La infraestructura en las propuestas programáticas




El expresidente Sebastián Piñera ha dado a conocer un programa gobierno en materia de infraestructura, en la eventualidad de que sea elegido nuevamente para ocupar el cargo de mayor responsabilidad política del país. Estos anuncios  han abierto una polémica muy propia de momento electoral que se vive. La discusión no es acerca de  los contenidos de esa propuesta  o  si el país requiere esas obras para mejorar su productividad, la calidad de vida de sus habitantes o, eventualmente, si son condición  para lograr algún otro objetivo que nos conduzca por la senda del desarrollo. La controversia ha tenido más que ver con el protagonismo que le corresponde a los diferentes actores involucrados en relación a las iniciativas que se señalan serían abordadas por ese próximo gobierno.

En efecto, el ministro Undurraga sostiene, y con toda razón,  que muchos de los proyectos señalados en el programa son iniciativas en diferente estado de avance impulsados desde el MOP durante los últimos 4 años. A esto responde la candidatura de Piñera de que algunos de esos proyectos se concibieron durante su administración anterior, lo cual también es cierto. Lejos de hacernos parte -como Consejo de Política de Infraestructura- en esta polémica, nos parece digno de destacar algunos aspectos que emergen de la misma y creemos tienen importancia  para el futuro que se nos avecina. En primer lugar es preciso señalar que valoramos que se esté discutiendo sobre infraestructura. Hoy aparece normal este intercambio de opiniones, ausente en la campaña del 2013, donde todavía existía una cierta percepción de que todo lo que había que hacer, ya estaba hecho hasta el 2010.

En segundo lugar, es evidente que la continuidad en la ejecución de proyectos iniciados por un gobierno, desarrollados por el que sigue e inaugurados por un tercero,  es una consecuencia inevitable de períodos cortos. En este sentido, más que reivindicar la autoría de una u otra iniciativa, lo importante sería valorar la continuidad como una señal de convergencia en políticas públicas que adquieren el carácter de políticas de Estado cuando son debidamente conceptualizadas y suficientemente consensuadas, como ha sido la tónica en este sector en los últimos 10 años, al menos en algunos aspectos.  Lo dramático sería que, a estas alturas,  un cambio de gobierno significara discontinuidad en algunas iniciativas, algunas de las cuales han  representado un alto costo para el país. Fue el caso del Puente del Chacao en el 2006, cuyo inicio de obra ya se perfila próximo, y las concesiones hospitalarias en el 2014, las que luego de la inauguración del Hospital de Antofagasta se han reposicionado como una alternativa eficiente y económicamente atractiva para el Estado.

Esta polémica, motivada por las propuestas del expresidente  Piñera, ha activado a las otras candidaturas incumbentes a explicitar lo que se proponen hacer en este sector en caso de ser elegidos. Es así como desde el comando del senador Guillier se ha anunciado un plan de inversiones en infraestructura de, aproximadamente, US$ 21 mil millones para los cuatro años de gobierno, en tanto la senadora Goic ha informado una mayor inversión en infraestructura de salud, reponiendo la idea de las concesiones hospitalarias, así como una profundización del sistema de concesiones en general para alcanzar una inversión en el sector de hasta el 5% del PIB, al cabo de un período.

Es evidente que la infraestructura debe ser considerada como uno de los pilares de nuestro desarrollo. Es a través de ella que se logra un mayor nivel de bienestar de los habitantes del país y se incrementa nuestra capacidad productiva al habilitar nuevos territorios, hacer más eficientes las comunicaciones nacionales e internacionales, mejorar en mucho nuestra capacidad de exportación y de prestación de servicios de diferente naturaleza.

El hecho que hoy sea un tema relevante en la discusión política no es sino el reconocimiento compartido del rol que esta juega para un buen funcionamiento de nuestro sistema económico y, sobre eso, debemos ser capaces de construir propuestas que nos habiliten para enfrentar los próximo 20 años en forma continua, independientemente de los ciclos políticos a los que inevitablemente nos veremos enfrentados. Este ha sido nuestro discurso como Consejo de Política de infraestructura y los seguiremos sosteniendo.

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