El régimen chavista se desquicia




La brutal represión en las recientes marchas ciudadanas en Venezuela, confirma que la dictadura se lanzó contra sus ciudadanos.

El saldo de las movilizaciones del último mes, arroja hasta el momento 29 personas fallecidas –entre ellas, un discapacitado- en enfrentamientos campales entre antichavistas, la policía y milicianos (civiles armados por el gobierno).

El hecho pone nuevamente a Venezuela en la agenda política internacional y preocupa a distintos gobiernos, entre ellos once países de América Latina, cuyos presidentes han reclamado a Nicolás Maduro que  respete el derecho a protestar de manera pacífica. A su vez, la Organización de Estados Americanos (OEA), recordó el llamado hecho por el Secretario General de la organización, Luis Almagro, a los países miembros del organismo a quienes exhortó a "encaminar acciones específicas con resultados concretos para lograr el retorno a la democracia". En el informe presentado por Almagro sobre la crisis en Venezuela, se indica que "el escenario ideal es una solución democrática. Elecciones generales completas a la mayor brevedad, que sean libres, justas y transparentes; elecciones que se ajusten a todos los estándares internacionales y, por lo tanto, incluyan la presencia de observadores internacionales que cumplan con todas las normas internacionales de observación de comicios electorales".

La respuesta de Maduro fue la calificación de Luis Almagro como un "conocido enemigo de Venezuela". Además significó un portazo en la nariz tanto a estas peticiones como a las vías democráticas de las que dispone para solucionar un conflicto cuyo espiral de violencia, caos e incertidumbre se incrementa con el paso de los días.

Medidas como la activación del Plan Zamora, un programa cívico-militar para detener un supuesto golpe de Estado orquestado por EE.UU, la usurpación de los poderes de la Asamblea Nacional por parte del Poder Legislativo, el apagón informativo desde el 7 de abril –que a estas alturas ya es parte de la "normalidad"- y el desabastecimiento de alimentos y medicinas, no hace más que seguir golpeando un pueblo aturdido y sumido en la desesperación. Cifras recientes de Human Rights Watch lo corroboran, indicando  que hasta el momento el número de desplazados por el conflicto asciende a 12.000 venezolanos, quienes han huido principalmente a Brasil.

La democracia malherida de un país otrora envidiado, demuestra la altivez de un gobierno irresponsable y terco que insiste en aferrarse al timón del poder, aun cuando los resultados de sus políticas públicas han sido desastrosos en el más amplio sentido de la palabra, aunque la vida cotidiana esté llena de escenarios dignos de una guerra civil,  con un pueblo que padece hambre, pobreza generalizada y falta de medicamentos.

La actual crisis está alcanzando una nueva dimensión. El descalabro institucional y el constante pisoteo a los derechos fundamentales se vuelven insostenibles. De la mano de Nicolás Maduro, Venezuela ha llegado a la locura, a una crisis multidimensional, que en cualquier momento puede provocar el colapso social.

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