El nuevo vecino del Paseo Bulnes
SEÑOR DIRECTOR:
José Antonio Kast vivirá en el Palacio de La Moneda, algo que no ocurría desde Carlos Ibáñez. Este gesto reactiva una carga simbólica profunda: fue Manuel Bulnes quien, en el siglo XIX, instaló allí la residencia presidencial, dando origen al eje cívico que hoy lleva su nombre. Que un mandatario vuelva a dormir en La Moneda reabre, así, una vieja pregunta urbana y política: ¿se terminará alguna vez de construir el espacio cívico de la nación?
El Paseo Bulnes es una obra históricamente inconclusa. Al menos 7 distintos proyectos buscaron completar este corredor monumental, pero todos quedaron truncados por crisis, cambios de gobierno o falta de continuidad. Esa inconclusión es simbólica y expresa también la fragilidad de los acuerdos políticos que debían sostenerlo.
La Moneda, en el extremo norte, concentra con claridad el poder presidencial. El extremo sur del espacio cívico, en cambio, permanece diluido, sin el contrapeso ciudadano que imaginaron los planes originales ni sus proyectos posteriores. Nunca se consolidó allí una institucionalidad equivalente que equilibrara el eje. En el espacio, como en la política chilena, el presidencialismo sí se construyó; su contrapeso, no.
Por eso, que el Presidente vuelva a habitar La Moneda refuerza el polo del poder, pero no resuelve la deuda urbana e histórica del Paseo Bulnes. Mientras no se concluya, seguirá siendo un registro de una democracia en proceso, pero no consolidada. Seguirá siendo un espacio elocuente: con edificios bellos y sólidos, junto a vacíos ensordecedores.
Francisco Vergara
Director Centro Producción del Espacio, Universidad de Las Américas
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