¿El chancho o el que le da el afrecho?
SEÑOR DIRECTOR:
Nuestro sistema de evaluación de impacto ambiental es de alto estándar, transparente y sofisticado. Por lo mismo, toda discusión respecto a los permisos de inversión debiese partir reconociendo aquello. Sin embargo, lleva desde hace varios años mostrando síntomas de disfuncionalidad, con plazos de evaluación al alza y cada vez más espacios discrecionales en la toma de decisiones.
Es tentador pensar que la responsabilidad es del descriterio de funcionarios. De ser así, la solución sería simple: un nuevo y mejor elenco. Sin embargo, el problema es principalmente de incentivos, no de personas. Es el sistema el que no solo tolera, sino que incentiva solicitudes de información excesivas a los titulares de proyectos. Al darle a cada organismo el mismo peso en la evaluación ambiental, incluso a aquellos que evalúan riesgos muy remotos, es lógico que se generen iteraciones eternas. En ese sentido, en el famoso caso del Hospital del Cáncer, la autoridad preocupada de los arácnidos simplemente está haciendo su trabajo.
Hay veces que la culpa no es del chancho, sino del que le da el afrecho, de las reglas e incentivos, y no de quienes actúan en base a ellos. Si de mera gestión se tratara, de poner a las personas más preparadas, la ciudadanía habría optado por la continuidad del “piñerismo”. La elección del Presidente Kast da cuenta de una intuición distinta del votante, de una necesidad de cambios más profundos y costosos políticamente. En este caso, esos cambios deben ser a los incentivos del sistema, verdaderos causantes de los malos indicadores. Inclinarse únicamente por despidos y medidas de gestión, difícilmente permitirá resolver los problemas de fondo.
José Antonio Valenzuela
Director de Incidencia de Pivotes
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