Una gobernabilidad transformadora




Alejandro Guillier puede ser el próximo Presidente de Chile. El "no a Piñera" podría bastar para ganar la elección pero no para gobernar Chile. Tampoco es suficiente definirse como simples continuadores de la obra del actual gobierno. El impulso reformador que le imprimió Michelle Bachelet es innegable y será su legado para la historia. Pero, en lo inmediato no hay que olvidar que las reformas son imperfectas y que su respaldo popular ha decaído. Es cierto, la gratuidad en la educación superior se transformó en consenso nacional. Urgido por sus necesidades electorales y contra todo lo que había dicho, Piñera transformó en casi unánime algo que era objeto de ácidas disputas. ¡Bien por Chile y gracias a la democracia y a las elecciones! Aquí ya no hay vuelta atrás.

Pero, otras dimensiones de la reforma educacional son controversiales, la reforma tributaria deberá perfeccionarse y la legislación laboral adecuarse para extender la negociación colectiva y responder a las transformaciones que genera la introducción masiva de la robótica y la inteligencia artificial. Asimismo, en el ámbito constitucional lo esencial está todavía por hacer. Por otra parte es imprescindible recuperar la inversión y sustentar sólidamente el crecimiento. Estamos en consecuencia frente a la necesidad de un nuevo proyecto y de una nueva mayoría que lo respalde.

Un triunfo electoral requiere de una mayoría social y política que lo proyecte. Una cuestión urgente será la generación de respaldo parlamentario en un Congreso más fragmentado que el actual. Para ello, la relación con el Frente Amplio será clave. Está descartado que entre al gobierno. Su identidad y proyección futura no son, por ahora, compatibles con una participación gubernamental que implica asumir responsabilidades, disciplina de coalición y reparto de cargos.

Pero, ¿por qué no pensar en un pacto de gobernabilidad para hacer avanzar un conjunto de grandes reformas? Así por ejemplo, en la Cámara de Diputados se podría estructurar una mayoría clara (83 sobre 155) haciendo converger a los representantes de la Fuerza de la Mayoría con los de la DC, Frente Amplio, Regionalistas, PRO e independientes.

No ser parte del gobierno no implica necesariamente constituirse en oposición. No tiene sentido definirse como tal a un Presidente al que se le pidió compromiso con reformas sustantivas para ser electo. De modo que si éste triunfa será porque una abrumadora mayoría del Frente Amplio votó por él. La actual experiencia portuguesa es interesante. Gobiernan los socialistas con el apoyo solo desde el Parlamento del Partido Comunista y del Bloque de Izquierda. Y las cosas han ido bien. Portugal va saliendo de su profunda crisis y retoma un crecimiento equitativo.

En Chile, el Frente Amplio no debiera condenarse a la suerte del Podemos en España que con su obcecación por darle un zarpazo al PSOE terminó por hacerle el juego a Rajoy y sufrir un fuerte castigo ciudadano. El gran desafío para el progresismo es la confluencia de la izquierda histórica con las fuerzas de los nuevos tiempos, cada una desde sus respectivas identidades.

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