logremos contactarnos con alguna civilización?

-Ciertamente, espero que encontremos desechos tecnológicos de otra civilización, ya que eso nos demostraría que no somos el niño más inteligente del barrio. Pero en cuanto a comunicarnos no tengo tantas esperanza, debido a las vastas distancias y la falta de un lenguaje común.

El astrónomo dice que ha aprendido varias lecciones tras el vendaval mediáticodo que ha vivido. Una de las principales es que Oumuamua es un ejemplo ideal de cómo debería funcionar el proceso científico. "La mayor parte del tiempo enfrentamos incertidumbre y ambigüedad en nuestra interpretación, porque no tenemos suficiente evidencia para llegar a conclusiones definitivas. Eso ocurre en el caso de Oumuamua, pero quizás aprendamos más de estos objetos interestelares en el futuro", señala.

Loeb incluso señala que si alguien le muestra evidencia contundente de que se equivoca él se retractaría, pero por ahora eso no ha ocurrido: "Tal vez toda esta atención mediática convenza a algún niño para que se vuelva científico. En realidad, no me interesa toda esta fama. Lo único que quiero es llegar a saber si estamos solos y todo esto sólo me quita tiempo para conseguir esta meta. La naturaleza de Oumuamua no va ser determinada por lo que se diga en Twitter".

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