Saltando la última valla




El debate presidencial de Anatel es la última valla antes de la elección, y marca también la última oportunidad para las sorpresas o cambios en la recta final de la campaña. La forma y estrategia que cada candidato elige para saltar esta valla, refleja bien cuál es su verdadera posición en la competencia y quienes son también sus rivales directos.

Sebastián Piñera, si bien fue interpelado por los otros candidatos, estuvo lejos de ser el blanco principal de los ataques, que esta vez recayeron en el senador Guillier. Frente a esto el candidato de ChileVamos se vio aliviado y se concentró en mantener su tono presidencial, evitando el contacto con los otros candidatos.

En su primera intervención Marco Enríquez Ominami, descolocó al candidato oficialista con una acusación directa de que un miembro de su comando, el diputado Meza había amenazado al vida del candidato del PRO. Luego explico que esto había ocurrido en un chat de whatsapp y en tono de una alegoría que de peligro real no tenía nada, salvo el mal gusto.  Guillier demostró, una vez más, que cuando lo sacan de libreto se inmoviliza, demora mucho sus decisiones, no sabe cómo reaccionar y siempre elige seguir de largo. Se le veía incomodo con las preguntas y su discurso de unidad no fue correspondido por ningún de los otros candidatos, que en turnos siempre dirigieron sus críticas hacia él.

Alejandro Guillier no buscó tomar protagonismo en el debate, pensando quizás en la segunda vuelta, donde tendrá que incorporar no solo a los otros candidatos sino también a sus programas en un esfuerzo por generar un ambiente más competitivo. Pero esa misma decisión lo trasforma en víctima de quienes solo piensan en la primera vuelta que presiona a los candidatos a marcar con fuerza sus diferencias. Carolina Goic no perdió oportunidad de hacerlo, tomando distancia tanto de las posturas del senador como incluso de las del actual gobierno de la Nueva Mayoría. Frases como "la gente no quiere más de lo mismo", o que "el exceso de ideologismo había impedido la construcción de hospitales" deben haber causado un daño importante sin duda en la relación del Gobierno y la Democracia Cristiana.

José Antonio Kast fiel a su estilo, uso y abuso de la provocación y la frontalidad, haciendo de lo políticamente incorrecto su sello. Dice lo que piensa sin filtro, y eso en una política como la nuestra  llena de eufemismos se ha trasformado en virtud. Sus nichos electorales los conoce bien, y maneja la confrontación con la izquierda como un elemento clave de su posicionamiento, estimulando siempre la intensidad de quienes lo prefieren.

Marco Enríquez Ominami marcó los ritmos del debate, sus interpelaciones e intervenciones nunca dejan indiferente, siempre hacen daño. Se nota su oficio y experiencia además una capacidad comunicacional que le permite conectar directamente con sus electores. Todo en Marco es estudiado y estratégico, su único objetivo posicionarse como la alternativa real de la izquierda a Sebastián Piñera en esta elección, y proyectarse como líder de la oposición en una eventual rearticulación de la centroizquierda.

Beatriz Sanchez, se ve sola. Ya no está rodeada por los líderes del Frente Amplio, ni Boric ni Jackson siguen invirtiendo tiempo en su campaña y eso se nota. No ha logrado recuperarse del balde de agua fría que le significó la encuesta CEP. Haber quedado fuera de competencia por pasar a la segunda vuelta, perder la mitad de sus preferencias en 3 meses y el regreso de Marco Enríquez Ominami, le han imbuido en un círculo vicioso que a dos semanas de la elección se vuelve muy peligroso para su desempeño electoral.

El debate de Anatel, luego de dos horas y media, cambia poco la dinámica de elección. La forma en que cada uno de los candidatos enfrento el debate hizo más fácil que el impacto real en las preferencias fuera más bien marginal. La primera vuelta aparece como una realidad consolidada.

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