Cartas al Director

Los extranjeros y la ciencia

Científicos desarrollan un examen de sangre que promete detectar múltiples tipos de cáncer y dónde se originaron. Foto: referencial.

SEÑOR DIRECTOR:

Junto con el debate sobre el rol y financiamiento de las humanidades y ciencias sociales, las críticas a las áreas prioritarias o las discusiones sobre qué es ciencia y tecnología, existe un aspecto crítico que no se ha ponderado adecuadamente: la exclusión de investigadoras e investigadores extranjeros sin residencia definitiva en el concurso de Postdoctorado ANID.

Esta medida atenta contra la dinámica de la circulación científica internacional, que se remonta prácticamente a la creación de la universidad en Occidente y a nuestra propia historia republicana de Chile, que sería incomprensible sin las contribuciones de Bello, Gay, Rugendas, Domeyko, Graham, Frank, Philippi, Lipschütz, Balmes, Bru o Castedo, entre muchos otros. Sin estos hombres y mujeres de la ciencia, el arte y las letras, nuestra conciencia histórica, científica y cultural sería, sin duda, mucho más pobre y miope.

Definir como algo negativo el que los investigadores extranjeros que vienen a realizar su postdoctorado en Chile dejen el país tras finalizar su proyecto, como han señalado las autoridades del sector, evidencia una profunda incomprensión del quehacer académico y de la globalidad universitaria actual. Durante el periodo en que residen en nuestro país, estas personas construyen redes científicas y sociales, publican con adscripción a universidades chilenas, realizan docencia, dinamizan la economía local y, sobre todo, generan vínculos permanentes con nuestra comunidad científica. Gran parte de ellos además optan por radicarse definitivamente en el país. En tanto, quienes retornan suelen obtener financiamiento internacional e incorporar a académicos y estudiantes chilenos en sus proyectos de investigación. Esa es la verdadera circularidad del conocimiento, la misma que experimentamos con los becarios extranjeros que se forman en nuestras universidades.

Concebir la ciencia bajo un prisma puramente nacionalista destruye su ecosistema fundamental, erigido sobre la cooperación internacional. Como ocurre en los países con sistemas científicos altamente sofisticados, resulta indispensable atraer capital humano avanzado y permitir que la regularización migratoria se inicie una vez adjudicado el fondo, y no al revés.

“Los otros son nuestros verdaderos viajes”, sostenía Michel de Certeau. En los viajes de la ciencia, del conocimiento y de la curiosidad, prescindir de esos “otros” deja nuestro propio viaje lamentablemente incompleto.

Rafael Gaune

Instituto de Historia UC

Università di Padova

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