Una oportunidad para la salud pública




La salud junto a la delincuencia y educación siguen siendo las principales preocupaciones de la población. Es importante recordar que más de tres cuartos de los chilenos interactúan, de una forma u otra, con el sistema estatal de prestadores de salud. Sin embargo, los indicadores de desempeño de este sector no son muy esperanzadores. El tiempo de espera para una atención hospitalaria alcanza en promedio a 170 días, mientras que en el sector privado no supera el mes.

Las familias más vulnerables son las que más sufren los problemas de falta de acceso y calidad en la salud. De hecho, de los más de 1,9 millones de prestaciones pendientes, 1,3 millones corresponden a personas que están inscritas en los tramos de más bajos ingresos en el Fonasa. Al mismo tiempo, hay cuestionamientos por parte de los pacientes respecto del trato que reciben de los funcionarios y una proporción creciente de los afiliados a Fonasa busca atenderse con prestadores privados, incrementando el gasto de bolsillo. Por cierto, también influye en ello las esperas para ser atendidos por especialistas.

Adicionalmente, hay una preocupación por el alza en la deuda hospitalaria, poniendo en duda el financiamiento y gestión de los prestadores estatales. A ellos se suma la rotación en los altos directivos, que hace muy difícil dirigir la red y los prestadores específicos con un horizonte de mediano y largo plazo. Si bien algunos de estos problemas reflejan escasez de recursos, el principal desafío es modificar la organización del sistema estatal de prestadores de salud con el fin de asegurar la mejor atención posible, indepediente de la disponibilidad presupuestaria.

Con todo, el próximo gobierno deberá poner foco en mejorar la satisfacción de los usuarios a través de la reducción en las listas y tiempos de espera y experiencia de los pacientes. En base a la implementación de buenas prácticas es posible incrementar la productividad de todo el sistema. Así, por ejemplo, existen iniciativas que permitirían aumentar el rendimiento de los pabellones de 3 a 4 veces, reducir los tiempos de espera en urgencia en un 40% y aumentar la capacidad de hospitalización de hasta un 20%.

Hospitales emblemáticos como Sótero del Río, Barros Luco y San Juan de Dios han venido trabajando en la implementación de un sistema moderno de gestión de camas y pabellones, categorización de pacientes en urgencia, un uso eficiente de los equipos de imagenología y hospitalización domiciliaria. Estas iniciativas han permitido reducir las listas de espera, gastando entre 40 y 50% menos de lo que se gasta con el sistema actual. Asimismo, se debe avanzar en la implementación de modelos de pago por desempeño para promover un aumento de la productidad de hospitales y médicos. Así, por ejemplo, se debería aumentar el presupuesto a hospitales que reduzcan las listas de espera.

Por último, es fundamental aprovechar una mayor complementariedad público-privado, en donde el Estado pueda comprar soluciones sanitarias en los diferentes niveles de complejidad usando un pago per-cápita. De esta manera, el concesionario atiende a una población que pertenece a una red de servicios de salud, y el Estado garantiza y controla la calidad de las atenciones.

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