El desafío de la Dirección del Trabajo
SEÑOR DIRECTOR:
El Presidente Kast acertó en su diagnóstico: la fiscalización de la Dirección del Trabajo debe volver a enfocarse en lo que realmente importa (como la seguridad y el pago de cotizaciones). Así, debe abandonar la verificación meramente formal de protocolos, tónica de los últimos cuatro años, que asfixia a las pymes y no conversa con lo que afecta a los trabajadores.
Quienes ejercemos el derecho laboral lo vemos a diario. La DT se ha convertido en un legislador paralelo, emitiendo dictámenes que desarrollan una labor mucho más allá de la interpretación. El problema de esto es que se producen cada vez más multas por formalidades que no están en la ley, que terminan judicializándose y recargando aún más los ya colapsados tribunales laborales.
En este sentido, el nombramiento de David Oddó —una de las “balas de plata” de esta administración— es una buena señal. Sin embargo, su éxito no dependerá solo de lograr una fiscalización más razonable, sino de su capacidad de autolimitar el poder interpretativo de la DT. La certeza jurídica no puede estar a merced del buen criterio del Director del Trabajo de turno. Hacen falta reglas claras, y no lo que hemos visto últimamente: una burocracia que no protege realmente a los trabajadores, criterios que cambian cada cuatro años, y una DT que actúa fuera de sus atribuciones.
José Fernández Bartholin
Abogado
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