Hay carreras que nacen por vocación y otras por reacción. Lo de Josefa Errázuriz, Shepa DJ, empezó como lo segundo. El día que la pandemia paralizó los matrimonios, su trabajo como maquilladora desapareció de un momento para otro, y lo que vino después no fue un plan ni una ambición largamente incubada, sino una curiosidad que se volvió insistente: quería entender cómo alguien podía sostener a un público bailando hasta el amanecer. Lo vio con amigos músicos, en fiestas pequeñas y, sin pensar demasiado, decidió intentarlo. Así comenzó todo: con una mesa diminuta, clases informales y así, un hobby que transformó en oficio.