”Universidades enfermas”
SEÑOR DIRECTOR:
La columna del domingo de Pablo Ortúzar, titulada como esta carta, ofrece una denuncia categórica de hechos de violencia en espacios universitarios que, sin duda, deben ser condenados. Sin embargo, su diagnóstico sobre las facultades de Humanidades y Ciencias Sociales de las universidades chilenas resulta, a mi juicio, excesivamente amplio y carente de balance.
Preocupa la afirmación que sugiere la existencia extendida de aislamiento, acoso o persecución de ideas en espacios académicos como nuestra facultad. Es una imputación grave, pues sugiere prácticas que vulneran el ethos universitario. Aun concediendo la veracidad de los testimonios, la generalización que hace presenta limitaciones de validez. Como enseñamos a nuestros estudiantes, construir diagnósticos generales en base a registros espontáneos y sujetos a procesos de auto-selección, puede inducir conclusiones erróneas y poco representativas.
Comparto que las ciencias sociales chilenas pueden beneficiarse de mayor pluralismo ideológico y cognitivo. No obstante, en mi experiencia como director del Instituto de Sociología de la Universidad Católica, la caracterización de Ortúzar resulta incorrecta. En nuestro instituto y facultad, se cultiva un ambiente donde las ideas se evalúan por su mérito intelectual, con un fuerte énfasis en la enseñanza de investigación social rigurosa, teóricamente diversa y metodológicamente sofisticada. Generalizaciones como la de Ortúzar homogeneizan realidades heterogéneas y arriesgan dañar la reputación de comunidades académicas comprometidas con la excelencia.
La crítica a la violencia es indispensable, pero su simple extensión a un diagnóstico global sobre la “enfermedad” de todas las universidades requiere mayor cautela, precisión y sustento.
Matías Bargsted
Director Instituto de Sociología
P. Universidad Católica de Chile
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