Solastalgia: La desolación que provoca el deterioro del medioambiente

Crédito: Jeff Head/Creative Commons

El neologismo fue creado por el investigador australiano Glenn Albrecht, quien acaba de publicar en español su libro "Las emociones de la Tierra. Nuevas palabras para un nuevo mundo". El concepto alude a la nostalgia y la angustia que sienten los humanos cuando ven que la polución, los incendios y las sequías van degradando progresivamente su entorno.




A comienzos de la primera década del siglo XXI, el teléfono de la oficina de Glenn Albrecht comenzó a sonar de manera incesante. Sus vecinos en la región australiana de Hunter Valley sabían que este filósofo ambiental de la Universidad de Newcastle tenía una reputación como activista en temas de conservación y que, además, había publicado varios estudios sobre la sustentabilidad de la zona. Ellos querían que alguien con esa sapiencia escuchara sus historias y se hiciera eco de la preocupación que sentían frente a la desolación que veían a su alrededor: la apacibilidad que durante siglos había imperado en un área dominada por campos de alfalfa y viñas, había dado paso a la expansiva acción de la minería del carbón.

“Su angustia por las amenazas a su identidad y bienestar era palpable, aun por teléfono”, escribe Albrecht (67) en un paper publicado en 2007 en la revista Australasian Psychiatry y donde no sólo describe los testimonios que recogió. También detalla los orígenes del término ‘solastalgia’ que él mismo acuñó para definir esa desesperación que los humanos experimentan ante la degradación de su entorno. Con el paso de los años, el concepto se ha convertido en una idea recurrente al hablar del impacto que generan la polución y fenómenos cada vez más recurrentes como incendios forestales y sequías en la salud mental de las personas.

Los relatos recopilados por el académico daban cuenta de detonaciones que hacían retumbar la tierra, el rugido constante de las maquinarias y el polvillo negro que cubría las casas e invadía su interior. A los vecinos de Albrecht también les preocupaba el aire que respiraban y el agua que bebían, además de sentir impotencia al ver que el hogar que había acogido a sus familias durante generaciones desaparecía frente a sus ojos.

“Es perturbador. Me dan ganas de llorar con sólo pensar sobre la minería”, decía Eve. “Perdí mucho peso. Me despertaba en mitad de la noche, sintiendo que mi estómago era como un puño apretado y solía pensar ‘¿Qué voy a hacer?’”, relataba Dora. Leo, en tanto, describía otras preocupaciones: “El hecho de que puedas ver todos esos desechos mineros te hace pensar que en el futuro quizás haya consecuencias terribles para las napas subterráneas de agua”. En su reporte,  Albrecht plantea que las entrevistas revelan una clara sensación de agobio y congoja, causada por alteraciones ambientales que incidían en el sentido de pertenencia, control y buena salud de las personas: “Su frustración al no ser capaces de detener o revertir lo que estaba causando la desolación del ambiente sólo potenciaba su estrés”.

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Sin embargo, estas personas articulaban su sufrimiento a través de descripciones bastante generales o síntomas físicos como el puño apretado de Dora. No existía un término específico que englobara el impacto mental y físico que sentían ante la destrucción de lo que los rodeaba. Así que junto a su esposa Jillian, a quien conoció en un vertedero de Perth mientras ambos realizaban tareas de reciclaje, se sentaron a pensar, hasta que crearon la idea de ‘solastalgia’: “Es un término que se relaciona específicamente a la angustia que sienten las personas y comunidades enteras cuando su amado entorno se ve alterado en formas que ellos perciben como negativas”, relata a Tendencias este investigador, que se retiró de la academia en 2014 y que acaba de publicar en español su libro titulado Las emociones de la Tierra. Nuevas palabras para un nuevo mundo (19,95 euros en Amazon.es).

Hoy el término suele aparecer en medios como New York Times y Los Angeles Times e, incluso, ha servido de título para un disco de la cantante australiana Miss Higgins y un corto presentado en el festival Sundance, sobre astronautas que en el futuro exploran la superficie de un planeta desolado. Albrecht explica que el neologismo se deriva de los vocablos en inglés para consuelo, nostalgia y desolación, más la terminación ‘-algia’, usada en medicina para denotar dolor. En su nuevo libro, el investigador –quien hoy vive en una granja en Hunter Valley y conoce de cerca los efectos de las sequías y los devastadores incendios forestales- escribe que la ‘solastalgia’ suele ser una “condición crónica, ligada a la erosión gradual de la identidad que se crea por el sentido de pertenencia a un lugar” y una “sensación de angustia, o desolación sicológica, relacionada a su transformación no deseada”. A diferencia de la nostalgia que puede generar la lejanía con un lugar,  ‘solastalgia’ es la “añoranza que experimentamos hacia nuestro entorno cuando aún vivimos en él”.

Albrecht, quien ha expuesto sus ideas en varias charlas TED, señala a Tendencias que el concepto tomó forma final en 2003. “Siempre he descrito la ‘solastalgia’ como una especie de angustia crónica, ya sea por la minería, el cambio climático o grandes proyectos como carreteras o aeropuertos. Por eso es una experiencia distinta al trauma provocado por un desastre natural o una catástrofe de origen humano como la explosión en el Líbano”, señala. Por ejemplo, comenta, cuando se produce “un gran incendio forestal, se genera una vivencia de cambio ambiental negativo. Ya no es un trauma directo, sino solastalgia por el paisaje carbonizado y el hecho de que quizás necesite años para volver a la normalidad”.

El investigador cree que para describir lo que pasa en el mundo es importante contar con este neologismo y otros similares como la ‘ecoansiedad’, que la Asociación Americana de Psicología definió en 2017 como “un miedo crónico al colapso ambiental”. “Si existen nuevos cambios en el planeta es improbable que nuestro lenguaje pasado sea capaz de explicarlos o describirlos. Este es un problema de todas las lenguas, incluyendo las indígenas. No existe una palabra ‘perfecta’, pero ahora tenemos una que antes no poseíamos. Eso es progreso intelectual”.

Pese a la carga negativa que pueda englobar el término, Albrecht cree que su concepto también puede inducir un deseo de hacerle frente a esa angustia: “Si experimentas ‘solastalgia’, eso implica que debes tener un cariño preexistente por un lugar, es decir, una topofilia. Podemos responder mediante la reparación activa de un paisaje. Podemos responder con acciones políticas contra las causas de la ‘solastalgia’”.

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