Voces

Chile según el PNUD: más prósperos e iguales

Axel Kaiser

Director ejecutivo de Fundación Para el Progreso

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EL RECIENTE informe del PNUD sobre desigualdad en Chile es una buena noticia para quienes creemos en mantener y perfeccionar el actual sistema económico e institucional. Si bien el título del informe es “Desiguales”, lo cierto es que un nombre más correcto habría sido “Prósperos y más iguales”.

Pues antes de entrar a analizar el tema de la desigualdad el informe sostiene que en Chile en los últimos 30 años “la tasa de pobreza se ha reducido de manera notoria, los ingresos de los hogares han aumentado de forma considerable, la matricula escolar y universitaria se ha expandido significativamente y el sistema democrático se ha mostrado estable”. Es más, el informe señala que, si bien hay problemas que mejorar, el país puede sentirse “orgulloso” por su lista de logros derivados en buena medida de un “relativamente acelerado crecimiento económico”.

Esto, agrega el PNUD, no solo nos hace tener la mejor posición histórica que hayamos conocido sino el mejor Índice de Desarrollo Humano de la región. Si estuviéramos en un país sensato la discusión se centraría en nuestro “innegable” progreso, como lo calificó el mismo informe.

Como la igualdad se ha convertido en la impostura moral e intelectual del momento, en lugar de mostrar “orgullo” por todo el éxito destacado en el informe, muchos actúan como si estuviéramos en el peor de los mundos. Pero aquí viene lo interesante: también en materia de desigualdad el informe avala el éxito del actual sistema de economía social de mercado. En primer lugar, el PNUD afirma que ella no es producto de este modelo económico sino que constituye una característica “estructural” del tejido socioeconómico chileno cuyo origen se remonta a tiempos pretéritos. Pero además sostiene claramente que en las últimas décadas la desigualdad, ya sea medida por el índice Gini, el cuociente 20/20 o el cuociente 10/40, ha disminuido de manera importante.

A modo de ejemplo el informe plantea que entre el año 2000 y el 2015, el ingreso del decil más pobre se incrementó en un 145% real, mientras el ingreso del decil más rico aumentó un 30%.
En otras palabras, los más pobres han visto incrementar sus ingresos casi un 500% más rápido que los más ricos. Ahora bien, si, en lugar de promedios, la desigualdad se mide por generaciones o cohortes, como ha hecho el profesor Claudio Sapelli (2017), la disminución de la desigualdad es aún más significativa. Como el promedio por definición incluye generaciones mayores con altos porcentajes de personas sin educación escolar completa, entonces el resultado de la redistribución se ve afectado negativamente. Pero si se toma la tendencia de largo plazo y se analiza la realidad de cada cohorte, lo que se constata es que tanto la movilidad social como la igualdad de ingresos han crecido sostenidamente. Es interesante notar en este contexto que el informe, al analizar la alta participación del 0,1% más rico en la distribución del ingreso, reconoce literalmente que “la mayor parte de esos ingresos” es reinvertida generando empleo y crecimiento económico, desechando así la falaz lógica de suma cero que arguyen muchos de quienes utilizan la retórica igualitaria.

Finalmente el informe muestra interesantes datos de percepción sobre desigualdad, según los cuales esta es cada vez un mayor problema para los chilenos, a pesar de que claramente ha disminuido. Parte esencial de la explicación para ello es, sin duda, el triunfo de una narrativa irresponsable que no considera el progreso real alcanzado por mayorías antes excluidas, ni siquiera la sostenida disminución de la desigualdad que muestran los datos, sino que busca la imposición de un modelo ideológico de sociedad cuyos resultados perjudican especialmente a los más desaventajados.

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